Nunca antes se publicaban tantos artículos de opinión, en prensa y en redes sociales como ahora. No hay día que no aparezcan opiniones, criticas y comentarios sobre su pasado más reciente y, justo es reconocerlo, a causa de su situación actual. La comunidad valenciana está sumida en un caos, no se ha superado de los efectos de la DANA y ahora se ha encontrado con un, llamémosle “referéndum sobre la lengua”, en aras de crear un conflicto que no existía.
La Generalitat Valenciana tardó dos días en publicar los resultados de lo que llamaron encuesta sobre la lengua base de la enseñanza, una chapuza política y pedagógica con la que pretendían arrinconar a la escuela pública en lengua valenciana. Desde que publicaron los resultados (y que todo el mundo pudo comprobar que eran exactamente contrarios a las previsiones del gobierno valenciano, que esperaba un apoyo ampliamente mayoritario en la escuela monolingüe en castellano y se encontró la fotografía inversa a ésta), los gobernantes valencianos han quedado mudos. Concretamente el conseller de Educación José Antonio Rovira, promotor de la encuesta y autor político (en este caso, el sintagma "autor intelectual" sería un oxímoron) de la ley de libertad educativa o ley Rovira, habitualmente tan locuaz cuando se trata de denigrar a las entidades defensoras de la lengua y de la escuela pública, no ha vuelto a decir ni mu.
Por su parte el todavía presidente de la Generalitat, Carlos Mazón, se limitó a colgar el pasado viernes un vídeo en las redes en las que tenía el cinismo de decir que no era un enfrentamiento, no ganaba una lengua u otra, la victoria es la libertad educativa. Enfrentar a la sociedad valenciana a cuenta de la lengua es justo lo que ha hecho este gobierno desde el primer día de su mandato. Incluso, como se ha señalado, la campaña informativa sobre la encuesta la tuvieron que hacer estas mismas entidades que Rovira menosprecia (cuando deberían ser sus interlocutoras: Escola Valenciana, Acció Cultural del País Valencià, asociaciones de padres y madres, sindicatos docentes), ya que la Generalitat parecía querer llevarla en un secreto.
Un gobierno este, que hace semanas que se encuentra en una situación de debilidad a causa no sólo de la horrorosa gestión de la DANA del 29 de octubre, sino también -y quizás, sobre todo- por el comportamiento posterior del presidente Mazón, que no hace falta que volvamos a repasar porque es de una indignidad pública y notoria. El fracaso de la consulta a las familias sobre la lengua de la enseñanza hace que el Ejecutivo haya recibido una fuerte descalificación por parte de la sociedad valenciana. La aritmética electoral les permitió formar gobierno, pero sus iniciativas y su forma de entender el ejercicio del poder, de forma intemperante, arbitraria e infantil, merecen el rechazo de la ciudadanía.
Al clamor de Mazón dimisión, que ya ha sido el argumento de cinco manifestaciones masivas, se ha añadido el de Rovira dimisión. Mazón se encuentra bajo investigación judicial por sus mentiras sobre el 29 de octubre. El Partido Popular se limita a evitar pronunciarse sobre la cadena de despropósitos de su gobierno en un sitio clave como es la Comunidad Valenciana. Un naufragio que confirma lo que ya se sabía: los gobiernos de extrema derecha pueden parecer desafiantes, pero sobre todo son inoperantes, vagos, corruptos y profundamente dañinos para el interés general de la ciudadanía.