Foto del perfil del redactor de Diario16 David Márquez.

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02 de Febrero de 2025
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La nueva ne-ce-si-dad, imprescindible, de la masa burra internacional, es, quién lo diría: ¡Viajar! O, más bien, coleccionar fotos, autorretratos (selfies en lenguaje idiota) banderitas para añadir al currículo posturero: «estuvimos aquí, allí, allá. Vimos las catacumbas, la capilla tal, el palacio cual, aquel supermercado y la escalera de marras donde, por decreto, has de montarte una performance más sesión de autorretratos. Y nos gastamos una pasta y no le soltamos un puñetero céntimo al violinista ni mucho menos al perroflautista callejero. ¿Qué te parece?».

Y en el siguiente capítulo, ya de vuelta a sus vidas, a sus empleos, rutinas, miserias y glorias, presumen de flamante banderita y, con suerte, recitan la retahíla del guía de marras, así, a lo papagayo, y poco más. Atrás, olvidada, ignorada, queda toda la basura, todo el consumo, todos los residuos generados a su trote por la troupe de viajeros «ecoconcienciados». Mañana otro nuevo autorretrato ya en el campo base de la rutina diaria, quizás otra cena fuera, más un estrenado (promesa de viaje) hobby sano, tal que yoga, Gestalt, fitness, Pilates, algo guay que les saque de los malos hábitos cerveceros (de los cuales se dieron atracón en su recorrido por las catacumbas), y todo el paquete de «lo que hay que hacer» y «lo que se hace normalmente» en este o aquel caso, bien asumido, pero ni un mísero céntimo para el violinista callejero, ni una visita a moamoá, que espera en la macrorresidencia, otro día, frente a una pantalla. No dejes un asiento libre para el viejo o el tullido. Jamás. A toda hora el mío, lo mío, a mí, para mí, yo y yo grabando un video que arrasará en las redes y el YouTube de la leche. “Aquí estamos”, aseguran, “explorando el área de tal”, como si la discoteca, el restaurante chino, hindú, español que asaltan, ofreciese algo insólito, inigualable, puro y autóctono de ese lugar concreto. En absoluto. El ocio, el entretenimiento, las vistas, son exactamente calcadas, con ligerísimas variaciones de lo que podemos encontrar en cualquier ciudad de este planeta copiopegado millones de veces por alguien de ideas fijas, de gustos basados en lo que su “contenido” exige para vender. “Un destino que no te puedes perder en 2025”. ¿Otro?

Felicítate si tu pueblo no aparece en las guías de viajes más de moda, si vives en esa España o Siberia vaciada, aislada, porque te libras de toda esa avalancha de “visitantes” fotomaníacos que ni saben dónde se encuentran ni el terreno que pisan. No son más que víctimas de otra moda, de otra ne-ce-si-dad enfocada, como todas las de última hornada, a engordar la enfermiza montaña de contenidos que ya rebosa de la red, con los data center al límite, recurriendo a la energía nuclear (cierto, infórmate), y los políticos prostituyendo sus repúblicas bananeras a favor de los tecnomercachifles.

Antes decían que «viajar abre tu mente» y hasta «te hace mejor persona». No sé cómo, en caso de ser un mierda, puede el viajar de esta forma engrandecerte. Yo transito las zonas turísticas: ciudad vieja, estaciones, cercanías conectados con aeropuertos, playas y centros históricos, y puentes milenarios, y observo y anoto, y solo distingo prisa, carreras por ocupar un asiento, una plaza en la cola, un centímetro de barra, desfile marcial de obedientes excursionistas fotomaníacos, gente de todas las partes del mundo, incluyendo aquellas latitudes que en el mismo instante visita la gente de la nuestra (locura total) y mucho autorretrato, demasiada foto y más fotos y las fotos como base imprescindible de toda la acción en sí: la vida, al otro lado del mundo, a través de una pantalla; quizir, al fin y al cabo: LA MISMA FOTO.

 

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