Si comenzases de cero

07 de Enero de 2023
Actualizado el 02 de julio de 2024
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Se acabó el 2022, el de los «patitos», por fin ha llegado a su fin. Y ya está aquí el precioso impar 2023 marcando su pasito al ritmo de veinticuatro horas maravillosas al día. Y suma cinco, no digo más porque alguno estará pensando en la bromita, así que ¡sin agarre, amigos míos!

Y ya puesta en faena y siendo un poco más seria, me gustaría que imaginaseis si al comenzar el año se hiciera un cierre total de cada empresa vital y se comenzara con un saldo a cero en todo, absoluto y total. Sería en principio y apariencia, a voz de pronto, un comienzo más fácil, sobre todo sin enfermedades, desempleos, enfados y demás desventuras, que darían paso a nuevas oportunidades. Pero ¿sería igual con el amor sentido, con el trabajo conseguido, con los logros alcanzados? Creo que, aun así, no sería tan positivo como comenzar cada uno con sus propios y mismos saldos con los que termina el año vencido.

Porque se nos da la oportunidad de seguir vivos —¡Virgencita, que me quede como estoy!, dirán muchos—, de comenzar el nuevo año con todo lo aprendido y cosechado en el haber del ser. Eso que se ha adquirido y defendido durante los años pretéritos, con mucho amor en las arcas de una riqueza y valor incalculables y con la experiencia y fuerza de proyectos que, logrados o no, una vez pusiste en marcha. Claro está que también acarreamos el debe de puntos a mejorar y heridas que curar. Eso le da al recién nacido 2023 un aire de esperanza y unas ganas, que deberían ser increíbles, de alimentar el nuevo año con sorbos de amistad, amor, ganas y ternura, sí, para sentir más y mejor.

Así podríamos decir que, tras la decimosegunda uva, comenzamos en la línea de salida del tiempo, pero no de la vida. Porque pasa sin permiso ni pactos a favor. Un segundo tras otro en días en perfecto compás.

Tú que me lees, ¿recuerdas la sensación de cuando eras niño y te encontrabas encamado unos días por alguna dolencia y, al recuperarte, volvías al colegio? Todo, hasta las calles por las que siempre caminabas, parecían diferentes, como si a tu alrededor todo hubiera evolucionado sin tu permiso. Nada se paraba mientras tú permanecías febril y adormilado. Pues así se mueve el día a día, incluso el primero del año.

Si te apeas del burro tan solo un instante y no caminas al trote del devenir diario, unas veces veloz y otras roneando, se pasa el tiempo sin sumar en el haber particular de cada momento regalado, y repito, regalado, como el mejor de los tesoros. Soy reiterativa en esto, pero debe ser un eco en cada acto y pensamiento para no perder tiempo alguno en esta vida corta y preciosa.

Por eso, en este incipiente 2023, mi deseo más transcendental e importante es que todos sigamos sumando en nuestros haberes, acreciendo en todo aquello que no se alcanza con dinero, sino caminando hacia nuestros sueños; creciendo interiormente en cada área de servicio en la que nos pare la vida, eso sí, marcando un tiempo, el justo y necesario para repostar y que no nos durmamos en los laureles. Y sintamos que cada gesto, palabra o caricia que regalamos nos hace más ricos en solidaridad, carisma y honestidad, así como en buen amor.

Porque cada acción que se ejecuta con la vehemencia del alma y de una buena conciencia siempre suma, nunca resta en la contabilidad que cada año cuadramos a 31 de diciembre.

Siempre vuestra, Cruz Galdón.

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