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Otro gin tonic, por favor

21 de Marzo de 2025
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gin tonic

Mientras el mundo se transforma en un inmenso tablero de ajedrez y otros juegan al Monopoly comprando, vendiendo y haciendo negocios a su antojo, la población vive ajena a todo este juego, ajena no por desconocimiento, sino porque nadie la ha invitado a jugar, excepto el día de las elecciones claro, el día en el que los países democráticos eligen a sus representantes. Ese día los ciudadanos son piezas clave, parecen hasta importantes para los políticos cuando la realidad es que, una vez estos toman posesión de sus cargos y se instalan en sus despachos, las personas ya no cuentan. Los poderosos vuelan alto y dejan la tierra lejos, esa que se reparten y contaminan a partes iguales. Y el planeta se queja, los océanos son estercoleros en los que el plástico se acumula sin control para alimento de los peces y grandes mamíferos, algunos de los cuales pierden el sentido por el exceso de ruido y aparecen desorientados en las playas para susto de bañistas. Pero el susto es mío al ver la prensa diaria.

Decía, que mientras que unos se reparten el mundo, movidos por intereses comerciales y afán de conquista y poder, otros hablan de la vida y sus circunstancias personales como las zancadillas recibidas en el trabajo, las medallas que todo jefe mediocre quiere colgarse del cuello o de los despidos realizados por obra y gracia de superiores pusilánimes y henchidos de falso ego.

Y la realidad, porque esto que voy a relatar es real, es que un día y otro también hay ciudadanos de a pie, normales, como yo, que quedan con un amigo que está en un momento delicado, pero no por las guerras ni los aranceles, sino porque, a veces, la vida pesa y duele. Hay heridas abiertas que no dejan de sangrar. Problemas físicos que quitan el ánimo a la cabeza más talentosa y brillante. Las conversaciones entre ellos derivan inevitablemente en lo mismo una y otra vez, y mis buenas palabras llenas de optimismo corren el riesgo de ser llevadas por el viento. Pero, no, no es así. Y, entonces, un camarero vestido de librea interrumpe el trascendental diálogo y sirve una bebida de intenso sabor cítrico. No me gustan los destilados por ser fuertes y nada saludables, pero la ginebra Malfy es diferente, mi mente vuela, mi espíritu se libera al encontrar un sabor que me lleva a sitios en los que he sido feliz. Por eso son bebidas llamadas espirituosas. Malfy fusiona limones italianos madurados al sol con cáscara de limón de la ciudad italiana de Amalfi, el Mediterráneo está presente en cada sorbo de esa bebida de fresco y sugerente sabor. Da igual que estés frente al mar o en un bar de diseño porque al final lo que importa es generar momentos bonitos. Y de eso solo es capaz el ser humano. Los buenos recuerdos son el alimento del alma, enriquecen y generan una positividad que se transmite, y permite reconfortar al que lo necesite, como es el caso. Ese día y el resto del año. Y que ese gran amigo, que es especial, sienta la calidez y el apoyo para superar un momento no demasiado bueno. Uno de tantos que todos podemos tener. Afortunadamente casi todo tiene solución, y si la compañía es la adecuada, mejor. A partir de ahí se podrán reescribir más historias bonitas porque el buen ambiente estás servido.

Esta historia de sufrimiento humano poco o nada tiene que ver con ese nuevo orden mundial, que como comentaba al inicio, se presenta ante nosotros nos interese más o menos. Los aranceles se ponen aquí y allá como medida de presión subiendo descaradamente el precio de muchos productos, los ciudadanos observan con cierto estupor cómo las relaciones comerciales se tensan y cómo los países siguen en guerra, parece que no hemos aprendido nada en todos estos siglos. La historia está plagada de fracasos y torpezas humanas, y seguimos igual.

Pero lejos de ser catastrofista, pienso que en las distancias cortas el ser humano es capaz de lo mejor, de tender la mano cuando es necesario, de salvar vidas, de crear belleza e innovar. La ciencia y la tecnología nos ayudan a vivir más y mejor, es cierto que algunos mandatarios con aires de grandeza quieren cambiar los países a su antojo, la historia dirá. Y mientras los todopoderosos juegan al Monopoly, los demás mortales seguiremos disfrutando y ayudando a los que queremos. La gente quiere estabilidad, vivir, querer y ser querido, ganarse la vida y tener salud. Tan difícil es esto de comprender…Los oligarcas tecnológicos sueñan con ir a Marte y controlar el mundo, los más imperialistas con invadir al vecino y los magnates con quedarse con los recursos naturales de los paraísos sin explotar. Y de paso seguir contaminando. Y el ciudadano medio, que bien puede ser un médico, abogado, empleado de banca, empresario, alto ejecutivo o administrativo lo que quiere es seguir cumpliendo sus sueños. Materializarlos, pero sin generar daños colaterales, no creo que esté siendo “buenista”, sinceramente pienso que el objetivo de una inmensa mayoría, entre los que me encuentro, es respetar y ser respetado, ser feliz y disfrutar de la vida, y seguir cumpliendo con nuestros compromisos. Y soñar, porque ese patrimonio intelectual y cultural no nos lo puede quitar nadie. Otro gin tonic por favor.

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