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Vacunas e inmunidad de grupo

Juan Gérvas / Mercedes Pérez Fernández
Juan Gérvas / Mercedes Pérez Fernández
Juan Gérvas, Doctor en Medicina, médico general rural jubilado, Equipo CESCA, Madrid, España. Mercedes Pérez-Fernández, especialista en Medicina Interna, médico general jubilada, Equipo CESCA, Madrid, España.
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análisis

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Frente a las infecciones, desarrollo y buenos alimentos Ante las enfermedades infecciosas, la respuesta humana ha incluido milenarias decisiones de higiene, como el aislamiento de leprosos o la búsqueda de agua limpia. La situación se complicó también con la revolución agrícola y ganadera al conllevar el asentamiento y la agrupación de individuos en pueblos y burgos hasta generar las actuales mega-ciudades.

La higiene empezó a ser clave en salud pública con decisiones acerca de los entierros, por ejemplo. Con el desarrollo de obras públicas de suministro y depuración de aguas fue más fácil controlar las infecciones pues, como bien se dice, «no hay mejor vacuna que lavarse las manos».

Las medidas frente a las infecciones son de:

1/ higiene (el citado suministro y depuración de aguas, viviendas de calidad que eviten el hacinamiento, etc),

2/ de mejoras de nutrición (por ejemplo, la tuberculosis se combate especialmente eliminando la extrema pobreza y la desnutrición consiguiente, además de evitando el hacinamiento),

3/ el establecimiento de un sistema nacional sanitario de cobertura pública que lleve los recursos a donde más se precisan,

4/ el desarrollo y mejora de vacunas y programas de vacunación y

5/ el uso adecuado de antibióticos, sueros y antivirales, la prestación de servicios de cirugía (para apendicitis, bartolintis, osteomielitis y otras infecciones), etc.

Es decir, frente a las infecciones precisamos políticas muy globales, clínicas y de salud pública.

Externalidad positiva de la vacuna del sarampión (inmunidad de grupo)

Algunas vacunas, muy pocas, protegen a la comunidad. Es decir, protegen a quien se vacuna y además a los demás. Es lo que se llama «externalidad positiva», porque beneficia a terceros.

El ejemplo clásico es el de la vacuna del sarampión, que protege a quien se vacuna y a la comunidad (porque corta la vía de contagio y transmisión al ser el virus solamente transmisible por humanos).

Quienes se vacunan corren con los efectos adversos de la vacuna del sarampión y, al tiempo, generan anticuerpos que les defienden del desarrollo de la enfermedad, y quienes no se pueden vacunar (por ejemplo, pacientes con tratamiento de quimioterapia) se benefician de que no circule el virus del sarampión.

Externalidad positiva de la vacuna oral de la poliomielitis (inmunidad de grupo)

Otro ejemplo de externalidad positiva, con mecanismo distinto, es el de la vacuna de la polio oral.

Los virus debilitados de dicha vacuna se excretan y acaban «contaminado» a la comunidad, que se vacuna espontáneamente a partir de dichos virus debilitados, circulantes desde las heces de los vacunados.

La externalidad negativa de los antibióticos

Las medidas de salud pública tienen que ser dinámicas ante las infecciones, pues los microbios evolucionan para superar las barreras humanas. Buen ejemplo es la resistencia a los antibióticos, que es una «externalidad negativa» pues se hace daño a quien no ha tenido nada que ver con el uso de antibióticos.

Por ejemplo, España es origen de cepas bacterianas resistentes que se «exportan» al mundo entero, dañando a personas y poblaciones que no tuvieron nada que ver con el uso español, incorrecto y abusivo, de antibióticos.

La externalidad negativa de la vacuna de la tosferina

También es buen ejemplo de externalidad negativa el cambio inducido por la vacuna de la tosferina, que ha hecho que el microbio se transforme e incremente su agresividad. Este cambio inducido, esta evolución forzada, es una «externalidad negativa», porque daña a terceros, daña a la comunidad (al grupo).

Además, dicha vacuna es muy ineficiente, su efecto apenas dura cuatro años, y nunca impide el contagio y la transmisión del microbio. Por ello, mientras dura el efecto de la vacuna, los vacunados se convierten en un peligro porque pueden difundir el microbio sin tener síntomas. Sucede lo mismo con la vacuna de la difteria, y otras muchas vacunas como las de la difteria, gripe y covid-19 que transforman a los vacunados en «portadores» de gérmenes que dañan a los no vacunados.

La tosferina es enfermedad leve (muy molesta por la tos persistente y quintosa) en los países enriquecidos, donde se presta atención clínica adecuada, pero la tosferina es grave y causa de muerte cuando se asocia a inequidad, pobreza, hambre y malas condiciones de vida y donde falta de un sistema sanitario público de cobertura universal (el 95% de las muertes por tosferina se da en los países empobrecidos).

La externalidad negativa de la vacuna de la poliomielitis

Ejemplo distinto de externalidad negativa es la de la vacuna de la polio oral, que ha llevado a la difusión en el mundo de nuevos virus de la polio derivados de los virus debilitados de la vacuna de la polio.

Es decir, la vacuna de la polio ha sido un éxito por su externalidad positiva ya comentada, pero en la actualidad es un problema por su externalidad negativa al generar virus mutados a partir de los virus debilitados de la propia vacuna. De hecho, en los países enriquecidos ya no se utiliza la vacuna de la polio oral, sino la vacuna de la polio inyectable (que no tiene ni externalidad positiva ni externalidad negativa).

En la actualidad, la mayor parte de los casos de polio en el mundo son casos producidos por virus derivados de la vacuna de la polio.

Externalidad negativa de la vacuna de la varicela

Alguna vacuna, como la de la varicela, produce daños a terceros por su «calendario».

Cuando se vacuna contra la varicela solamente en la adolescencia y solo a quien no ha pasado la enfermedad, la mayoría de la población pasa la enfermedad en la infancia y queda inmunizada espontáneamente de por vida. Con ello se evitan las muertes por varicela (básicamente en mujeres embarazadas, por neumonía) y los herpes zóster en ancianos.

Al cambiar el «calendario vacunal» y pasar a vacunar contra la varicela en la infancia, como se ha hecho en España, puesto que la vacuna es muy deficiente y la inmunidad no dura de por vida, quedan desprotegidas las mujeres embarazadas y los ancianos. Es decir, se daña a la comunidad, se daña a terceros.

Manipulación de la externalidad positiva

En la propaganda de las vacunas se suele utilizar el «por ti y por los demás», y el mensaje subliminal de «por tu culpa». Bien se vio con la vacuna de la covid19, que sabíamos no impide ni el contagio ni la transmisión, pero la propaganda fue constante para crear una sensación de culpa, incluyendo el maligno mensaje de «¿invitarías a la cena de Nochebuena a un no-vacunado?».

Manipulación sin ética ni ciencia.

Al contrario, los vacunados covid-19 son un peligro para la comunidad, portadores del virus.

Síntesis

Algunas vacunas solo producen inmunidad personal, por ejemplo la del tétanos, la de la polio inyectable y la de la rabia, y no tienen ni externalidad positiva (inmunidad de grupo), ni externalidad negativa (daño a terceros).

Muchas vacunas tienen externalidad negativa, y dañan a terceros, bien por forzar la evolución a formas más agresivas de los gérmenes (como la vacuna de la tosferina), bien por facilitar la difusión de los gérmenes (como la vacuna de la covid-19, de la gripe, de neumococos, de la difteria y otras), bien por generar nuevos gérmenes (la vacuna de la polio oral), bien por mecanismos complejos (la vacuna de la varicela en la infancia).

Muy pocas vacunas producen inmunidad personal y de grupo (benefician al tiempo al individuo y a la comunidad), como la del sarampión.

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