Retos sin complejos para el 2023. Nunca llegué a imaginarme una sociedad tan injusta

23 de Enero de 2023
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Ciudadanos con mascarillas

Desde mis clases como “profe”, en la Facultad de Económicas y en el Master de Marketing durante años, han pasado muchos hasta hoy, pero todavía recuerdo con una cierta nostalgia las explicaciones a mis alumnos acerca de las teorías económicas.

Keynes daba una fórmula en caso de “inflación”, subir los impuestos y reducir el gasto público, lo que lleva aparejado en muchos casos situaciones de recesión y decrecimientos, los altos precios se reducen, la economía en su conjunto vuelve  a la senda de la normalidad y la inflación puede quedar controlada. La etapa inflacionaria no gusta a la clase política gobernante que tienen que apechugar normalmente con críticas feroces de sus opositores, casi nunca con apoyos o acuerdos tal como ocurre en nuestro País.

Los precios suben porque hay una fuerte demanda de bienes y servicios por parte de toda la sociedad, hay exceso de gasto, los tipos estaban bajos (al 0%) lo que facilitaba el endeudamiento y el crecimiento del consumo, la economía se calienta igual que la demanda y los precios y los tipos de interés se elevan. En economía casi siempre se cumplen los ciclos. En realidad puede suceder cada 10/15 años.

Durante esos tránsitos siempre hay gente que se sigue forrando. Una cadena de TV, informaba que un 1,5% de las personas que acumulan una parte de la riqueza mundial, cada día que pasa incrementa su ganancia en 2.500 millones de dólares, sí digo bien cada día. También que hay 800 millones de personas que se van con hambre a la cama, dicho en lenguaje simple no tienen para cenar. Y las desigualdades siguen aumentando, España está en sexta posición en Europa en cuanto a desigualdades, es decir cada día más ricos y cada día más pobres. Dicen que las verdaderas fortunas se consolidan en periodos de crisis.

Pero lo que sucede realmente para los que tienen deudas por hipotecas o préstamos al consumo, es que al subir los tipos de interés, hay menos “parné” para gastar, se frena por tanto la demanda, siempre lo mismo cuando aparece la inflación, jodiendo al personal, haciendo que siempre pierdan los que menos tienen e incrementando los beneficios de la banca y grandes corporaciones, eléctricas y gasísticas, que es donde buscan refugio la clase política a través de puertas giratorias en estas compañías, sino miren a algunos de los altos cargos en la gran empresa privada.

Ya no estamos en el 10% largo de “inflación”  de meses anteriores, sino en el 5,60% y sin embargo los tipos de interés ya están más cerca del 4 y creciendo (desde el 0 negativo). Veremos lo que sucede en los próximos meses. Al gobierno se le ocurre no bajar los impuestos -cuestión que propugnaba la derecha- y si producir bonificaciones concretas y ayudas a las familias y trabajadores para solventar la situación,  hambre para hoy y también para mañana. Aunque bienvenidas.

Uno lo que piensa, es que los cambios en la economía son cada vez más cortos y que las soluciones deben ser lo suficientemente rápidas y ágiles para que ni unos se forren rápidamente, ni se produzcan situaciones dramáticas en las familias.

Hoy el mundo está metido en muchos conflictos, casi todos relacionados con temas de la economía y con el poder adquisitivo de los ciudadanos. Se habla de una inflación -que tiene como origen fundamental la guerra de Ukrania-.

Ukrania es la despensa de Europa en grano -cereales-  y la producción a descendido notablemente, el campo también ha sido bombardeado.

Eso además de una economía sobre calentada, esta produciendo elevaciones de precios desmesuradas, también con el precio de gas y electricidad. A Putin hay que seguir presionándole más castigándole por su desmesurada ambición. Queda mucho recorrido aquí todavía, pero hay grandes intereses en juego. Sin ir más lejos sabe porque Alemania no desea equipar con sus carros de combate “Leopard” al ejército ukraniano. Tiene temor a una elevación del conflicto o lo que quiere realmente es nadar y guardar la ropa como se dice coloquialmente.

La elevación de los precios es como una plaga contagiosa de carácter inducido. Suben precios los fabricantes, los agricultores, los médicos, electricistas, fontaneros, los intermediarios que siguen con sus balances saneados, es decir todo, como si fuera un nuevo COVID. El Gobierno debe facilitar el acercamiento de consumidores al suministrador en origen. No cabe otro recurso que la intervención estatal en la cadena de suministro. La alimentación ha subido entre un 15 y un 20% sin que haya suficientes motivos para ello. El IVA de muchos productos ha sido rebajado considerablemente, con algunos incumplimientos de aplicación en los precios de los establecimientos alimentarios, rebajando muy poquito los mismos, pero una vez más la inspección estatal ni es ágil ni es efectiva para implantar las sanciones al no aplicar íntegra la rebaja en el IVA.

Nadie tiene claro si en este contexto las fórmulas que se aplican producen los efectos deseados en el menor tiempo posible. Lo que parece evidente que los gobiernos, incluido el español deben intervenir en la economía, si con ello se facilitan las cosas, a riesgo de que le llamen intervencionista, es decir comunista por las derechas más rancias, más aún cuando el gobierno actual se apoya en la izquierda dura.

No cabe otro remedio. A pesar de que la derecha apoyada en los radicales, siempre critiquen las actuaciones, incluso en la época del COVID anunciando a bombo y platillo que ellos lo hubieran hecho mejor. La inmodestia está desatada y a todo el mundo le interesa aparecer como el más guapo de la película, sino que dirán los electores a final del presente 2.023.

Es cierto que una economía en guerra, -en este caso el mal llamado “conflicto en Ucrania”, pues no es menos cierto que Ucrania no estaría en conflicto armado si el malvado Puttin no les estuviera enviando constantemente cohetes cargados de muerte, evitando hablar de guerra, centrándolo en un conflicto entre países-, nos ha llevado a subidas en el gas, la electricidad, las gasolinas, y algunas materias primas como el trigo y derivados. Los precios se han puesto por las nubes, también los de los alimentos, vivienda, los del aperitivo de los domingos, los cines, los transportes, los libros, la farmacia, los espectáculos, las autopistas, es decir todo. Más desigualdad y la clase media cada vez menos media y más abajo.

Las inflaciones siempre se curan jodiendo más a la gente, con subidas de tipo de interés que obviamente benefician a los bancos, las personas gastamos menos, las economías se contraen en muchos casos se producen “recesiones”. Pero siguen ganando muchos en esta situación. Uno se pregunta cómo es posible. La economía financiera está distante de la economía real, la de la calle.

En el fondo se produce una movida que beneficia a los bancos en la concesión de créditos, y un mayor nivel de recaudación de los gobiernos por la subida de las gasolinas y los precios en general. Lo que le permite un respiro importante, a pesar de su nivel de endeudamiento que es estratosférico.

Pero muchos siguen haciendo caja en la economía financiera y muchísimos otros siguen realmente jodidos, en la economía real como ya he apuntado. Siempre hay personas que afirman, que para qué te vas a quejar, sino te van hacer ni puto caso. Uno se siente un poco pigmeo, con perdón para esta raza humana, vamos una hormiguita por su tamaño, claro.

De momento no se actúa bajando los impuestos, ni las retenciones por rentas de trabajo a los pensionistas que ya las retuvieron cuando estaban activos en el mercado laboral y ahora siguen pagando en sus IRPF, con lo que podría suponer una doble fiscalidad. Parece que es un lujazo subirles el IPC que es lo que se acordó, con una acomodación de momento para el 2023 del 8,5% de subidas de las pensiones.

Las tremendas deudas del Estado sirve sorprendentemente para mantener entre otras cosas, una masa política  elevada e innecesaria, pago a pensionistas, una estructura de Estado inflada -ejemplo el senado- y un cierto nivel de corrupción -todavía existente-  que hace que el panorama se complique y que pensar en bajadas de impuestos no sea lo más recomendable.

El estado necesita ingresar para según él, mantener el estado de bienestar y pagar la enorme deuda pública que se ha generado durante muchos años con escasos controles acerca de sus efectos. Los controles actualmente por parte de Europa son mucho más suaves, situación que aprovechan los países para seguir endeudándose.

También los que han tenido la fortuna de hacerse con un puesto político sea en un ayuntamiento o fuera de él, disfrutan en muchos casos de sueldos elevados, algunos con demasiadas legislaturas encima (obviamente con el consiguiente apoyo de los ciudadanos) se aferran al sillón y no hay de forma asombrosa ninguna ley que les limite en su permanencia, lo que termina congelando las ideas e iniciativas, cuando anteriormente muchos de ellos no alcanzaban ni de lejos sus sueldos actuales.

Nadie piensa -por ejemplo- seriamente en un país con menos ayuntamientos que den servicio a varios pueblos como ya ha pasado en Italia, sin ser ello única solución, pero por algo se empieza, también con un cambio en la estructura creada en el siglo diez y nueve, ya es hora.

Igualmente para que, dos cámaras legislativas -Congreso y Senado-, uno se pregunta una y mil veces si son necesarias. Saben que al Senado le llaman la senda de los elefantes. Otro asunto es el sostenimiento de una monarquía, solo porque la historia la justifica sin razones de peso en la actualidad. Muchos políticos afirman que es por la estabilidad del sistema, pero se olvidan que un país próspero consigue ciudadanos felices. Un cambio constitucional es absolutamente necesario para que se permita una consultar popular al respecto. Hagan la consulta pública y lo verán.

Esto no es un sistema económico capitalista humanitario (HUMANCAP), es un sistema basado en un capitalismo financiero (FINANCAP) en los que muchos siguen amasando dinero en situaciones de auténticas crisis, es una putada para las clases medias y bajas, haciendo más pobres a los que actualmente lo son, haciendo crecer a los comedores públicos y llevando la tragedia a las familias y a enfermedades mentales a tutiplé, escasamente cubiertas por la sanidad pública, que se ve deteriorada día a día con plazos y esperas interminables y con una clara tendencia a privatizarse.

También haciendo crecer el sistema de propinas, para ver si llegamos al día 30 de cada mes, creando niños infelices y elevando los morosos e impagados y el rescate de los pisos por los bancos que nunca pierden, pues cuando peor les iban las cosas, fueron rescatados con dinero público 60.000 millones de euros, es decir de todos y cuando los ciudadanos no pueden pagar sus hipotecas son invitados a quedarse sin la vivienda. Esto más que justicia es un atropello en toda su extensión.

Como he sido profe y  con tendencia a formador de conciencias,  he leído la cartilla a algunos directores de empresa que sinceramente me pedían su opinión, pues no entendían que en las encuestas la satisfacción de sus empleados fuera tan baja, mi única respuesta era decirles que el día que piensen sus empleados que de este tío me puedo fiar, le darán mínimo un notable en la puntuación. Eso se llama CONFIANZA. Los empleados no pueden CRECER en SATISFACCIÓN con un jefe que no colabore y les apoye, que solo mande.

Nunca me llegué a imaginar una sociedad tan injusta, en la que el estado no llega a intervenir en forma decidida para que no le llaman comunista, con unas teorías económicas, algunas propias de tiempos pasados. Hoy la apuesta es fuerte para un gobierno -llamado progresista- en el poder con el apoyo de la ciudadanía y de otros partidos muy distantes de él, pero eso se termina en un plis plas.

Uno piensa, hay que dejar un atisbo a la esperanza, so pena de que a uno le llamen rancio o demagogo o negativo. Se hace francamente difícil mantener el tipo. Por ello está obligado a abrir nuevas ventanas, haciéndolo con rigor, sin titubeos y comprometiendo a fortunas y grandes corporaciones a echar el resto, interviniendo para simplificar a mediadores e intermediarios que no aportan nada a la cadena de valor en apoyo de la gente del campo y limitando -interviniendo- los precios innecesariamente altos a límites razonables, fomentando la inspección y la vigilancia, garantizando el cumplimiento de las leyes.

De hecho los bancos ya tienen un impuesto estatal por grandes beneficios, pero la distribución y a la cabeza los grandes intermediarios siguen haciendo el agosto a pesar de la situación, pues es cierto que en la incipiente bajada de precios ellos se hacen a un lado y repiten sus márgenes manteniendo o subiendo precios.

Pero eso necesita inspectores en la calle y levantamiento de actas para lo que el actual estado no dispone de medios suficientes de control. Con 2.717.570 funcionarios públicos, dato más alto de la serie histórica desde 2.002, lo que representa el 17% de los trabajadores españoles. Más claro de cada 100 españoles, 17 son funcionarios públicos. Súmenle policías autonómicos. Todo ello frente a un 11% en Alemania y un 12% en Países Bajos, Italia y Luxemburgo.

Debe aligerarse tanta nómina política y tantos ayuntamientos con estructuras decimonónicas, que podrían desaparecer en un trabajo eficaz de absorción por otros, reduciendo el número de ministros y planteando de una vez por todas un referéndum hacia la monarquía. Vamos, siendo valientes ante la situación de crisis que ya se declara posible para el 2023 con recesiones en USA, en Europa y en China.

Posiblemente nos toque ver este año subidas del 4-5% de los tipos de interés, apoyadas por el Banco Central Europeo, en un claro intento -según ellos- de proteger la economía. ¿Pero cual?, la financiera la de las corporaciones industriales, los bancos, etc., o la real, la de las personas comunes

Y no pierdan de vista, aunque sea por el rabillo del ojo, el camino emprendido por la privatización de la sanidad, de la educación, de los servicios, ect., hay que aliviar los gastos públicos para sostener el sistema, al menos eso le seguirán contando.

Noruega, Croacia y Dinamarca superan hasta un 32% de su población total el número de funcionarios, con muchos servicios públicos gratuitos. Pregúnteles cómo es posible con esa elevada nómina pública mantener felices a sus ciudadanos.

La lucha contra la corrupción debe ser firme y decidida, la mejora de la sanidad pública, vigilar los grandes beneficios de la banca y corporaciones igualmente, eliminación de ayuntamientos por debajo de un nivel de población necesario, universidad pública totalmente gratuita que todavía no lo es,  limitación de subidas de interés por la inflación es igualmente necesario, redistribución de la riqueza, solidaridad compartida, lucha continua contra la igualdad de genero y por la participación de la mujer en la sociedad, reducir las diferencias sociales y las desigualdades económicas, igualdad de sueldos para hombres y mujeres o es que ellas son menos eficientes, estos son solo algunos de los retos para 2023.

Nunca llegue a imaginarme una sociedad tan injusta.

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