lunes, 17junio, 2024
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Treinta años sin debate sobre el cambio climático

Federico Ruiz de Lobera
Federico Ruiz de Lobera
Periodista de investigación, escritor y director de La Clave Cultural TV. Ha trabajado para diferentes revistas y periódicos nacionales. Ha publicado en Postmetrópolis el libro Crónica de un reportero profano.
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análisis

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¿Te acuerdas del último debate en TV sobre el cambio climático, entre científicos con opiniones distintas, sobre la responsabilidad de las emisiones humanas de co2 en el clima? ¿No lo recuerdas? Es normal. En los 30 años que llevamos de alarma, nunca ha sucedido.

Si algo supone tal amenaza contra nuestra seguridad (alimentaria, social, política, energética, ambiental, etc) e incluso nuestra supervivencia, no se entiende por qué no se han puesto luz, taquígrafos y contraste de opiniones en los medios, en todo este tiempo. ¿Por qué de este tema no se puede ni se ha podido debatir?

Es verdad, hay gente que cree que la reina de Inglaterra pertenece a una élite alienígena de reptilianos que nos gobierna en la sombra, u otras fantásticas locuras por el estilo, pero estamos hablando de otra cosa. Hay miles de científicos (1), incluyendo seis Premios Nobel, críticos con esta teoría, que quizá digan tonterías en un debate, pero, llámame raro, a mí me gustaría verlo.

Por eso, el pasado 18 de junio, en La Clave Cultural TV, con ánimo de empezar a deshacer la rareza y con espíritu algo quijotesco, celebramos el primer intento (2) y conseguimos juntar a dos respetables científicos del CSIC (los Doctores en Biología, Fernando Valladares y David Vieites) con Luis Pomar, Doctor en Geología y escéptico con la teoría antropogénica.

Y hablaron civilizadamente durante una interesantísima hora, mostraron sus gráficos, estadísticas y estudios, y el mundo no se vino abajo, no fue un bochorno, ni un desprestigio para nadie, ni mucho menos una pérdida de tiempo. Fue el sencillo hecho de representar el primer peldaño del arte de procesar la realidad: el contraste de ideas y de experiencias (y educadamente, por favor).

Los tres científicos estuvieron cordialmente en desacuerdo, hasta que, lástima, nuestro querido geólogo, aquejado de varias dolencias, aguantó lo que pudo y tuvo que retirarse. Fue un debate desigual, lo sabíamos a priori y todas las partes lo aceptaron, pero merecía la pena intentarlo. Contactamos a una docena de expertos escépticos, pero por unas cosas y por otras nadie pudo acompañar a Luis Pomar.

Nuestro intento fue simbólico, poco más que un mensaje en una botella después de 30 años de silencio. Habrá una segunda parte pero, en realidad, le tocaría a TVE, La Sexta, A3 la SER, a La Razón, etc, hacerse cargo de este debate, de una buena vez, con luz, taquígrafos y neutralidad. ¿A qué están esperando? Es el problema más grave que enfrenta la humanidad!

Quizá, lo más llamativo en nuestro programa fue esta imagen de la NASA (3), que introdujo Luis Pomar, sobre cuya interpretación estuvieron de acuerdo los tres científicos presentes (4). El co2 humano está ayudando a reverdecer el planeta. ¿Cómo? Pues resulta que sí. Y no como un contribuyente menor del efecto (como se dijo en el programa) sino como el principal. Lo dice la misma publicación de la NASA en el quinto párrafo:

Results showed that carbon dioxide fertilization explains 70 percent of the greening effect, said co-author Ranga Myneni, a professor in the Department of Earth and Environment at Boston University. “The second most important driver is nitrogen, at 9 percent.”

Si en los últimos 35 años la vida vegetal ha aumentado en el planeta a causa del co2 humano, es de suponer que al resto de formas de vida también les habrá ido bien. La magia de la fotosíntesis es el origen de toda la química orgánica y el alimento de casi todos los reinos en la naturaleza. Esto son hechos objetivos. El problema, como apuntó Valladares, es que aunque el planeta esté más verde, para el hombre sigue siendo terrible y “causa millones de muertos” y posteriormente nos dio varios links: este (5) y este (6).


Una vez aclarado que al planeta no le perjudica en nada, incluso le favorece, nuestro exceso de co2, habrá que preguntarse, o pedir un debate, entonces, contra qué estamos luchando.  ¿Contra el co2 o la pobreza? (no sé si es necesario aclarar que esos muertos por el clima son los pobres)

Si la lucha es contra la pobreza, cabe preguntarse por qué no destinamos todo el esfuerzo y dinero en ello directamente, en vez de intentar reducir los gases efecto invernadero para así intentar reducir la temperatura, para así intentar parar el deshielo y los huracanes y, con ello, las variaciones en el nivel del mar y así los problemas meteorológicos devastan y matan menos a los pobres.

Si hablamos de pobreza, conviene revisar si no son las empresas más pequeñas, las familias más humildes y los países más pobres, los que van a pagar el pato de la transición ecológica y del reparto de derechos de emisiones mundiales de co2. Porque hay algunas dudas.

Si el cambio climático es el principal reto que afronta la humanidad, ¿en qué lugar queda la muerte por hambre de un niño cada treinta segundos? ¿Y qué posición ocupa entonces el derecho al agua dulce para toda la humanidad? porque duele recordar que uno de cada tres entre nosotros carece de ese acceso. ¿En qué puesto quedan los 110 millones de minas (7) antipersona aún enterradas en el planeta (sobre todo en África), que causan unos 26.000 muertos o mutilados graves al año? 

Según la ONU (8), para acabar con el hambre en el mundo “solo” se necesita invertir anualmente el 0’1% del PIB global (67.000 millones de dólares)  . Solo entre 2019 y 2021 se gastó diez veces más (637.000 millones) en luchar contra el cambio climático. Repetimos: ¿el enemigo es la pobreza o el co2?

Clamorosamente, también falta debate sobre las renovables. Pueden estas suministrar toda la energía necesaria para que siete mil millones de personas tengan una vida digna? Hay voces muy autorizadas, como la del Doctor en física teórica de CSIC, Antonio Turiel (9), nada sospechoso de cuestionar el carácter antrópico del calentamiento, que expone que “para poder cumplir con los objetivos de descarbonización de aquí al 2050, la producción anual de litio se tiene que multiplicar por 100 y la de cobalto y níquel por 40. Esto es físicamente imposible”. Turiel también aclara que a día de hoy no hay ninguna fuente renovable que no se construya a partir de los combustibles fósiles.

Quizás habría que empezar por aclarar contra qué estamos luchando. Porque una cosa son los gases contaminantes clásicos (dióxido de azufre, monóxido de carbono, óxido de nitrógeno, etc) y otra los gases efecto invernadero (GEI), entre los que se encuentra el co2. Los primeros son los que pueden producir enfermedades respiratorias y que se pueden ver en algunos paneles urbanos que miden la contaminación. Me sorprendió saber que contra estos no se está luchando directamente. Sí, indirectamente porque obviamente la reducción del uso de combustible fósil, disminuirá la presencia de estos gases. Pero parece importante señalar que, entre otros costes, según cálculos del Banco de España (10), pagamos un 20% de más en la factura de la luz por el exceso de emisiones que las eléctricas nos repercuten. Este impuesto no penaliza a los gases contaminantes tradicionales sino al co2 y resto de GEI. Es por su efecto de calentamiento en el planeta, no por su contaminación. Merece la pena darle una vuelta a ese tema (no sé si sabías que estamos pagando ese 20% por el cambio climático, odio dar malas noticias).

En cualquier caso, nadie puede hoy dudar de la grave contaminación de mares, ríos, costas; de la deforestación, la invasión de hábitats animales, de  la falta de reciclaje y de la necesidad imperiosa de que esta especie se vuelva sostenible e, idealmente, apueste por la economía circular hasta llegar a cero residuos.

El problema es que a día de hoy, el carbón es la energía de los países pobres, es barato, hay mucho y está bien repartido. Pero, sin procesar, su combustión es tóxica, no hay duda y no por el co2, pero también emite este gas de la discordia. Parece ético preguntarse y necesario debatir, si antes de penalizar el acceso a esta fuente, no convendría asegurarse de que tienen ya otra disponible porque hay dudas de que la transición ecológica no vaya a hundir más a las economías más desfavorecidas. De hecho, treinta años después, todavía no hay compromisos para que la financiación llegue a estos países. Pero es que en todo este tiempo tampoco se ha solucionado el problema de que aún hoy 800 millones de personas no tienen acceso a electricidad. ¿No era de pobreza de lo que estábamos hablando?

Resulta también que existen métodos de captura de carbono (antes, durante y después de la combustión de los combustibles fósiles), que pueden tener una eficacia de absorción altísima. Hay debate (o debería haberlo) sobre si  estos métodos son más baratos y menos lesivos para las economías pobres que sustituir sus fuentes tradicionales de energía. Porque también hay dudas.

Con el asunto del mercado de emisiones de co2 convendría recordar que, después de las asignaciones de derechos de emisión de co2 que concede la ONU, hay un mercado secundario que se rige por la oferta y la demanda y que, en la práctica, significa que los países ricos están comprando a los pobres sus derechos a emitir, con lo que aquellos siguen creciendo y “contaminando” mientras que estos se estancan. Es el mercado, amigos!

La gran mayoría de la opinión pública -reflejo exacto de la opinión publicada- ha asumido que la culpa humana del calentamiento global es una verdad objetiva, porque de hecho ya aparece en todos los libros escolares y en los documentales de La 2, y por tanto no hay nada más que hablar. En la izquierda, en concreto, se perciben tres razones, poco menos que inamovibles, para no albergar ni una duda sobre el tema: una, que todo esto confirma, finalmente, que el capitalismo era el problema y el cambio climático es una de sus evidencias. Dos, que trae el triunfo de la vieja y denostada bandera del ecologismo que siempre defendió la izquierda (signifique lo que signifique hoy “ecologismo”). Y la tercera pata: la identificación por antagonismo. Si VOX en España y la derecha liberal en el mundo se muestran escépticos, el votante de izquierdas tenderá a pensar, sin contrastar un solo dato, lo contrario del enemigo íntimo. Ah, las trincheras ideológicas!  

Con estas tres losas sobre la creencia profunda de una mayoría de población progresista o de izquierdas, será muy difícil que este espectro ideológico quiera saber una palabra más sobre el tema. Según dice la ciencia, la mente está configurada para descartar, de entrada, aquellos relatos que contradicen nuestro sistema de creencias. Se puede discutir una idea y eventualmente sustituirla, pero una creencia está atrapada en el ámbito pegajoso de la identidad y eso ya pertenece a la tribu, a las trincheras y se construye y se destruye con mucho tiempo, o nunca. Es lógico, nos va en juego nada menos que la estabilidad psíquica. Pero convendría mantener siempre una ventana abierta de cara a lo improbable, lo contrario, lo visceralmente distinto, incluso “al enemigo”, del cual -se dice- hay que tener más cerca que al amigo. Para empezar a rescatar las ideas del subconsciente mocoso de la identidad podríamos empezar por naturalizar el derecho del otro a estar equivocado. Todos lo estamos en algún momento, ¿no?

Tanto si coincides más con la teoría antropogénica (que el hombre es el causante) como si no, hay que reconocer claramente que hemos olvidado ejercer el derecho a poder entender, hackeado por lo que el Derecho llama floridamente argumentum ad verecundiam, o argumento de autoridad, que es una forma de falacia por la cual se defiende algo como verdadero por  el solo hecho de la posición de autoridad en la materia de quien cita el argumento. En este caso, la opinión del IPCC (el cerebro de la ONU para su gestión climática). En la práctica, esto se traduce en que deberías reprimir tus ganas de escuchar opiniones distintas en un debate -mucho menos llegar a tener una opinión propia- porque es imposible que entiendas de qué se está hablando. Ni estás ni se te espera para la cognición. Eso es asunto de los expertos.

Habría que preguntarse entonces por qué nos ponen el telediario o debates políticos, económicos, sociales, etc, si no somos ni politólogos, ni economistas, ni sociólogos. Este artículo de el diario.es defiende con fervor este famoso y falaz argumento y resume a la perfección -pretendiendo lo contrario- por qué es un sinsentido negarse a saber.

Lo malo de no tener acceso al contraste de información sobre “uno de los problemas más graves que enfrenta la humanidad”, no solo es que quizás nos estemos perdiendo información interesante de científicos que, algunos, a priori, parecen cualificados. Lo peor es la sensación de que el ciudadano medio; nosotros, agotados, saturados de facturas y cortisol por el siguiente evento dramático en los medios, ya asumimos sin mayor resignación esta flagrante anomalía democrática.

No sé si esta falla elemental en el proceso de conocer -que es contrastar- es intencionada o no, pero es lo de menos. Pongamos que es involuntaria. Que lo que nos ha llevado a esto es simplemente una conjunción de periodistas y ciudadanos acostumbrados a esta dinámica de digerir noticias sin masticar hasta que nuestro pensamiento crítico ya no detecta este tipo de cosas, como el órgano que se empieza a atrofiar por falta de uso.

Aún no es tarde para recordarlo: hay dudas razonables sobre la lucha contra el cambio climático que requieren debate y aunque no seas un experto, tienes derecho a entender. Del mismo modo que tienes derecho a votar, aunque no seas politólogo.

Referencias
(1) http://www.petitionproject.org/
(2) https://www.youtube.com/watch?v=_TT-wyrRLhE
(3) https://www.nasa.gov/feature/goddard/2016/carbon-dioxide-fertilization-greening-earth
(4) https://twitter.com/ClaveCulturalTV/status/1538949266164654082
(5) https://www.nejm.org/doi/full/10.1056/NEJMra1807873.
(6) https://www.nejm.org/doi/full/10.1056/NEJMra1807873.
(7) https://www.dicc.hegoa.ehu.eus/listar/mostrar/144
(8) https://www.abc.es/sociedad/20151016/abci-hambre-201510161207.html
(9) https://www.csic.es/es/actualidad-del-csic/antonio-turiel-la-escasez-de-materiales-es-una-estaca-en-el-corazon-de-la
(10) https://www.abc.es/economia/abci-funciona-mercado-alimenta-disparada-escalada-202109060128_noticia.html
(11) https://www.elconfidencial.com/medioambiente/clima/2022-07-01/financiacion-climatica-no-llega-a-paises-pobres_3451755/

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2 COMENTARIOS

  1. Mi más sincera enhorabuena por la lucidez de este artículo y su elegante y divertida ironía del sinsentido actual. Para enmarcar!!! 👏🏼👏🏼👏🏼

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