Acaba de fallecer en el Logroño de su exilio Doña Pilar Ruiz, madre de la víctima de ETA Joxeba Pagazaurtundúa y de Maite, hija ejemplar que sostiene memoria y compromiso.
Fue Doña Pilar mujer rendida a la causa de los suyos, los humildes, con quienes padeció la suerte a la que le condenaba una patria vendida a pocos y poderosos intereses. Formaba para ello piña con ese partido que durante un siglo había representado la voz de los explotados, me estoy refiriendo al PSOE, hoy tristemente perdido en la niebla de su propia supervivencia al margen de principios, contradicción insalvable que ha terminado en el doble despropósito de su extravío. Tener a los herederos de ETA como socios preferentes en el interior y estar dispuesto a mandar a la guerra a sus militantes y amigos en defensa de una junta nazi donde está prohibido el partido socialista.
Pues Doña Pilar, sin otro doctorado, sino su buen juicio y su dolor de madre con hijo asesinado por los suyos, supo hacer de esa abominación doctrina y espetó a uno de los verdugos. “Harás cosas que nos helarán la sangre”. Era la voz de una Casandra escuchada por muchos, aunque no por quienes hubieran de haber sido sus valedores. Ella, simple madre rota de dolor, sabía más de ciencia política que el partido traidor que había abandonado no solo a ella sino a todos los que, como ella, fiaron en sus estrategias. Pues Doña Pilar convirtió el llanto en brújula moral. Sus palabras siguen y seguirán resonando en la conciencia de todos como el aldabonazo de decencia que son. Ni mueren, ni han muerto, ni pueden morir. Son la invitación al perpetuo compromiso con la verdad que ella mantuvo hasta que terminó por ceder a una muerte misericordiosa. Fue en ese sentido la madre de todas las víctimas y también de todos nosotros, los que con ella nos recogimos ante cadáveres ejemplares, vidas rotas por el fanatismo y la cobardía de los socialmente excelentes, cómplices y beneficiarios de la sangre de los justos. Frente a la aparente victoria de sus enemigos, la voz de esa "Madre Coraje" sigue resonando, como un sudario de eternidad que la ampara y protege. Y no me parece casual que haya tenido que irse de este mundo en el momento en el que el asesino de su hijo empieza a disfrutar de permisos penitenciarios. Cúmplase así hasta el amargo final de sus heces el cáliz que nunca la abandonó y que hijos y amigos tratamos de hacer más llevadero.
Goian Bego, Pilar. Eterna sea tu memoria y la de tu hijo Joxeba caído por la libertad de todos. Y a tu familia, toda ella, incluidos nietos y biznietos, un entrañable y cálido abrazo de tu casi hijo Jose.