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Zelensky, de profesión, mariachi

03 de Marzo de 2025
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Zelensky, de profesión, mariachi.

Canta y no llores, le vino a decir Donald J. Trump al presidente ucraniano en la reunión que ambos mantuvieron ayer viernes 28 de febrero, en el Despacho Oval. La estupefacción del exactor (y exmandatario, aunque aún se resista a creerlo) se hizo visible en su semblante envejecido y curtido por tres años de guerra. Tampoco esperaba las contundentes perlas de sabiduría materialista que soltaba el vicepresidente, J.D. Vance, aunque se atreviera a refutarle con más desparpajo que a Trump. Conforme avanzaba la reunión, Volodymyr iba entendiendo que su rol en la guerra con Rusia no era ni relevante ni respetado, sino que venía a ser un mariachi a la eslava: ni siquiera un actor secundario de esos que, de vez en cuando, ganan algún Óscar por alguna interpretación sobreactuada, sino un figurante de usar y tirar, al que se le pagan sus servicios con un bocata de chorizo y una fanta, mientras se esfuerza fútilmente en dejar un recuerdo memorable durante sus cinco segundos de fama.

Zelensky ha sido –y es- un simple capataz hipertrofiado artificialmente para desgastar a Putin en una guerra de proxy dentro del contexto de una nueva Guerra Fría, que bien podría ser otro capítulo más de la que tuvo lugar entre 1947 y 1991. La administración Biden y sus asesores militares consideraron que, antes de encarar a China por la pugna de la hegemonía mundial, era condición sine qua non hacer caer al mandatario más longevo en el poder desde Leónid Breznev y, Dios mediante, balcanizar la Federación Rusa. Con esto en mente, enseñaron trapo al miura y éste embistió. Lo esperado tras muchos, muchísimos amagos, y tras el boicot decidido de Boris Johnson –agente activo de la Anglosfera- a las negociaciones de paz. El bloque OTAN ofreció dinero y armas a Zelensky, y éste les ofreció en sacrificio hasta el último de los ucranianos en una cruzada suicida destinada a que Europa y Rusia jamás puedan entenderse.

Volodymyr aceptó el trato creyendo que estaba escribiendo una página gloriosa en la breve historia de Ucrania. Se vio respaldado por sus primos mayores y empezó a verse a sí mismo como un presidente coraje, un paladín del antiimperialismo y el héroe más grande de la patria ucrania desde Stepan Bandera. Con esto quiero decir que Zelensky no ha sido un agente activo y consciente de determinados intereses espurios y ajenos a su causa, sino que –realmente- abrazó la misión con el idealismo y la inocencia de un adolescente del Frente de Estudiantes. Las consecuencias de confundir estadistas con faranduleros pueden llegar a ser demoledoras para los gobernados, como hemos podido comprobar.

“Usted está jugando con la vida de millones de personas. Usted está jugando con la Tercera Guerra Mundial”, le espetó un Trump cansado de su mesianismo pubescente. “Usted no está en posición de dictar nada”. “Sin la ayuda estadounidense, su guerra habría terminado en dos semanas”. La reunión no tiene desperdicio: es Historia Mundial que será estudiada en las universidades durante décadas y siglos. Es la expresión fehaciente de un cambio de paradigma geopolítico, en el que el hegemón en decadencia (EEUU) aspira a conservar su posición como una suerte de primus inter pares ante el auge de los Imperios aspirantes (Rusia y, en mucha mayor medida, China) respetando las esferas de influencia de cada uno de ellos en el contexto de un mundo que ya es multipolar, aún a pesar de las reticencias de los negacionistas.

Para esto último era necesario poner fin a un conflicto que, efectivamente, tiene todos los elementos necesarios para hacer estallar la Tercera Guerra Mundial. Aún a costa de la reconfiguración territorial de Ucrania. Aún a costa del empecinamiento belicista de los lobistas e idealistas, siendo los segundos más peligrosos que los primeros.

Aunque, a pesar de este aparente revés, el globalismo va a aprovechar la tesitura para alarmar a la población con falacias ad hitlerum sobre Putin y conseguir la aceptación generalizada para la implantación de un euroejército y de una política de exteriores y defensa común en la Unión Europea. Díganle adiós, definitivamente, a la soberanía militar. Se trata de un paso más hacia la construcción de los Estados Unidos de Europa y de la desaparición paulatina de los Estados-nación, que van a apoyar (guarden tuit) todos los partidos del arco parlamentario menos vOx. Mientras todo esto ocurre, nuestros también gobernantes-mariachi corearán la musiquilla de nuestros enemigos  jurados, con una sonrisa cínica y afiliada, mientras nos suben los impuestos por la “seguridad continental” frente a un ejército –el ruso- que es inoperante y tecnológicamente atrasado en los días pares, pero en los días impares es capaz de plantarse en Lisboa sin pestañear.

 

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