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Reconocimiento del Estado de Palestina: estamos en el lado bueno de la historia

La histórica gira de Sánchez por Europa terminará, previsiblemente, con la firma de la UE de la "Solución de los dos Estados"

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análisis

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Pedro Sánchez se ha convertido en el gran adalid y defensor del pueblo palestino en Europa. Ningún dirigente de la UE, hasta ahora, se había atrevido a recoger esa bandera hecha jirones, pisoteada y manchada de sangre para ponerla en el lugar que le corresponde en la comunidad internacional. Y no se puede negar que el presidente del Gobierno se ha embarcado en una causa personal y política tan noble y justa como arriesgada, ya que sin duda tendrá consecuencias de dimensiones históricas, no solo para nuestro país sino para el mundo.

La ofensiva diplomática del premier socialista tiene un objetivo principal: frenar el genocidio cometido por Netanyahu y lograr la mayor cantidad de adhesiones posibles al reconocimiento del Estado palestino libre e independiente. Para ello, el mandatario español tiene previsto realizar una gira europea por al menos diez países, algunos de ellos con un gran peso específico a la hora de desbloquear un conflicto que lleva décadas supurando. La tournée ha sido meticulosamente preparada por Moncloa y tendrá una primera etapa en las capitales de aquellos países más proclives al reconocimiento palestino: Noruega, Irlanda, Portugal, Eslovenia, Bélgica y Polonia. En ese periplo, Varsovia, una ciudad con una fuerte carga simbólica, se antoja una estación fundamental. Durante la Segunda Guerra Mundial, la capital polaca fue el mayor gueto judío levantado por la Alemania nazi. Medio millón de personas hacinadas como animales en un inmenso establo. Medio millón de almas cercadas por el muro y las alambradas y condenadas a un infierno de hambre, sed, ratas, enfermedades contagiosas y represión militar. Una ciudad de seres sentenciados al exterminio masivo y funcionarial programado por el Estado totalitario.

Halina Wolloh, superviviente de aquel gueto polaco, relata los años de terror que, siendo una niña, le tocó vivir. “Mi abuelo, muchos años antes de haber llegado al gueto, fabricaba abrigos y sacos, y tenía muchas telas en un desván. El día que llegaron los nazis, él se dio cuenta de que iban a llevarse a todos los niños y a las mujeres que trabajaban en las máquinas de coser. Y mi abuelo me agarró y me ocultó entre las telas que guardaba en el desván. Así me salvó la vida, porque no pudieron llevarme los alemanes. Así que bueno, eso fue la salvación”.

Hoy Varsovia es una ciudad bella y floreciente por la que cualquier polaco puede pasear con tranquilidad sin miedo a que la Gestapo lo detenga, lo meta en un coche y lo lleve a los hornos crematorios de Treblinka, en los bosques al noreste de la urbe. Ya no hay cadáveres andantes ojerosos, demacrados y esqueléticos con camisa a rayas y la estrella amarilla de David con la palabra jude clavada en la pechera, justo sobre el corazón. Ya no hay camiones cargados de deportados ni se escuchan los chasquidos secos de las botas nazis por las calles. Aunque sigue habiendo fascistas, como en todas partes. Y no pocos.

Toda aquella pesadilla –que muchos negacionistas de hoy quisieran borrar de los libros y de la memoria histórica (la mente humana entierra el crimen en lo más profundo de su conciencia para poder cometerlo otra vez)–, forma parte de un pasado que para las nuevas generaciones empieza a parecer algo tan lejano como el saqueo de Roma a manos de los bárbaros de Odoacro. Sin embargo, el gueto sigue más vivo que nunca, el gueto está ocurriendo otra vez, no ha sido desmantelado el gueto, al contrario, solo lo han cambiado de sitio. Entre aquella Varsovia de 1939 y esta Gaza de 2024, no hay demasiadas diferencias. Las mismas palabras de guerra y odio, la misma ansia de exterminio de un pueblo, la misma locura y sed de sangre. Más de 30.000 personas asesinadas, 13.230 de ellas niños (no nos dejemos a ninguno). Las alimañas del Tercer Reich se han disfrazado de rabinos en un inaudito caso de travestismo histórico. Las víctimas reconvertidas en verdugos. El genocidio a la inversa.

A esta hora resulta imposible predecir qué consecuencias internacionales puede tener la gira europea propalestina de Sánchez. La cena de esta noche en Varsovia se antoja crucial. A ella asistirán, además del recién nombrado primer ministro polaco, Donald Tusk, y el presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, los líderes de Estonia, Grecia y Finlandia. La “Solución de los dos Estados” estará encima de la mesa y los países asistentes podrían firmar ya un primer borrador de acta de reconocimiento. Inevitablemente, el movimiento de Sánchez nos alejará del eje atlántico yanqui/sionista, pero servirá para reforzar una política internacional continental común. La UE empieza a comprender que Estados Unidos va a dejar de ser el sicario a sueldo de Europa si Trump gana las elecciones de noviembre, certificando la política del aislacionismo autárquico que tan malos resultados dio en el pasado a los norteamericanos. Desde ese momento, los europeos volveremos a estar solos frente a la gran amenaza de la Rusia imperialista. Tal como está construida hoy, la UE no es nada salvo un edificio en Bruselas con unas cuantas alegres banderitas multicolores. No tiene una política exterior común, carece de un Ejército propio, es un gigante con pies de barro. Humo débil y tierra fácil para las ansias expansionistas de Vladímir Putin.

Así las cosas, un nuevo orden internacional está construyéndose a marchas forzadas, a una velocidad de vértigo. Y Sánchez ha entendido perfectamente que, en esta coyuntura, vamos a contrarreloj. Netanyahu ya ha echado las cruces a esos españoles antisemitas que van metiendo sus narices donde no les llaman. Solo la extrema derecha, encabezada por Isabel Díaz Ayuso, parece apoyar sin reservas al sionismo criminal. La presidenta madrileña, en uno de sus habituales análisis de brocha gorda que identifica a quienes defienden la paz con terroristas de Hamás, cree que el reconocimiento de Palestina no resolverá las cosas. “¿Qué mensaje lanzas al mundo, que cada vez que haya un ataque terrorista les das territorio?” A la intelectuala de medio pelo Ayuso no hay que hacerle demasiado caso en esto ni en nada; es como esa alumna repetidora que va retrasada en la clase de Historia Universal. A la muchacha la sacas de las tabernas de Villa y Corte y se pierde. No le pidas tú que entienda la guerra secular palestino/israelí cuando ni siquiera es capaz de entender lo que fue la guerra civil, nuestra lucha entre fascismo y democracia.

Es evidente que, si más países de la UE se van sumando a la propuesta de Sánchez de reconocimiento palestino, más pronto que tarde Israel se declarará enemigo de los europeos, con las consiguientes repercusiones económicas y políticas. Es lo que hay, no se puede estar con el código de derechos humanos y con el Diablo. O uno u otro. Todo ello mientras Irán afina las ojivas de Alá, que ya apuntan hacia Tel Aviv en respuesta a la voladura del consulado iraní en Damasco. Apenas queda tiempo para situarse. Tenemos una guerra a las puertas, si no mundial, sí de grandes dimensiones. Y Sánchez se ha propuesto colocar a España en el lado bueno de la historia. Aunque solo sea por una vez.

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