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¿Qué es el fascismo?

José Miguel Ruiz Valls
José Miguel Ruiz Valls
Licenciado en derecho por la UNED. Cambió el oficio de abogado por el de escritor tras más de 20 años de práctica forense. Autor de los libros de ensayo "Todo Tiene Una Razón" y "Todo Al Revés”.
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análisis

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En tiempos de división y, por tanto, de enfrentamiento social, no es extraño que surjan personas deseosas de revertir la situación. ¿Y qué es lo que se opone a la división sino la unidad? Por tanto, tampoco es extraño que, si alguna de esas personas crea un movimiento político, lo quiera identificar con algún símbolo del pasado que respalde la idea de unidad (Máxime si hubo un pasado «glorioso»).

Benito Mussolini fue una de esas personas. Eligió los «fasces» como símbolo de su movimiento político, que ya fueron símbolo de unidad en la Antigua Roma -Los «fasces» eran una manojo de varas atadas que sujetaban un hacha y transmitían la idea de que el poder (Hacha) lo sustenta el pueblo (30 varas = 30 tribus) cuando está unido (Si se desata, las varas se desparraman y ya no pueden sujetar el hacha)-.

Mussolini pensó que los «fasces» podían evocar en Italia un pasado glorioso que fue posible gracias a la unión del pueblo romano. ¿Qué mejor publicidad para su causa? Su movimiento fue llamado «fascismo» por eso, por utilizar los «fasces» como símbolo; pero no fue, ni el único, ni el primero. Mucho antes los utilizó Garibaldi, considerado artífice de la unificación italiana y también fueron usados en las revoluciones de Latinoamérica y hasta en la Revolución Francesa (Aún hoy se pueden ver, en el emblema nacional francés, flanqueados por las palabras «Libertad, igualdad y fraternidad»).

En España, el general Franco copió la idea, y buscando un símbolo que pudiera aglutinar a todos los españoles, lo encontró en el salón del trono del Alcázar de Segovia, en donde cuelga un tapiz con el escudo de los Reyes Católicos (Los unificadores de España), que incluye el águila de San Juan. Franco lo adoptó, lógicamente, por entender que sería el símbolo que más podría unir e ilusionar a los españoles, evocando un pasado en el que España consiguió ser el país más grande, el más importante del mundo, gracias a la unidad.¿Quién podría estar en contra de la utilización de símbolos fascistas? Los demócratas no, pues ya hemos visto que también los utilizan (Incluso los estadounidenses, que se autonombraron «guardianes de la democracia en el mundo», adornaron con «fasces» la tribuna de su Congreso y la estatua de su unificador Abraham Lincoln, que exponen en el Lincoln Memorial de Washington). ¿Quienes serían pues los antifascistas? Solo podrían serlo aquellos que están en contra de la idea de unidad, y que también podemos llamar, por tanto, «separatistas»o «partidarios». Son «odiadores» que necesitan tener a alguien enfrente al que odiar. Ellos montaron un sistema de partidos, para partir y repartirse el país y sus paisanos, como si de una tarta se tratara. Desde entonces vivimos en constante guerra civil, incruenta pero no por ello menos desastrosa pues si en las guerras armadas el riesgo es morir por bala o metralla, en la guerras políticas el riesgo es morir de hambre.No es extraño que en tiempos de hambre y miseria provocados por el odio partidista, surjan personas como Alvise Pérez y creen movimientos políticos como «Se Acabó la Fiesta», con el propósito manifiesto de acabar con los partidos y recuperar la unidad. Los partidarios-separatistas lo llaman «fascista» y están haciendo todo lo que pueden para que fracase pero ¿Qué otra posibilidad tienen, si la unidad es, por definición, la ausencia de partidos?

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