Islam y martirio

16 de Septiembre de 2016
Actualizado el 02 de julio de 2024
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¿Islam y martirio? ¿Son ambos términos conjugables sin convertir al mártir musulmán en un asesino?... Hay un pueblo en este continente Europeo (que parece no tener otro pasado que el cristiano, dejando el islam para los “inmigrantes”), un pueblo ancestral del sur de Europa, que conoció el martirio y la represión también por islamofobia. Una islamofobia promovida desde el Estado y ejercida durante más de quinientos años, y entre cuyas víctimas se encuentra su propio Padre de la Patria, Blas Infante, asesinado en el borde de una cuneta, como muchas andaluzas y andaluces más, en un genocidio mantenido en el tiempo tan sólo por ser patriotas, “moros”, “perros” (como bien nos recuerda hoy la entrada a Andalucía desde el norte a través del desfiladero de “Despeñaperros”, antiguo “puerto del Muladar”, en recuerdo de uno de los episodios más sangrientos y crueles de su conquista, y emulado posteriormente con la guerra civil)...Un pueblo que ya conoció las consecuencias de un pasado de recortes, persecución y sometimiento a condiciones de escasez, pese a vivir en un vergel, para enriquecimiento usurero de unos pocos que disminuyeron los salarios hasta dejarlos por debajo de la propia subsistencia... Un pueblo, cuyo pasado ha sido borrado, pero que quiere recuperar, como bien nos recuerda en su himno con aquello de que “los andaluces queremos volver a ser lo que fuimos, hombres con luz que a los hombres, almas de hombres les dimos”. Y cuya represión tuvo su última víctima en Manuel José García Caparrós, cruelmente asesinado el 4 de Diciembre de 1977, represaliado por el régimen pre-constitucional tan sólo por ser un patriota, un “moro”, un “perro”.El borrado sistemático del pasado del pueblo andaluz también alcanza a ese 4 de Diciembre, que no está señalado en los calendarios oficiales de Andalucía, y en el que el pueblo andaluz, en pleno régimen pre-constitucional, tomó las calles para exigir su reconocimiento histórico como pueblo y como patria, dando lugar un duro proceso de exigencias, que el pueblo andaluz supo cumplir, y que lograron la equiparación de Andalucía al resto de nacionalidades históricas reconocidas por el Estado español.Y debemos, hoy más que nunca, recuperar ese pasado. El luminoso y dador de luz, que nos dio nombres como Abulcasis, padre de la cirugía moderna, Al-Kattani, maestro de Ibn Hazm aunque luego se trasladó a Zaragoza, durante la primera treintena del siglo XI, dedicándose a la formación académica de las mujeres cristianas, fundamentalmente vascas y navarras, aplicando el modelo pedagógico de Ziryab,; o Said al-Andalusi, historiador de la ciencia y la filosofía del siglo XI, además de astrónomo y matemático (aunque tengamos que condenar su visión racista sobre las personas de raza blanca tanto del centro como del norte de Europa, a las que consideraba razas inferiores y menos capacitadas intelectual y socialmente “a causa de que los rayos del sol no caen directamente sobre sus cabezas, su clima es frío, y la atmósfera nubosa. Consecuentemente, su temperamento ha devenido frío y su humor rudo, mientras sus cuerpos han crecido grandes, su complexión ligera y su cabello largo”, así como en función a las consecuencias de sus estudios sobre historia de la ciencia). Una época ejemplar de convivencia y respeto, y que debería ser la auténtica imagen del islam tradicional europeo.Pero también el pasado oscuro y tenebroso de los últimos cinco siglos, con nombres conocidos, como Mariana Pineda o Federico García Lorca, y desconocidos, pero que llenaron hogueras, garrote y fosas comunes, debe ser reconocido como parte de la Historia de los pueblos de España y de Europa, y evitar reproducirlos, como evitamos reproducir otros holocaustos que se cometieron a lo largo de los siglos.
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