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¿Valenciano y/o catalán en el Congreso?

Jordi Sedó
Jordi Sedó
Filólogo y maestro. Su formación es fundamentalmente lingüística. Domina siete idiomas y, profesionalmente, se ha dedicado a la enseñanza, a la sociolingüística y a la lingüística. Se inició en la docencia en un centro suizo y, posteriormente, ejerció en diferentes localidades de Cataluña. Hoy, ya jubilado de las aulas, se dedica a escribir, mayormente libros y artículos periodísticos, da conferencias y es el juez de paz de la localidad donde reside. Su obra escrita abarca los campos de la lingüística, la sociolingüística, la educación y el comentario político. También ha escrito varios libros de narrativa.
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análisis

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Inmediatamente después de anunciar, la nueva presidenta del Congreso de los Diputados, la señora Francina Armengol, que permitiría el uso del catalán del vasco y del gallego, junto al del castellano en la cámara, salieron las voces discordantes del Partido Popular del País Valenciano reclamando también el uso de su lengua, esa supuesta lengua valenciana que nadie con dos dedos de frente defiende como diferente del catalán.

El gobierno valenciano del PP y de Vox ha anunciado, incluso, que presentará una moción “por la lengua, la cultura y las señas de identidad” valencianas reclamando que no se haya tomado la opción de autorizar también el uso del valenciano.

Ellos, precisamente ellos, que jamás han movido ni un solo dedo para defender la lengua propia del País Valenciano, ni desde el Gobierno ni desde la oposición, sino que han actuado a la contra siempre que han podido, levantan ahora la voz simulando que intentan defenderla, cuando, en realidad, lo que pretenden no es reivindicar el valenciano, puesto que jamás lo han hecho, sino, muy al contrario, introducir un elemento de discordia para dificultar, en lo posible, el uso del catalán en la Cámara. Y diré más: podría ser que su intención fuera, si cabe, más aviesa todavía en el caso más que probable de que pretendieran valerse de esta falacia como coartada para continuar, ellos, sin utilizar la lengua propia de su territorio en la Cámara, pretextando que, supuestamente, se habría autorizado el uso del catalán, pero no el del valenciano.

El expresidente socialista de la comunidad, Ximo Puig, ya se ha apresurado a proponer a la presidenta que acepte formular su decisión con la doble denominación “catalán/valenciano”, en un intento salomónico de contentar a todo el mundo, tan innecesario como redundante, ya que la denominación “catalán” incluye, sin duda, la variante valenciana, como incluye la balear y todas las demás. ¿Alguien entendería que la Constitución consagrara como oficial el idioma castellano/andaluz? Pues eso.

Pero si, como parece, al final, triunfa la propuesta de Ximo Puig, se me plantea una pregunta de la que creo tener la respuesta: ¿los diputados de las formaciones que están en el Gobierno valenciano, los  del PP y los de Vox, partidos que dicen haberse sentido ninguneados por una supuesta marginación del llamado valenciano, van a utilizarlo en el Congreso a partir de esta autorización? Porque si no lo hacen, quedará bien claro que su intención no era, como ya anuncio más arriba, favorecer el uso de la lengua propia de la comunidad, sino nada más y nada menos que entorpecerlo.

Ya en el lejano año 1975, veintitrés académicos de la Real Academia de la Lengua Española y de la Real Academia de la Historia suscribieron una declaración, que ratificaron en 1980, cuyo texto se incluye en este artículo y deja meridianamente claro que es una memez de tamaño considerable pretender que el catalán y el valenciano sean lenguas distintas. Ambos son variantes dialectales de una misma lengua, llamada universalmente catalán y que, en el País Valenciano, recibe tradicionalmente el nombre de valenciano, sin que, de ello, deba desprenderse que se trata de una lengua distinta.

Vean, a continuación, el texto en cuestión, que también pueden encontrar aquí: https://www.lafranja.net/?page_id=876.

REAL ACADEMIA DE LA LENGUA ESPAÑOLA

REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA

Los firmantes, miembros de las Academias Española y de la Historia, habiendo conocido la peculiar controversia que durante meses pasados se ha hecho pública en diversos órganos de prensa valencianos, acerca del origen de la lengua hablada en la mayor parte de las comarcas del País Valenciano, y a petición de personas interesadas en que demos a conocer nuestra opinión sobre este asunto, científicamente aclarado desde hace muchos años, deseamos expresar, de acuerdo con todos los estudiosos de las lenguas románicas:

Que el valenciano es una variante dialectal del catalán. Es decir, del idioma hablado en las islas Baleares, en la Cataluña francesa y española, en la franja de Aragón, en la mayor parte del País Valenciano, en el Principado de Andorra y en la ciudad sarda de Alguer.

Por todo ello, nos causa sorpresa ver este hecho puesto públicamente en duda y aun ásperamente impugnado, por personas que claramente utilizan sus propios prejuicios como fuente de autoridad científica, mientras pretenden ridiculizar e incluso insultar a personalidades que, por su entera labor, merecen el respeto de todos y en primer lugar el nuestro.

Se hace fácil suponer que tras esas posiciones negativas se ocultan consideraciones y propósitos que en nada se relacionan con la verdad de un hecho suficientemente claro para la filología y para la historia.

Es culturalmente aberrante todo intento —como el que contemplamos— de desmembrar el País Valenciano de la comunidad idiomática y cultural catalana, por la que, como escritores e intelectuales españoles, no tenemos sino respeto y admiración, dentro de la cual el País Valenciano ha tenido y tiene un lugar tan relevante.

En la ilustración que acompaña este artículo, se distingue claramente la casi totalidad de los nombres de quienes, en absoluto sospechosos de catalanismo y, sobre todo, personalidades muy relevantes en el ámbito de las letras y de la historia, no dudaron en comprometer su firma con esta afirmación, nada arriesgada, por cierto, pues recibe el aval, sin excepción, de todas las universidades del mundo que se han ocupado del tema. Hasta la Acadèmia Valenciana de la Llengua, inicialmente reacia a hacerlo, convino en la unidad idiomática ya en el año 2005, dando por zanjada la cuestión con este dictamen, cuyo fragmento traduzco al castellano y que también podrán encontrar aquí en lengua original y completo: https://ca.wikisource.org/wiki/Dictamen_de_l%27Acad%C3%A8mia_Valenciana_de_la_Llengua_sobre_els_principis_i_criteris_per_a_la_defensa_de_la_denominaci%C3%B3_i_l%E2%80%99entitat_del_valenci%C3%A0.

“De acuerdo con las aportaciones más solventes de la romanística acumuladas desde el siglo XIX hasta la actualidad (estudios de gramática histórica, de dialectología, de sintaxis, de lexicografía…), la lengua propia e histórica de los valencianos, desde el punto de vista de la filología, es también la que comparten las comunidades autónomas de Cataluña y de les Islas Baleares y el Principado de Andorra. Así mismo es la lengua histórica y propia de otros territorios de la antigua Corona de Aragón (la franja oriental aragonesa, la ciudad sarda de Alguer y el departamento francés de los Pirineos Orientales”.

Tanto desde Cataluña como desde el País Valenciano, también se han escuchado con frecuencia numerosas voces de especialistas y de distintas entidades proclamando la unidad de la lengua y clamando por el cese de afirmaciones en sentido contrario que no tienen fundamento alguno y que son el hazmerreír en el ámbito universitario. Sin embargo, me ha parecido pertinente no utilizar aquellas en este artículo por si alguien tuviera la tentación de tildarlas de partidistas y, por ello, he preferido hacerme eco solamente de la autorizada voz de los académicos.

Negacionistas del cambio climático, iluminados que afirman que la Tierra es plana, los que niegan la existencia de la violencia de género, aquellos que aseguran que los toros no sufren durante la corrida y otros seres igualmente friquis podrían juntarse con los que hoy niegan o ponen en duda todavía que catalán y valenciano son una misma lengua y celebrar juntos encendidos y redundantes debates autocomplacientes que no conducen a parte alguna sino a un confusionismo que se sostiene, simplemente, gracias al oscurantismo. Gracias, por consiguiente, a la ignorancia de unos y a la mala fe de otros.

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