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Sánchez y Meloni: mucho paripé pero poco que negociar

Los dos mandatarios escenifican un encuentro institucional del que apenas saldrá nada por la distancia ideológica de ambos países

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análisis

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Pedro Sánchez y Giorgia Meloni se acaban de reunir para tratar asuntos bilaterales y otros que tienen que ver con las políticas europeas. El líder socialista va a asumir la presidencia de la UE en breve y quería sondear, de primera mano, qué está pasando en Italia después de que la extrema derecha accediera al poder. La reunión ha sido fría, distante, como corresponde a dos mandatarios que están en las antípodas políticas (aunque en algún momento el gobernante español se haya excedido con la cortesía al tratar a su homóloga de “querida presidenta”). Las relaciones entre dos países siempre tienen que estar sometidas a las normas de protocolo institucional, pero ha llamado la atención esa educación de más que el inquilino de Moncloa ha tenido con una mujer que, en sus comienzos, cuando entró en política a los 15 años, se incorporó al Frente de la Juventud, una organización juvenil vinculada al partido posfascista Movimiento Social Italiano (MSI), creado por exmiembros del régimen de Mussolini.

Lógicamente, entre España e Italia debe haber todo tipo de colaboración institucional, como no podía ser de otra manera. Pero hay un tema en el que no puede haber cooperación de ningún tipo: los problemas de la inmigración. Las políticas de la primera ministra italiana están siendo letales para decenas de personas que pierden la vida en el mar Mediterráneo. Todavía colea la polémica de los últimos naufragios en las costas del sur del país, donde el Gobierno italiano se mostró lento y remiso a la hora de enviar a sus patrulleras al rescate de las personas que se ahogaban tras el vuelco de varias pateras. Todo ello mientras Matteo Salvini, el ultraderechista ministro de Transporte y vicepresidente del Ejecutivo, ha prometido que prohibirá la entrada de los barcos de las oenegés de ayuda humanitaria en aguas jurisdiccionales italianas, negándole el rescate a miles de personas. Este es el hombre que ha llegado a asegurar que sería capaz de bombardear las balsas neumáticas y botes para evitar que los espaldas mojadas africanos entren en el país. Semejante horror no se podrá olvidar nunca.

¿Cómo hablar del PIB, de acuerdos económicos, de apertura de mercados internacionales, mientras está muriendo gente en el mar? ¿Qué se puede negociar con un gobierno así? Poco o nada. Sobre todo teniendo en cuenta que Meloni ha mostrado su rostro más feroz cada vez que ha participado en actos públicos y mítines de Vox, el partido con el que mantiene estrechos lazos fraternales. En ese contexto, Pedro Sánchez ha tenido que hilar diplomáticamente muy fino en su reunión con Meloni. Según el presidente español, los objetivos de ambos países están “muy alineados”, destacando a renglón seguido el Pacto de Migración y Asilo y exigiendo recursos económicos para hacer frente al “desafío de la inmigración irregular”, según Europa Press.

Por su parte, Meloni ha puesto en valor el “acuerdo” entre ambos países para pedir en el próximo Consejo Europeo iniciativas concretas contra la inmigración, como soluciones estructurales a los problemas del norte de África, asegurando que Europa mira hoy “con mucha más atención” a la defensa de sus fronteras externas. Palabras vacías, huecas, todo el mundo en Bruselas sabe cuáles son los planes de la extrema derecha italiana para preservar sus fronteras marítimas. Mano dura, crueldad con los extranjeros que pretenden llegar a Europa y un macabro aviso a navegantes: no vengáis u os dejaremos morir en nuestras playas.

Ambos mandatarios han obviado las grandes diferencias ideológicas que les separan para expresar su compromiso de colaborar con el fin de lograr la unidad a la hora de hacer frente a los retos que tiene ante sí la Unión Europea. Las discrepancias en el terreno de la ideología entre ambos líderes (uno socialdemócrata y otra de la formación ultraderechista Hermanos de Italia) son abismales, pero no han estado presentes en la entrevista. Desde el Gobierno español se informa de que las relaciones entre los países están por encima de quienes estén al frente de sus gobiernos en cada momento y se explica que la visita de Sánchez a Roma no pretendía contrastar dos modelos, sino hablar de los asuntos que van a estar presentes en la presidencia española de la UE para conocer la posición de un país fundador como Italia. Sánchez asegura que cuando España e Italia trabajan juntos, “pasan cosas buenas para ambas sociedades y hacemos que Europa se mueva”, como cree que ocurrió ante la pandemia, y ha defendido mantener la relación estratégica bilateral. La política obliga a tragar muchos sapos.

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