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¡Qué guerra, ni qué guerra!

Santiago Aparicio
Santiago Aparicio
Doctor en Ciencias Políticas y Sociología. Contador de realidades. Guitarrista de rock en mis tiempos libres. Y cazador de doxósofos.
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análisis

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Al titular habría que haberle añadido algún tipo de insulto a la clase política que está alentando la batalla del fin de los tiempos (como seguramente la acaben catalogando). La ministra de Defensa, Margarita Robles, afirmó el domingo que «la amenaza de guerra es absoluta y la sociedad no es del todo consciente». A ello añadió que un misil balístico ruso podría impactar en España perfectamente. Y cada vez que la entrevistan habla, como Fernando Arrabal clamando por la llegada del milenarismo, de la tercera guerra mundial. Solo cabe responder con el titular: «¡Qué guerra, ni qué guerra!».

Primero. La sociedad española sabe lo que los medios distribuyen, con mucha manipulación, por cierto. Y saben que Vladimir Putin es un “tirano” que debe comer niños ucranianos para desayunar y que está tan loco que es capaz de lanzarse a una guerra con toda Europa. Ante esto cabe preguntar ¿por qué no lo ha hecho aún? Si tantas ganas tiene de una conflagración europea o mundial ¿qué se lo ha impedido o impide hasta ahora? No es muy lógico.

Segundo. La sociedad española sabe que Emmanuel Macron está decidido a mandar tropas francesas a la guerra de Ucrania y que Estados Unidos no lo tiene claro, más allá de poder vender armas a tutiplén a cualquiera de las potencias enfrentadas. Están al negocio y no a la guerra en sí, aunque el Partido Demócrata sea un vivero de halcones. En la Unión Europea tampoco hay acuerdo sobre el tema. Los países más cercanos afirman que igual no les apetece poner la cara para que se la partan y que a ver qué aliados encontraría Rusia en esa guerra que nadie puede afirmar que se ganaría sin duda.

Tercero. La sociedad española sabe lo que desde la clase política venden y dejan vender. Pero como tonta no es, seguro que no quiere ninguna guerra si al final un misil balístico nuclear puede impactar en Madrid —algunos igual hasta lo celebrarían para poder reconstruir luego, el negocio es el negocio—, sea enviado desde Rusia o desde Marruecos o cualquier otro país del Magreb. No es consciente del peligro porque ni Putin, ni ningún otro dirigente chiflado de ese lado ha dicho que quiera una guerra a nivel europeo. Quienes lo dicen son los presidentes y ministros de la guerra de este lado. Curiosamente quienes más alto lo proclaman son aquellos que tienen problemas en su propio territorio. Del tipo que sea. Por una grave situación económica, o por tener a la esposa implicada en un chanchullo nada claro. ¿Imaginan a Pedro Sánchez, que se hizo el héroe por un volcán en un pequeña isla canaria, autoproclamándose libertador de todas las Rusias? Para seis libros, escritos por otros, tiene.

Cuarto. Putin debería ser juzgado por crímenes de guerra y se deben denunciar todas las atrocidades que está cometiendo su ejército en Ucrania, como las que pueda cometer el ejército ucraniano con prisioneros de guerra (de esto nadie habla). Eso es evidente, pero las intenciones del sátrapa ruso eran hacerse con parte del territorio ucraniano, no con Ucrania entera y de ahí no le han movido. Cierto es que está llevando a cabo un proceso de rusificación de los territorios ocupados para justificar la anexión, pero también es cierto que los cientos de miles de millones enviados al gobierno ucraniano de poco han servido salvo contener al enemigo ¡¡¡donde este quería y quiere quedarse!!!

Quinto. La guerra es tan solo un recurso de unos gobiernos que no saben qué hacer, ni cómo. No solo respecto a la guerra sino a cualquier cosa en la vida. Tras probar durante la pandemia que las sociedades tragaban con el estado de excepción permanente —del que hablase profundamente Giorgio Agamben—, hacían lo que les dictaban, se creaba la policía del balcón…, ahora quieren meterlas en una guerra para persistir en esa excepción donde cualquier medida política acaba estando justificada. Nadie se plantea, como ha hecho el pontífice romano, algún tipo de armisticio antes de lanzarse en una guerra suicida y de consecuencias imprevisibles.

Sexto. Esto no es como la Alemania de Hitler donde estaba claro el enemigo y los aliados, ahora cualquier país puede asociarse a uno u otro bando por distintas consideraciones, en ocasiones más allá de la mera geopolítica. Es una guerra pensada, a saber en qué oscura habitación, no para detener al sátrapa ruso sino para resignificar toda Europa. Si la cuestión fuese solamente Rusia es tarde para intervenir con ejércitos. Es tanta la insistencia en estos momentos que huele a otro tipo de estrategia no militar precisamente. ¿Qué esconde este furor militar?

Séptimo. Apoyar al pueblo ucraniano es un deber cívico y moral. Eso no se discute. De ahí a entrar en guerra contra Rusia existe un gran paso que solamente los inconscientes podrían dar. El problema es que Europa está gobernada por bastantes inconscientes, con ínfulas de grandes líderes cuando no dejan de ser unos pelagatos sin visión, ni conocimientos. Esto no es la guerra de los Balcanes. Ni la toma de la isla de Perejil. Aquí, sea por Rusia o por sus aliados, se juegan bastantes más cosas. ¿Qué haría Europa si China decide subir precios de productos esenciales para la industria europea? O decide que cierra el grifo exportador. O le da por pedir que le devuelvan lo prestado. ¿Han pensado en todo esto? Con una Europa que ha sido desangrada industrialmente por la rapiña capitalista, con la imposibilidad de ser autosuficiente que conlleva eso ¿se van a meter en una guerra? Ven. Gobiernan iletrados.

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