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Conquista y adiestramiento

20 de Julio de 2024
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Conquista y adiestramiento

Dos términos cuyo uso, si bien no debería estar prohibido, sí que, bajo mi acostumbrado punto de vista, sería conveniente limitar al ámbito del sarcasmo, la burla y el humor negro. Y es que el segundo me resulta del todo incómodo al estómago y lo encuentro quizás demasiado socialmente asumido. Cuando hablamos, por ejemplo, de un perro adiestrado, olvidamos todas esas animalistas medidas de protección a la mascotancia que limitan y prohíben y castigan determinados comportamientos en beneficio de nuestro cuadrúpedo amigo. Porque, en este caso, adiestrar significa eso, conducir la conducta perruna, amoldarla, artificialmente, a la visión humana de las cosas, a la idea de lo «correcto» o «adecuado», dependiendo también de la rigidez y el ego de cada «dueño». La misma lógica basada en el hambre de control, sin más, que condujo a meter nada más y nada menos que un chip en el cuerpo de las mascotas (por su seguridad y la nuestra, ¡ja!), llevará algún día a recetar similar tratamiento a los humanos. Y quedará socialmente bien y hasta bonito y sano, pero, sobre todo: SEGURO.

La conquista viene a ser lo mismo: control, y se ampara en igual excusa: seguridad. Si ahondamos en el asunto, veremos que todos los verbos que mejor le sientan al palabro «seguridad» resultan ser primos hermanos de aquellos unidos habitualmente a «control». Más simple aún: el palabro «seguridad» es un mísero eufemismo por «control». Y aquí lo gracioso es que todo aspirante a controlar a los demás, invariablemente, no sabe controlarse a sí mismo. De igual manera, al que busca seguridad respecto a los demás, le suele faltar la suya propia en demasía, por eso precisa garantías antes de apostar por cualquiera. Una vez más, como siempre, nos topamos con el puñetero ego. ¿Por qué cruzar los Alpes en elefante, en pos de conquista, y suicidarte después, en cuanto te ves acorralado? Ego. ¿Por qué y pa-ra-qué adiestrar al perrito en maniobras de sentada y saludo y hasta rodaje croqueta? Porque, bajo el «mira qué gracioso», subyace el «aquí estoy yo, mando yo: mi ego» (podrían enseñarle, digo yo, a recoger su propia mierda). Alexa no es más que eso, una esclava a medida, una sumisa, obediente, alimentadora de acomplejados egos: Conquista y adiestramiento sin salir de casa. La evolución y el «progreso» al servicio de los más bajos anhelos de dominación. ¿Resultado? Enciende o apaga la tele y me llama a Fulanita cuando se lo exijo. ¿En serio? ¡Qué nivelazo!

Conquista y adiestramiento, y mucha, mucha obediencia al Régimen, al lugar común, a la moda, para que no te falte cobertura: conquistado y adiestrado, soñando con adiestrar y conquistar, controlar, poseer, inseguro, frente a una pantalla que no se deja adiestrar…

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