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¿Qué tendrá la política cuando la bendicen?

José Antonio Vergara Parra
José Antonio Vergara Parra
Licenciado en Derecho por la Facultad de Murcia. He recibido específica y variada formación relacionada con los trabajos que he desarrollado a lo largo de los años.
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análisis

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Estiércol, a mansalva. Como la vida misma. La política no es un escalón perdido sino el peldaño de una escalera en la que los humanos, poseídos por afanes vacuos, se pisotean entre sí por encaramarse en lo más alto. No hay regla sin excepciones que la confirmen pero acostumbran a llegar gazmuños y fementidos que edifican su reino con cenizas de sus congéneres.

En la política ocurre otro tanto pero no más que en otros órdenes de la vida, sólo que cámaras, micros y crónicas hacen más visible de decadencia de la res pública. No tendría que ser así pero es. Aunque me está contraindicado, consumo política. La sigo tan de cerca que apenas puedo zafarme de su tufo. 

La razón, las ideas, la dialéctica, la retórica, las buenas formas y, sobre todo, la fidelidad a la verdad han sido respectivamente colonizadas por la temeridad, las ocurrencias, el agravio, la vileza y el mero interés crematístico. Tanto es así que sus distinguidas señorías, como sus respectivos lacayos de pluma y tintero, mienten a sabiendas y, a falta de argumentos, tiran de la falacia ad hominem para desacreditar a la idea y zaherir al semejante sin compasión ni misericordia algunas. Incluso en ocasiones, lastiman porque sí, porque han bebido la sangre de sus víctimas y ya no pueden parar. 

Los partidos políticos, antes que instrumentos para el bien común, son entidades societarias donde la conquista y preservación del poder a cualquier precio conforma su objeto social. Ya lo dijo Benavente, por boca de Crispín: “mejor que crear afectos es crear intereses”. Que se lo pregunten al ex ministro Soria quien, en momentos de osadía quijotesca, la emprendió contra las grandes compañías eléctricas por manipular alguna que otra subasta. Quien esté libre de paraísos fiscales, que tire la primera piedra. Si Suiza u otros oasis hablasen……..

Naturalmente al Sr. Soria le cortaron las alas, no porque mintiera sobre pretéritas empresas empadronadas en edenes fiscales sino por embestir, lanza en mano, a poderosísimos molinos de viento. Midió mal sus fuerzas. Supimos lo que siempre intuimos, que la Caja de Pandora también contenía papeles con moraleja incluida: que reyes, políticos, empresarios o artistas solo sirven a una patria y a un dios: el dinero. Debe ser que la fe y el patriotismo son para menesterosos y románticos ¿Verdad queridos? 

La cuestión, Sr. Soria, es que usted no entendió que los intereses deben compartirse y, sobre todo, respetarse.  La Justicia y la Hacienda son para el populacho pero no para el Rey y sus señores feudales que doblan la vara de la justicia con la misma facilidad que esquilman el tesoro. Lo importante es que la mierda esté bien repartida arriba y que no haya escroto franco de eventuales y oportunos estrujamientos. 

Francamente; no atisbo esperanza. Una izquierda inconsistente ha sustituido la estéril y calamitosa lucha de clases por otros pugilatos y bobadas. Ahora los malos, per se, de la west movie son los varones, chuletones, cazadores o toreros. No veo diferencias cualitativas entre misóginos, homófobos y misándricas; tampoco entre fundamentalismos religiosos y ecológicos. El racismo doméstico me suscita idéntico asco que el de extra muros y detesto toda patria, grande o chica, que asiente su identidad en el egoísmo, el odio o en una repugnante (y naturalmente inexistente) superioridad étnica. 

Los extremos, como la estupidez y la hipocresía, se tocan. Nada tengo contra estéticas honestas y sí contra homilías sin ejemplo que tornan aquellas en peroratas desvergonzadas. No se puede invocar la sanidad pública desde los aledaños de la Ruber Internacional ni depauperar la educación de los pobres (la pública) mientras se matricula a la camada en exigentes, privadísimos y exclusivos liceos. No se puede clamar contra el aborto y callar ante la guerra donde los ya nacidos, para beneficio de los empresarios de la muerte y erección de orates sin fronteras, son sacrificados como corderos.  No se puede aullar contra las fronteras de ganchillo para después esclavizar a inmigrantes ignotos para el Estatuto de los Trabajadores y el convenio colectivo de aplicación.  No se puede venerar a una dictadura carmesí  y repudiar, al mismo tiempo, a una añil, o viceversa, pues, como todo demócrata debe saber, no hay color que justifique la ignominia. 

La izquierda ha hecho cosas bien, muy bien en realidad, pero dilapida su caudal político por errores claramente identificables; a saber. En términos generales elige muy mal a sus cuadros, primando la mediocridad, inexperiencia y candidez de jóvenes sin bagaje vital y profesional sobre otras aptitudes y actitudes más recomendables. Haciendo gala de una torpeza pueril, criminaliza en exceso a quienes defienden ideas antagónicas. Tal es la sobreactuación y su desmesura que acaban victimizando y dando alas a los mártires. En tercer lugar, la izquierda, obligada a reinventarse tras la caída del muro berlinés, inventó estériles dialécticas que a nadie interesan porque empeoran o simplemente no mejoran las vidas de la gente normal. Y, por último, no llego a entender por qué la izquierda abraza nacionalismos excluyentes e insolidarios de tintes supremacistas y xenófobos. No resulta extraño que sus más reputadas figuras huyeran despavoridas. Allá ustedes. 

La nación, como toda empresa humana, debe cimentarse sobre la Justicia, la libertad, la igualdad, la solidaridad, la caridad, el ejemplo, la ética, la búsqueda honesta de la verdad y el temor de Dios en tanto principio de la verdadera sabiduría.

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