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Trascendencia literaria

Un libro no es trascendente porque los que transcendemos somos los seres humanos que aspiramos a una condición ajena a la humana

Antonio Guerrero
Antonio Guerrero
Antonio Guerrero colecciona miradas, entre otras cosas. Prefiere las miradas zurdas antes que las diestras. Nació en Huelva en 1971 y reside en Almería. Estudió relaciones laborales y la licenciatura de Filosofía.
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análisis

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Reflexionando el otro dia con Manuel Moyano sobre la trascendencia literaria, por las redes, me surgió esta reflexión: que los libros no trascienden ni son trascendentes (una novela por ejemplo, que es objeto de culto). Somos nosotros los que trascendemos, los seres trascendentes, los que tenemos la necesidad de ir más allá con nuestra disyunción de la naturaleza. 

Un libro, de por sí,  solo es una escusa como cualquier otra para satisfacer esa necesidad humana. Y para eso nos valdría perfectamente otra, que ni siquiera tendría que ser del mundo del arte. 

Ya lo dijo Gustavo Bueno: para las sociedades laicas, donde la necesidad de transcendencia se ha desplazado de la religión a la cultura. La trascendencia es una necesidad del ser humano que no se conforma con lo que le rodea y que por eso aspira a otra cosa. 

En sí mismo el libro  no es nada, tan solo un objeto inerte. Y precisamente por eso, no puede ser sacralizado ni convertido en una reliquia. Por ende, la literatura no debe interpretarse como una religión, con una mística determinada o un mensaje salvífico, que genere pecadores, mesías y devotos. Es más, los escritores no son personas especiales. Y sé que con esto muchos lectores no estarán de acuerdo porque encontrarán este mensaje atroz y rotundo. No obstante, la separación de lo subjetivo y objetivo es una referencia de obligada toma de conciencia. 

Dicho esto, y para salvar el dolor provocado, voy a hacer otra reflexión: la desacralización de la literatura que expongo no impide que un  libro guste a algunas personas y que para ellas sea tan especial que sientan por él algo parecido al enamoramiento. Es más… es justo lo que debe ser. Todo lo que el ser humano haga en su vida debe afectarse por el amor porque esa sensación es lo que trasciende y en ese acto afectivo es donde se reproduce el anhelo de inmortalidad. 

Dicho anhelo representa la gran contradicción humana: de lo que somos y negamos y de lo que aspiramos a ser, la dialéctica de lo finito e infinito. Por eso el amor es el mayor acto humano sobre la naturaleza y contra la muerte. Y si ese acto se hace con un libro, con la literatura, sin duda puede trascenderse más allá de lo humano.  Para acabar, gozaré de estas expresiones literario-filosóficas: “Lo humano es lo único que puede trascender mas allá de lo humano”. “Lo humano es la condición necesaria para deshumanizarse”.

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