12 de Febrero de 2023
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dinero

Allá por el siglo de Oro, un poeta y cortesano llamado Francisco de Quevedo, aquejado de clarividencia, escribió aquello de: “Poderoso caballero es Don Dinero”, y hasta nuestros días tal aseveración no sólo sigue vigente sino que es más palpable cada vez. 

Nuestro planeta es un pastel delicioso donde los más avaros quieren comérselo entero sin dejar nada al resto, quieren comer hasta reventar (para alquilárselo después a los demás). Hay una minoría plutocrática invitada al banquete.

Esta minoría ambiciosa y adinerada es -salvando la distancia temporal- el Caballero del que hablaba nuestro poeta misógino y muy sarcástico en aquel siglo convulso y decadente, siglo rico en prestamistas y poderes a la sombra como ahora. 

El poderoso Caballero camina esbelto y pragmático, siendo adorado por sus secuaces y alargando sus brazos a todos los sectores de la sociedad que le son útiles, arramplando y organizando el cotarro. Y como algunos queremos ver más allá de las cámaras para tocar la bola mágica que descubre el futuro nos asomamos a la última edición de uno de los foros más emblemáticos de este poder: El WEF de Davos: “¿Qué se necesita para liderar el futuro?” se pregunta su presidente y fundador Klaus Schwab, y responde: “creo que tener una plataforma donde todas las partes interesadas de la sociedad global estén comprometidas”, o sea que para liderar o dirigir el futuro se necesita de una plataforma como la del Foro Económico Mundial, donde lo público y lo privado se fusiona al servicio de unos principios muy concretos, los que dicho poder ha decidido que son los idóneos. En ningún momento habló de Democracia o de participación ciudadana, relegando estos conceptos a un simple atrezzo necesario para la consecución de otros fines. 

Las garras del Caballero están bien distribuidas, todos sus divulgadores entrenados para la coreografía pero para que una minoría se imponga sobre una aplastante mayoría se necesita de la colaboración de esta mayoría y para ello hay que convencerlos. 

Es más fácil inocular a la sociedad poco a poco el pensamiento que tiene que pensar o incitarla a que actúe como quieren que lo haga que obligarla con presión. Para ello el dinero introducido en las organizaciones y agentes más diversos es vital.  Muchas veces el miedo ayuda a que este proceso se produzca, otras veces ni nos damos cuenta que estamos cambiando nuestro pensamiento por otro nuevo. Así de sofisticadamente trabaja la plutocracia.

Quien domina el lenguaje domina el mundo; para dominarlo se introducen nuevos términos. Uno de estos términos es Líderes Mundiales refiriéndose, entre otros, a los presidentes de una nación o al papa de Roma, pero es muy significativo este cambio porque dicha denominación lo que consigue es vaciar de contenido sus simbologías, en el caso de los presidentes los independiza de su carácter democrático y representativo, y en el caso del pontífice romano lo despoja del aura espiritual y de la representación divina que le otorga su religión colocándolos como simples actores a la cabeza de la sociedad (por un tiempo limitado). 

De igual manera podemos hablar de la implantación en la sociedad de otros conceptos nuevos como Élites Globales, Desinformación, Nueva Normalidad, Pandemia Global, Huella de Carbono, Guerra justa por la paz… y acogemos sus neologismos para expresar (¿o debería decir limitar?) nuestro mundo.

En Occidente, sede de la Democracia y la Libertad, orgullo de su población, resulta que si escarbamos profundo aparece, de facto, un régimen plutocrático revestido muy bien de una democracia representativa. Pero es solamente un revestimiento que esconde un poder enorme escondido bajo nuestra mirada. 

El poderoso Caballero camina.

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