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Sí es verdad que, obviamente

David Márquez
David Márquez
Escritor de artículos y ficción. Colabora con diversas publicaciones periódicas y ha publicado: ¿Y? (microrrelato) y DAME FUEGO (el libro) (microrrelato, poesía y otros textos), ambos trabajos inconfundiblemente en línea con el pensamiento y estilo que manda en sus artículos, donde muestra su apego a la libertad total de ideas, a lo humano y analógico, siempre combativo frente a cualquier forma de idiotez. amazon.com/author/damefuego
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análisis

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Dos expresiones cosechan un éxito arrollador entre youtubers y otros jóvenes apantallados: «obviamente» se lleva la palma de oro. Se mete a todo trapo, sin pudor ni límite, para nada (por cierto, ese «para nada» también se las trae). «Sí es verdad que» va más allá de lo innecesario y desubicado. Porque, in extremis, podría utilizarse con el sentido de «no obstante» o «de cualquier manera», pero no. «Sí es verdad que» puede encontrarse en cualquier punto del discurso, a discreción, como paquete, diríamos, como relleno vacuo sin más misión que ser repetido porque así se lleva entre el populacho del ramo youtuber o influencer o vete a saber.

Obviamente, la cosa puede ser peor y lo es, ya que «obviamente» sigue y persiste ahí, a toda hora y en el más insospechado rincón de la plática, consolidándose como estafa lingüística de primer orden, residuo, pelusa dialéctica elevada a imprescindible, como si cada vez que se pronuncia fuese por mandato. Así lo creo, fijaos qué cosa. No contemplo la posibilidad de llamarlo coletilla, porque dudo que lo sea. La coletilla resulta de un tic neuronal, nace en el inconsciente como resultado de no sé qué traumas y complejos freudianos (me imagino). No. Esto del «obviamente» y el «sí es verdad que» se parece más a una obligada intervención de simple obrero digital. Alguien ahí arriba, no estoy convencido, ha dejado caer la insinuación de que, si repites tales expresiones más de dos mil veces en una noche, se cumplirán tus deseos de fama y record megustivo. Si tomamos la megustografía más reciente, comprenderemos la postura que expongo: los más megustados son explotadores de «obviamente» y «sí es verdad que». La imagen de éxito va con ellos, y sus megustadores los imitan o, al menos, parecen influenciados por sus youtubinfluencers, no sé si a la hora de gastar sus productos o imitaciones, pero sí en cuanto a calcar expresiones y acentos, ex YouTucathedra.

De manera que, si aspiras a construirte como youtuber, influencer o pamplinólogo profesional, recuerda machacarte un discurso a base de «obviamente» y «sí es verdad que», convenientemente aliñado con adjetivos huecos como «increíble», «impresionante» o «maravilloso». Suéltalos a toda hora, sin contemplaciones, tanto en casa como en el pub o el insti. Deja que fluyan sin pensarlo. Imita a muerte a todos esos youtubers de éxito. En otras palabras: pierde cualquier acento o característica que te defina como persona individual. Sé como el resto; uniformada mental y estéticamente, y hallarás los likes que buscas, dentro y fuera de la red. Hala, a triunfar, campeona.

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