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En Hardly Working, la luz de la luna brilla sobre la sociedad de clases

13 de Marzo de 2025
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En Hardly Working, la luz de la luna brilla sobre la sociedad de clases

Los autores de Hardly Working (Total Refusal, 2022) cambian las reglas del juego: los protagonistas de este documental son sujetos en 3D. Son personajes no jugables (NPC por sus siglas en inglés), extras anónimos de los videojuegos que deambulan sin protagonismo y que repiten una y otra vez las mismas acciones. Merecen la atención de aquellos que conocen el valor de lo marginal. Sitúan su cámara imaginaria en un plano cenital, donde una lavandera lava mecánicamente la ropa bajo la lluvia. El aguacero no la detiene. Su piel parece impermeable. “¿Sueña con lo que puede llegar a ser? ¿Se empeña tanto en su trabajo porque cree que se emancipará?”. Por la noche, vaga por los barrios donde proliferan delincuentes y desamparados, hasta que encuentra a un borracho. Se detiene junto a él y ambos observan la lluvia. Son desconocidos sin ningún tipo de conexión…”no hay intimidad, ni forman ninguna comunidad”.  

Otra secundaria es barrendera. Con la faz agotada, pasa el cepillo sin descanso en el umbral de una casa. “En ocasiones, desaparece su escoba. Entonces, se queda sola, bajo el porche, sin su herramienta productiva”.

Está condenada a la inactividad, sin nada que hacer. Pasa las noches insomne en ese umbral, recostada bajo la luz de una luna “que brilla en la noche sobre la sociedad de clases”.

Un carpintero remacha los mismos clavos una y otra vez. Al anochecer, tras una larga jornada de trabajo, fuma el mismo cigarro, mientras su mirada se pierde en el vacío. Por unos instantes nos observa, aunque no interpela al espectador, su rostro es un dibujo de cicatrices que muestran una soledad irremediable.  

Otro no-personaje es el mozo de cuadra. Parece demacrado por la resaca. Corta leña de un solo golpe, a pesar de su aturdimiento. Luego rellena una y otra vez el abrevadero sin que este rebose.  Por la noche, se refugia en el bar, bebe un par de tragos y se retira borracho y perdido en busca de su casa “hasta que el sol ahuyenta a la luna”. Así, este personaje no jugable se detiene sin saber qué hacer. ¿Será sancionado por esta inactividad? En el sistema, el tiempo es de quien lo compra. Para el empleador, este personaje es un vago. “Roba el tiempo por el que se le paga. Los auto denominados seudo marxistas de Total Refusal desnudan la mentira a través del flagelo, en una mezcla de ironía y desaliento:

“Como en el capitalismo, la meta no es satisfacer las necesidades, sino acumular dinero. No hay opciones para detener el trabajo repetitivo. Es difícil imaginar un mundo sin progreso. La fe en la abundancia es necesaria para que todo siga… ese futuro es un activo que ya ha sido vendido. Una promesa frágil que esconde un mecanismo sumamente corrupto. Un mundo atrapado en el presente-futuro”.

La producción exige el consumo; es una vieja historia. Tanto como la creencia en una emancipación ilusoria; ¿Desean los personajes no jugables controlar su tiempo?

Los automatismos son la proyección de un anhelo irremediable. El trabajo, una ocupación asociada al placer del sentirte útil. El medio exige el sacrificio de sus consumidores, apostados en las filas de los comercios digitales que ofrecen anhelos inalcanzables.

Estos personajes sacrifican su vida para prolongar el juego indolente. Saben que el tiempo está tasado y que no es posible permanecer inactivos. No esperan nada de sí mismos; pero tampoco ninguna promesa política. Algunos desaprensivos los han dibujado así. Es dudoso que el carpintero experimente algún tipo de placer mientras fuma durante el crepúsculo. 

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