El satélite sentencia a Mazón

El sistema GPS puede determinar dónde estaba el presidente de la Generalitat, y a qué hora, mientras los valencianos se ahogaban en la peor riada de la historia

26 de Febrero de 2025
Actualizado a las 15:26h
Guardar
Carlos Mazón con su gabinete de crisis el día de la dana.
Carlos Mazón con su gabinete de crisis el día de la dana.

El futuro político y personal de Carlos Mazón está en manos de un geolocalizador, y perdonen ustedes por el palabro. Se trata de un dispositivo o sistema que utiliza tecnologías de posicionamiento vía satélite como el GPS para determinar y rastrear la ubicación geográfica de un objeto, vehículo o persona en tiempo real. Solo ese aparatito fantástico puede, a día de hoy y en cuestión de segundos, determinar de una vez por todas dónde demonios se metió el honorable president durante la fatídica tarde del pasado 29 de octubre, cuando miles de valencianos estaban con el agua al cuello porque él no decretó la alerta roja. A lo largo de estos meses, el preboste del PP regional ha dado muchas y diferentes versiones sobre su paradero, una historia a cada cual más rocambolesca e increíble, de modo que ya solo ese prodigioso geolocalizador, oráculo posmoderno, puede decirnos la verdad sobre su paradero real.

Vivimos tiempos tecnologizados donde nadie puede escapar al poder del ojo orwelliano que todo lo ve y lo controla desde el espacio. Esos artilugios son capaces de detectar una cabra en medio del desierto, un yihadista tomándose un té en un bar de la Quinta Avenida, una aguja en un pajar. Y, cómo no, la ubicación de un político que se va de picos pardos en el peor momento, desertando de sus responsabilidades y abandonando a todo un pueblo a su suerte.

Quien pretenda escapar al poder de estas máquinas poderosísimas o es un insensato, o un necio, o todo ello a la vez. Hoy todo hijo de vecino está permanentemente vigilado, escudriñado, controlado al milímetro por el satélite, que sabe, minuto a minuto, cada paso que damos. El geolocalizador insertado en nuestro teléfono móvil es el grillete que esclaviza al hombre contemporáneo. Eso lo sabe Mazón, de ahí su nerviosismo de las últimas horas. Hasta la fecha ha mentido a la gente buena y honrada de Valencia, pero a partir de ahora tendrá que vérselas con la jueza de Catarroja –que le está echando valor y arrojo para desmontar bulos y llegar al fondo del asunto–, y también con el maldito GPS, el único que, además del propio president, sabe el terrible secreto sobre la clase de persona que es. 

En vista de que Mazón no suelta prenda, marea la perdiz y miente constantemente sobre aquella trágica tarde en la que murieron 227 personas, tendrá que ser el implacable geolocalizador quien ayude a la magistrada a dictar una sentencia justa, la que reclaman todos los valencianos. El geolocalizador nos los dirá todo sin tapujos, si se reunió con la patronal y los sindicatos a mediodía, si comió carne o pescado en El Ventorro, si sufrió un atasco en la autovía (como jura y perjura) o si se comunicó hasta 16 veces con su consellera Salomé, cuya cabeza le ha sido servida al jefe en bandeja de plata, como chivo expiatorio de su negligencia, en un episodio bíblico a la inversa.

Toda esa aventura desquiciada por ventas y vientos, toda esa triste odisea o infausta cronología de un hombre disfuncional que no le dice la verdad ni a su médico, está perfectamente grabada en el geolocalizador. Se acabó el tiempo de la mentira, se acabó el esperpento, el sainete y el vodevil. La caja negra lo sabe todo. Y Mazón sabe que lo sabe. Engañar a esa ultraprecisa máquina de la verdad le va a resultar complicado al preboste popular, un tipo relativista que con sus bolas a porrillo transgrede las leyes del espacio y del tiempo trazadas por Einstein.

Al paso que vamos, no sabemos si la ciencia de la robótica y la informática nos va a hacer más libres, pero desde luego promete acabar con los mentirosos. Corren malos tiempos para el adúltero que engaña a su mujer convenciéndola de que está en la oficina cuando se encuentra con su amante; para el ladrón que jura haber estado con su madre cuando en realidad desvalijaba la caja fuerte de un banco; y para el político que, en un trastorno grave de personalidad compulsiva, ya no puede dejar de mentir. Aznar y Acebes pasaron a la historia por las siniestras mentiras del 11M; Mazón, con sus embustes y falacias sobre la dana, en cascada y torrencialmente, va a dejar aquella teoría de la conspiración como un juego de niños. Cada Gobierno del PP nos cuesta doscientos muertos y doscientas mentiras.

Frente a las trolas de Mazón está la verdad judicial de Nuria Ruiz, jueza de Catarroja, y de un geolocalizador que revelará, por fin, cada paso (en falso) que dio el dirigente popular. Gracias a esa maravilla de la técnica, gran desgracia para los impostores, vamos a saber hasta el instante puntual en que Mazón se metió en los aseos de El Ventorro para hacerle una visita al señor Roca. El presidente creía que, con su habilidad innata para el enredo, para la patraña y el disfraz, podía escapar de la prensa, del martillo pilón del eficiente Joan Baldoví, de los cien mil manifestantes indignados que le hacen la visita semanal al Palau y de su cita con el juicio de la historia. Sin embargo, está el GPS, el chip, el maldito geolocalizador con el que no contaba y que puede hacer que todo su mecano de filfas se venga abajo y resplandezca la verdad.  

Esta jueza que tiene fama de metódica, de meticulosa y valiente, esta magistrada de las que ya no quedan que ha puesto los puntos sobre las íes, diciéndole al mentiroso que “los daños materiales no se pudieron evitar, pero las muertes sí”, poniendo el foco en la responsabilidad de la Generalitat y desmontando la teoría del bulo contra Pedro Sánchez y Teresa Ribera, es una bendición para la democracia en un tiempo de retóricas huecas, montajes trumpistas e ignominia. Mucho nos tememos que a esta magistrada no la va a poder engañar Mazón. Y mucho menos al prodigioso geolocalizador.

Lo + leído