Política carroñera

Iria Salgado
06 de Noviembre de 2024
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Política carroñera

Podemos entender la imprevisibilidad de los fenómenos naturales, aunque empieza a ser difícil hacerlo cuando estamos en la era de las comunicaciones, las tecnologías avanzadas y la Inteligencia Artificial. A pesar del dolor que causan, podemos incluso comprender y asumir que su inmensa fuerza puede provocar pérdidas materiales y vidas humanas. Aceptamos, en cierta medida, nuestra vulnerabilidad ante la naturaleza.

Es incomprensible, sin embargo, que en un país como España, se tarden días en activar operativos de rescate y ayuda humanitaria oficial suficiente para asistir a miles de ciudadanos afectados por una DANA que ha devastado pueblos enteros en la Comunidad Valenciana y que también ha provocado destrozos y víctimas mortales en otras autonomías como Andalucía y Castilla La Mancha.

Es incomprensible y desconcertante que un Estado que moviliza rápidamente a su Ejército y equipos de rescate en respuesta a catástrofes en otras naciones no actúe con la misma urgencia en su propio territorio.

Es incomprensible y desgarrador que ante una DANA que ha dejado centenares de víctimas mortales, más de mil desaparecidos, cientos de personas atrapadas en sus hogares sin alimentos, sin agua, sin medicamentos…, con  edificaciones en riesgo de derrumbe y un inminente problema de Salud Pública, no haya habido una respuesta oficial rápida y coordinada durante horas y horas. Y no solo durante horas y horas, sino que hasta días y días después algunos municipios siguen sin recibir ayuda de organismos oficiales.

Es incomprensible y alarmante que la primera mano que se ha tendido sea la de ciudadanos individuales, quienes, de manera voluntaria y altruista, han tomado la iniciativa de desplazarse a los municipios afectados. Mareas de personas que rescatan cadáveres, llevan alimentos, agua, productos de higiene y medicinas a quienes lo han perdido todo; mareas de ciudadanos que abrazan, que animan, que dan consuelo y apoyo emocional a las víctimas, sin importarles o ser conscientes aún de que ellos pueden acabar siendo, también, víctimas de la catástrofe.

 ¿Cómo es posible que el olor a muerte y destrucción haya sido percibido primero por quienes deciden actuar como voluntarios y no por operativos oficiales? ¿Cómo es posible que días después de una catástrofe de tal magnitud haya municipios que siguen esperando asistencia de las administraciones públicas mientras que los voluntarios ya están allí en acción? Efectivamente hay vías de comunicación destruidas y colapsadas, pero España tiene un Ejército del Aire y Helicópteros de Salvamento supuestamente preparados para actuar de forma inminente ante catástrofes, ¿dónde estaban?, ¿dónde están?.

Miles de españoles han perdido no solo sus viviendas y pertenencias, sino también a familiares, amigos y su medio de vida. Además, de las secuelas psicológicas que enfrentarán, probablemente durante toda su vida, y las cuales vivirán muchos de los voluntarios.  Es, por tanto, incomprensible que, en un país como el nuestro, ante un panorama dantesco, la respuesta oficial esté siendo tan lenta, descoordinada e insuficiente. Pero la clave de toda esta situación no puede ser más clara, y se encuentra enmarcada en dos términos: la política y la gestión pública.

La política y la gestión pública son la discusión, la toma de decisiones y la puesta en marcha de acciones para organizar una sociedad mirando al presente y al futuro, sin perder de vista el pasado.  No se basan en ir cada uno a lo suyo, sino en ir todos a una, todos a pro del bienestar general y, especialmente, de los más vulnerables. Ejercer la política y la gestión pública, ante la mayor catástrofe natural de nuestro país, y ya que la previsión y la prevención han fallado, es poner en marcha de manera inmediata al Ejército, a equipos de rescate, de sanitarios, arquitectos, constructores, empresarios… para ayudar a las víctimas.

Estamos ante el mayor error que puede cometer un gobierno: la falta de auxilio a los ciudadanos en tiempo y forma. En la gestión de una catástrofe los errores son inevitables y comprensibles, pero es incomprensible la inacción de los responsables políticos. La política española, estos días más que nunca, está demostrando que solo sirve para lanzarse acusaciones entre líderes políticos careciendo de humanidad y empatía hacia sus conciudadanos. Su frialdad asusta. Hacer política no es desplazarse a los municipios afectados para hacer declaraciones ante los medios de comunicación con el fin de acusarse sobre quién tiene las competencias para actuar o si se ha pedido o no actuar, y más cuando en los garajes sigue habiendo víctimas mortales y en las calles gente exhausta, hambrienta y niños aterrorizados...  Y, aunque suene repetitivo, es momento de poner los recursos del país, e incluso de aceptar los internacionales, para rescatar a los muertos y ayudar a las víctimas a rehacer –en lo que se pueda- sus vidas… Eso sería hacer buena política, lo otro es política destructiva, o si me lo permite, política carroñera.

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