La pareja de Ayuso y sus negocios oscuros: una trama de avaricia en plena crisis sanitaria global

18 de Marzo de 2024
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Alberto González Amador, pareja de la presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso, se esmeró en ser un buen conseguidor e intermediario en una operación fallida para vender vacunas contra el COVID-19 a Costa de Marfil. El negocio involucraba la venta de dosis de AstraZeneca a un precio exorbitante de 16,9 dólares cada una, muy por encima del precio estándar de menos de tres euros, con el objetivo de obtener una comisión del 7,5% que ascendería a más de dos millones de dólares para repartirse con su socio mexicano.

Una oportunidad de Lucro para el Círculo de Ayuso

Esta nueva trama de intento de lucro en un momento desesperado en el mundo, desvelada por eldiario.es se destapó a través de una factura falsa por valor de 922.585 euros, revelando así la profundidad de las maquinaciones de González Amador. La factura era parte de un conjunto de documentos presentados ante la Agencia Tributaria española, en un intento de reducir sus obligaciones fiscales mediante la alegación de gastos inexistentes. Este acto no solo arroja luz sobre las prácticas dudosas del novio de Ayuso, sino también sobre la vulnerabilidad de los sistemas reguladores y tributarios ante la astucia de individuos decididos a explotar las brechas para beneficio personal.Aún a costa de la salud de otras personas.

Intento de lucro en Costa de Marfil

La operación, inicialmente concebida durante una visita a Costa de Marfil para explorar oportunidades de negocio en el ámbito de la sanidad, se tornó rápidamente en un esquema para aprovechar la necesidad urgente de vacunas contra el COVID-19 en el país africano. González Amador y sus asociados trataron de adquirir y vender millones de dosis a un precio inflado, utilizando su empresa Maxwell Cremona y colaborando con Mape Asesores, una entidad con la que ya habían realizado negocios lucrativos previamente.

A pesar de los intentos de establecer un precio final de venta y asegurar la licitación a través de Tec Pharma Europe, el gobierno de Costa de Marfil rechazó la oferta debido al elevado costo de las vacunas, frustrando así el acuerdo. Este fracaso no detuvo a González Amador, quien intentó justificar ante la Agencia Tributaria gastos asociados a un negocio que, en realidad, nunca se materializó.

La investigación de la Agencia Tributaria y la posterior denuncia de la Fiscalía Provincial de Madrid contra González Amador se basaron en un detallado informe que incluía correspondencia y documentación proporcionada por el mismo González Amador. A pesar de sus esfuerzos por legitimar las operaciones y las comisiones pretendidas, las autoridades identificaron un patrón de conducta orientado a evadir obligaciones fiscales mediante el uso de facturas fraudulentas.

Una profunda inmoralidad de la pareja de Ayuso

Este caso no solo pone de relieve las maniobras cuestionables de González Amador sino que también subraya una profunda inmoralidad en la explotación de la crisis sanitaria para obtener ganancias financieras. La tentativa de vender vacunas a un precio significativamente elevado en un momento de necesidad global desesperada es un acto de avaricia que socava los principios éticos y morales, especialmente cuando se juega con la salud de las personas.

La pandemia en África

El contexto de la pandemia de COVID-19 en África, en particular, refleja la desigualdad y los desafíos enfrentados por los países en desarrollo en el acceso a vacunas. Mientras que los países ricos acapararon dosis y avanzaron rápidamente en sus campañas de vacunación, muchas naciones africanas lucharon por obtener el suministro necesario para proteger a sus poblaciones. Iniciativas como COVAX surgieron para mitigar esta disparidad, pero la escasez y la dependencia de donaciones continuaron siendo obstáculos significativos.

El intento fallido de González Amador de beneficiarse de esta crisis ilustra un desdén flagrante por la dignidad humana y la equidad en el acceso a la salud. Su historia es un recordatorio sombrío de que, incluso en tiempos de crisis global, hay quienes buscan explotar las vulnerabilidades para su propio beneficio, en lugar de contribuir a soluciones colectivas para el bienestar común.

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