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Un 9 de mayo interesante por dos motivos distintos

Domingo Sanz
Domingo Sanz
Nacido 1951, Madrid. Casado. Dos hijos y tres nietos. Cursando el antiguo Preu, asesinato de Enrique Ruano y la canción de Maria del Mar Bonet. Ciencias Políticas. Cárcel y todo eso, 1970-71. Licenciado en 1973 y de la mili en 1975. Director comercial empresa privada industrial hasta de 1975 a 1979. Traslado a Mallorca. de 1980 a 1996 gerente y finanzas en CC.OO. de Baleares. De 1996 hasta 2016, gerente empresa propia de informática educativa: pipoclub.com Actualmente jubilado pero implicado, escribiendo desde verano de 2015.
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análisis

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Aún quedan dos meses, pero gracias a la publicidad he sabido que cada 9 de mayo se celebra el Día Mundial de los Calcetines Perdidos, sin duda uno de nuestros grandes dramas salvo que aparezca alguien demostrando que nunca fue derrotado por alguna de esas prendas, tan pequeñas y necesarias como infieles y delatoras. Incluso hay quien ha cambiado la lavadora para no tener que buscar en el filtro.

Claro que existe el truco de enganchar cada par de iguales, pero, a la vista de que los escapistas han conseguido un Día Mundial solo para ellos, no parece que la solución del imperdible haya sido suficiente.

Para evitar tanto fracaso propongo desterrar el concepto “par de calcetines iguales” y que a partir del próximo 9 de mayo sólo se ofrezcan en las tiendas ejemplares sueltos de colores y diseños distintos, aunque agrupados por tallas para no desesperar. A sabiendas, eso sí, de que al final de cada jornada laboral el caos en las montañas de calcetines será irreversible y mundial.

A cambio, la clientela se sentirá como en casa después de la colada, pero en un ambiente mucho más divertido, con grandes jolgorios compartidos a muchas voces y manos que intentan imaginar los mismos pies vestidos con envoltorios distintos para satisfacer el infinito abanico de gustos y preferencias que cada cual lleva dentro, pero sin poder violar la ley del distinto.

Cerraremos este primer motivo para disfrutar del próximo 9 de mayo confiando en que los autoritarios reales no tomen el poder comercial y prohíban cualquier clase de calcetín para imponer leotardos, leggins o similares con el objetivo de “matar al perro”, pues con la “rabia” de perder calcetines hemos conseguido un día mundial de risa compartida y que los publicitarios se atrevan a dedicarle un pico de su presupuesto.

Pero en España pasan cosas únicas y propongo celebrar, también cada 9 de mayo, el Día Español de Confesar Oportunidades Perdidas, algunas de las cuales podrían importar más a cualquiera que un calcetín sin pareja.

Esta nueva fiesta la propongo en honor de Carmen Calvo, que hoy sólo es diputada por voluntad propia y no hace falta estar de acuerdo con lo que vota para aceptar que el 9 de mayo de 2022 prefirió libertad de palabra en lugar de cacho de poder y regresar a la complicidad de los silencios.

Aunque hace diez meses ese día fuera el de los Calcetines Perdidos, la ex vicepresidenta aprovechó para contarnos a través de “El País” que “Yo lo plantee, se barajó, se puso sobre la mesa y no se vio la oportunidad en ese momento, ni por parte del presidente del Gobierno ni por parte del PP ni por parte de la Casa Real”. El título de la noticia decía que “El Gobierno descartó eliminar la inviolabilidad del Rey…”.

Por tanto, gracias a Calvo supimos que Felipe VI había perdido poco antes una gran oportunidad al decidir, por voluntad propia, seguir siendo tan inimputable como cualquier incapaz mental certificado o como dos menores de 14 violando en grupo a una niña de 11 en los baños de un centro comercial de Badalona. O más impune ante los tribunales que cualquier poderoso imposible, pues nadie podrá jamás comprar la voluntad de todos los jueces si la ley no le concede ese privilegio. O tan “inviolable” como proclama el artículo 56.3 de la Constitución cuando la fiscalía lo tergiversa a favor del rey anterior sin tener en cuenta un artículo 64 que establece los límites de esa ventaja.

El 9 de mayo de 2022 también supimos que el presidente del Gobierno de Coalición Progresista y el del PP perdieron la oportunidad de hacer cumplir ese artículo 14 de la Constitución que dice que todos somos iguales ante la ley, sin excepciones de ninguna clase.

Y también gracias a la propia Carmen Calvo supimos que ella misma había perdido la oportunidad de, por ejemplo, filtrar a la prensa, pero en tiempo real, las gestiones que tenían en marcha para acabar con la impunidad del rey. De hecho, si lo terminó confesando el 9 de mayo de 2022 fue porque lo ocultó en contra de su conciencia, pues publicarlo no hubiera puesto en riesgo las vidas de terceras personas ni la seguridad del Estado. Y, en cambio, quién sabe si se hubiera conseguido la reforma que pretendía, avergonzados públicamente los tres jinetes de la “inoportunidad” por las fechorías del padre del principal. O, ella misma, consolidar su posición en el Gobierno gracias a su valentía. O, si Sánchez ya la tenía condenada, abandonar el Gobierno por la puerta grande.

A estas alturas me preguntará usted a qué viene mezclar calcetines y oportunidades, incluso aunque Felipe VI pueda perder ambas cosas. Entonces le responderé que el dinero es el idioma total y que, con los 65 millones que su padre no habría entregado a su amante Corinna si el Estado hubiera podido vigilarlo como a usted o como a mí, se podrían haber comprado millones de pares. Y también de otras ropas muy necesarias.

Y me permitirá que le responda también compartiendo una duda. Para cuando dentro de dos meses celebremos el 9 de mayo de 2023, ¿estaremos más cerca en el Reino de España de acabar con la vergüenza de la impunidad del rey, o en todo el mundo de arreglar la tragedia de los calcetines perdidos, aunque la solución no sea la propuesta en esta risa con tan poca gracia?

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