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¿Tras Gaza, Líbano e Irán en la diana de Israel y Estados Unidos?

Germán Gorraiz López
Germán Gorraiz López
Analista económico y geopolítico, colabora habitualmente en varias publicaciones digitales e impresas españolas y latinoamericanas.
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Los indicios de senilidad de Biden, la crisis del fentanilo, la carestía de la vida y la desafección del ala izquierda demócrata ante las masacres israelíes en Gaza, habrían hundido su popularidad hasta mínimos históricos, lo que facilitaría el retorno triunfal de Donald Trump en las presidenciales de noviembre al tener expedito el camino hacia la Casa Blanca tras las últimas decisiones del Tribunal Supremo.

Asimismo, al cabo de seis meses de la invasión de Gaza, se habría incrementado  la desafección de la sociedad israelí respecto a Netanyahu debido a su nefasta gestión de la crisis con Hamas y a su nulo interés por rescatar con vida a los rehenes judíos y según la media de las últimas encuestas electorales el Likud de Netanyahu seria apeado del Poder

en caso de celebrarse nuevas Elecciones como demanda el nuevo hombre fuerte de la política israelí, Benny Gantz.

En consecuencia, la tensa llamada telefónica mantenida entre Biden y Netanyahu habría sentado las bases de un acuerdo que beneficiaría a ambos dirigentes, consistente en la retirada total del Ejército israelí de una  Gaza  que quedará como zona desmilitarizada bajo el control de los cascos azules de la ONU, con lo que Líbano e Irán estarían ahora en la diana de Israel y del Pentágono quienes procederán a su desestabilización por métodos expeditivos.

¿Final de la campaña bélica en Gaza?

Tras el castigo asimétrico infligido por Israel, toda la infraestructura básica, escuelas, mezquitas, hospitales y el 90% de los edificios de Gaza habrían sido arrasados por los bombardeos sistemáticos de la aviación con el resultado de más de 34.000 víctimas civiles palestinas y varios miles más enterrados entre los escombros

El verdadero objetivo de la campaña militar de Gaza era provocar una segunda nakba en la que 1,5 millones de palestinos se vieran obligados a abandonar una Gaza convertida en un amasijo de escombros y restos humanos que imposibilitaría el retorno de la población gazatí desplazada y confinada en el campo de concentración al aire libre ubicado en Rafah, situación descrita por el alto Comisionado para los DDHH de la ONU, Volker Türk como «apocalíptica», al tiempo que advierte » del creciente riesgo de genocidio.

Dicho confinamiento forzoso de la población gazatí sería una medida de presión para que Egipto abra su frontera y los palestinos queden asentados en la Península del Sinaí, tras lo cual Israel procedería a la Declaración unilateral de la soberanía sobre Gaza y sus zonas marítimas. Para completar su limpieza étnica, Netanyahu habria ordenado el asalto final a Rafah previo desalojo de los miles de gazatíes allí recluidos, operación militar que EEUU le habría prohibido en la certeza de que dicha operación se saldaría con una nueva masacre de civiles inasumible por la opinión pública mundial.

Así, Netanyahu estaría ya acorralado por la repulsa de la Comunidad Internacional ante la flagrante violación de los DDHH en Gaza con cerca de 35000 víctimas civiles palestinas que se ha traducido en la presentación por Sudáfrica ante el Tribunal Internacional de la Haya (TIJ), de una demanda contra Israel por presunto «delito de genocidio». Sin embargo, la decisión salomónica de dicho Tribunal permitió la persistencia del genocidio de la población gazatí, utilizando el hambre y la falta de insumos médicos como armas de guerra ante la pasividad de EEUU y Europa pero Biden y Netanyahu habrían pactado la retirada total del Ejército israelí de una  Gaza que quedará como zona desmilitarizada bajo el control de los cascos azules de la ONU.

Líbano e Irán como nuevos campos de batalla 

Según el acuerdo pactado entre Biden y Netanyahu, el Líbano e Irán estarían ahora en la diana de Israel y del Pentágono quienes procederán a su desestabilización por métodos expeditivos, lo que se traduciría en el inicio de un gran conflicto regional que marcará el devenir de la zona en los próximos años. Dicho conflicto sería la tabla de salvación para Netanyahu quien lograría esquivar los juicios pendientes y la posible acusación de crímenes de lesa humanidad contra la población gazatí al tiempo que permitiría a Biden remontar en los sondeos electorales.

Irán adquirió una dimensión de potencia regional gracias a la política errática de Estados Unidos en Iraq, (fruto de la miopía política de la Administración Busch obsesionada con el Eje del Mal) al eliminar a sus rivales ideológicos, los radicales talibanes suníes y a Sadam Husein con el subsiguiente vacío de poder en la zona, por lo que reafirmó su derecho inalienable a la nuclearización.

Sin embargo, tras la aprobación por el Congreso y Senado de EE.UU. de una declaración preparada por Lindsey Graham y Robert Menéndez que señala con rotundidad que «si Israel se ve obligado a defenderse y emprender una acción (contra Irán), EEUU estará a su lado para apoyarlo de forma militar y diplomáticamente», estaríamos asistiendo al aumento de la presión del lobby pro-israelí de EE.UU. (AIPAC) para proceder a la desestabilización de Irán por métodos expeditivos.

Así, Israel considera a Irán «el mayor exportador de terror y de violación de los Derechos Humanos en el mundo al tiempo que sigue enriqueciendo uranio y se acerca peligrosamente a la obtención de una bomba nuclear», pero la miopía geopolítica de Netanyahu le impidió intuir que el castigo asimétrico en Gaza daría al traste con la entente entre EEUU, Israel, Emiratos Árabes, Bahréin, Sudán, Marruecos y Arabia Saudí, lo que colisionaría con los objetivos geopolíticos de EEUU de aislar a Irán.

Dichos países árabes firmaron bajo la Presidencia de Trump los Acuerdos de Abraham en los que por primera vez países como Emiratos Árabes, Baréin, Sudán y Marruecos reconocían la existencia del Estado de Israel y Arabia Saudí estaba a punto de firmarlos, pero la masacre cometida por el Ejército judío en Gaza podría provocar que los citados países terminen por rechazar dichos acuerdos y rompan relaciones diplomáticas con un Israel que quedaría de nuevo aislado en Oriente Medio. 

Así, tras los fiascos de Siria, Libia e Irak, Irán sería el nuevo cebo del plan anglo-judío del maquiavélico plan esbozado por la alianza anglo-judía en 1960 para atraer tanto a Rusia como a China y provocar un gran conflicto regional que marcará el devenir de la zona en los próximos años y que sería un nuevo episodio local que se enmarcaría en el retorno al endemismo recurrente de la Guerra Fría EEUU-Rusia.

En este contexto, se encuadra el reciente ataque israelí al consulado iraní en Damasco que habría provocado según la agencia siria SANA la muerte de tres altos comandantes de la Guardia Revolucionaría Iraní, entre los que se encontraría el General de Brigada Mohamed Reda al Zahedi aunado con los últimos atentados en el Líbano contra dirigentes de Hamas, que serían el cebo israelí para provocar la entrada en conflicto de Hezbola e Irán.

Según el acuerdo secreto alcanzado entre Biden y Netanyahu , la CIA y el Mossad israelí prepararían atentados de falsa bandera similares en el Golfo Pérsico y tras atribuir su autoría a los iraníes y aprovechando la consecuente respuesta iraní, declarar el Congreso estadounidense el Estado de Guerra. Este proceso es conocido como «autorización estatutaria» y es un requisito imprescindible para que el Presidente Biden pueda aplicar la Ley de Poderes de Guerra de 1973 que le faculta para enviar tropas al extranjero.

Así, aprovechando que Rusia está ocupada con Ucrania, China rodeada por el arco de crisis nuclear del AUKUS para proteger a Taiwán y que las reservas estratégica de EEUU están en máximos, el Pentágono aprovechará el ataque sorpresa de Israel a Irán para iniciar una nueva Guerra en Oriente Medio con el doble objetivo de secar las fuentes energéticas de China y configurar la cartografía del Nuevo Oriente Medio.

Dicho conflicto podría involucrar a las tres superpotencias (EEUU, China y Rusia) contando como colabores necesarios a las potencias regionales (Israel, Siria, Egipto, Jordania, Irak, Arabia Saudí e Irán) y abarcaría el espacio geográfico que se extiende desde el arco mediterráneo (Israel, Siria y Líbano) hasta Yemen y Somalia teniendo a Irak como epicentro y rememorando la Guerra de Vietnam con Lindon B. Johnson (1963-1969).

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