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Clases Medias, mediaclase

Jesús Ausín
Jesús Ausín
Pasé tarde por la universidad. De niño, soñaba con ser escritor o periodista. Ahora, tal y como está la profesión periodística prefiero ser un cuentista y un alma libre. En mi juventud jugué a ser comunista en un partido encorsetado que me hizo huir demasiado pronto. Militante comprometido durante veinticinco años en CC.OO, acabé aborreciendo el servilismo, la incoherencia y los caprichos de los fondos de formación. Siempre he sido un militante de lo social, sin formación. Tengo el defecto de no casarme con nadie y de decir las cosas tal y como las siento. Y como nunca he tenido la tentación de creerme infalible, nunca doy información. Sólo opinión. Si me equivoco rectifico. Soy un autodidacta de la vida y un eterno aprendiz de casi todo.
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análisis

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Anochece en la ciudad. Los últimos comercios abiertos, hace rato que echaron las persianas. La luz tenue de farolas y escaparates van sustituyendo la claridad del ocaso. Juan Mari, sale de un tenebroso portal dónde, en el piso primero, recibe clases para preparar las oposiciones para policía. Al subir por Santa María, en dirección al metro de Antón Martín, escucha voces a lo lejos. Por el ritmo y la cadencia, parecen consignas. Cuando dobla la esquina de la Calle León, los cánticos se han convertido en algarabía y comienza a vislumbrar, calle abajo, gentes a la carrera por la calle Atocha. Juan Mari sigue caminando tranquilo a buen paso por la calle León rumbo a la boca de metro. Sólo quiere llegar a casa cuanto antes. Al doblar la esquina de la calle Atocha, una enorme porra, impacta contra su cabeza. Cuando despierta, lo hace en una camilla, bajo un toldo amarillo, entre personas que van y vienen atendiendo a otros heridos. Un técnico sanitario del SAMUR, le pregunta como se siente. Juan Mari, no entiende cómo ha llegado allí. El enfermero le explica que un policía le ha hecho una brecha en la cabeza que ha necesitado de siete puntos de sutura. ¿Por qué? Pregunta incrédulo el enfermo. Porque estabas en la manifestación, le responde el sanitario. Pero, ¡si acabo de salir de clase!

Cuando sale del hospital de campaña que el SAMUR ha montado en la Plazuela de Antón Martín, pide copia del informe médico. Piensa denunciar al policía. El Médico del SAMUR le dice que es mala idea. Si lo hace, la policía le denunciará a él por atentado a la autoridad y dirán que usaron la fuerza porque Juan Mari se puso violento. Pero él, no tiene nada que temer. Él quiere ser policía y lo que le han hecho es indecente e intolerable e insiste en la copia del informe con la que se acercará al juzgado de guardia para poner la denuncia.

Juan Mari, es el segundo hijo de un matrimonio que vive en un piso de setenta metros, hipotecado, situado en un barrio obrero de la periferia de la gran ciudad. El padre, que lleva trabajando desde que cumplió los dieciséis y ha sido recadero, frutero y pollero, ahora es cartero y los días de feria taurina, monosabio en las Ventas, es un tipo altanero, racista y homófobo. La madre compagina las labores del hogar con las de asistenta por horas en uno de los barrios residenciales cercanos. Ninguno de los dos ha viajado nunca en avión. Sólo se han ido de vacaciones a un hotel dos veces desde que se casaron y una de ellas fue durante la luna de miel. Los veranos los pasan principalmente en casa, aunque desde hace un lustro, se van de prestado una semana a un apartamento de la hermana de ella en la playa. No les gusta porque tienen que convivir con el rojo de su cuñado (es del PSOE) y compartir un minúsculo baño para siete personas, pero no les queda otra si quieren salir de vacaciones. La hipoteca, el préstamo del coche nuevo y la academia de Juan Mari, la universidad de su hermano mayor y el colegio privado concertado del pequeño, cuya aportación, bajo cuerda, es cercana a los 300 euros mensuales, se llevan la mayor parte de los ingresos del matrimonio. Comer, cada día más difícil. Muchas patatas, mucha pasta, ningún pescado fresco, todo congelado y poca fruta porque son cinco y está muy cara. Yogures de marca blanca, postres industriales y ensaladas de lechuga de la barata, completan una dieta monótona y aburrida. En invierno, muchos garbanzos, con huesos y poca carne, lentejas viudas, judías pintas o blancas con un poco de cebolla, son la forma habitual, como dice el padre, de llenar el buche.

Ellos se consideran la típica familia de clase media. Hace unos días, en una chica del barrio llamó a su puerta para hacerles una encuesta. Era de una plataforma para salvar el Ramón y Cajal, les dijo. Ellos no saben de qué hay que salvar al hospital, pero como era su vecina, accedieron a contestar unas veinte preguntas sencillas. Una de ellas era en qué tipo de clase social se encuadraban y otra si consideraban que económicamente estaban en la normalidad, por encima o por debajo. Ellos dijeron orgullosos que eran de clase media y económicamente por encima de lo habitual. Aunque en otra de las preguntas contestaran que les cuesta llegar a fin de mes y en otra que nunca se van de vacaciones. Sobre el colapso sanitario dijeron que a ellos no les afecta porque están sanos y tienen una póliza privada y ni siquiera sabían que su hospital de referencia es el Ramón y Cajal.

Al finalizar la encuesta, se sintieron bastante ofendidos. Porque ellos son españoles de bien. No se meten con nadie, no se meten en política y no les gustan los líos. Les molestó bastante la pregunta sobre Cataluña  y a la de si creen que en Euskadi sigue habiendo terroristas, contestaron con rotundidad, que si.. Lo de si los comunistas están en el gobierno, fue la gota que colmó el vaso porque deberían estar todos en la cárcel.

Hoy se ha celebrado el juicio por los sucesos de Atocha en la manifestación de Rodea el Congreso. Juan Mari, ha sido condenado a 2 años y un día de prisión por atentado a la autoridad. Un vídeo relataba claramente que Juan Mari caminaba solo, fuera del recorrido, cuando la porra del policía impactó contra su cabeza al doblar la esquina. Pero no había sido admitido como prueba. En cambio, sí el testimonio del policía y sus compañeros que relataron que Juan Mari les había agredido con una barra de hierro  y con botellas sacadas de un contenedor de vidrio.

Ya no podrá ser policía.

*****

Clases Medias, mediaclase

O eres trabajador o trabajan para ti. 
La clase media es trabajadora, 
solo que en época de excedentes ha estado sobre pagada 
y se ha creído otra cosa.
Belen Gopegui. Escritora

Sentenciaba el otro día en Twitter el doctor en economía Santiago Niño Becerra, gurú económico de los oyentes de la SER, que la clase media tiende a desaparecer porque ya no es necesaria. Decía que inventada tras la II Guerra Mundial para multiplicar con su trabajo el PIB y apaciguar la paz social, pero que como la demanda de trabajo es decreciente y la paz social ya no es necesario comprarla porque las personas han dejado de luchar y es más barato comprar su paz con otras cosas que no sean derechos como salarios elevados o condiciones laborales decentes, esa clase a la que tantos y tantos españoles creen pertenecer, está en serios problemas de extinción. Y para demostrarlo, comparaba a la clase media con los motores sociales de la edad media como los clérigos, la servidumbre de la gleba o los burgueses. Clases, que según él dejaron de existir por la evolución del capitalismo. Y aseguraba que ahora esa evolución capitalista nos ha llevado hacia el capital y la tecnología en manos de corporaciones, lo que nos lleva a la ineficacia de la existencia de una clase media que ya no es necesaria para la producción y por tanto acabará por ser cosa del pasado.

No seré yo el que le tenga que recordar a don Santiago que el Capitalismo necesita consumidores, que comer y beber es una necesidad fisiológica y que con 8.000 millones de almas sobre la tierra, la mayor parte de ellas, resistiendo las duras condiciones de las ciudades, cultivar, transportar, comprar y vender o manufacturar, de momento, sigue siendo imprescindible para alimentar a la población. Y que para todo ello, hace falta mano de obra. Y que esa mano de obra trabaja, aunque cada vez con menos salarios y peores condiciones laborales, por un salario que le permite ver la televisión (que tiene operarios para realizar su programación), tomarse una caña en un bar (que tiene camareros) o en el caso de los más afortunados, irse a la playa o a visitar lejanos y pintorescos lugares (lo que necesita personal de hoteles, camareros, Kellys, etc.).

Yo también creo que la case media ha desparecido, pero no porque no sea necesaria el aporte de mano de obra al PIB, ni siquiera por una paz social ganada a base de inyectarnos consumismo, conformidad y espejismos de rico en nuestro cerebro, sino porque con todo ello, hemos vuelto a una nueva edad media en la que los nobles han sido sustituidos por auténticos hijos de puta egocéntricos y especuladores que carecen de cualquier mínimo sentido humanitario que se han convertido en los nuevos señores intocables e impunes que ha conseguido para su patrimonio y su comportamiento un régimen alodial. Eso ha traído precariedad, inestabilidad económica y egocentrismo que ha reconvertido a la clase media en una nueva clase de pecheros.

Pronosticaba en el mismo hilo don Santiago, que llegados al punto en el que todo el capital está en manos de estos adoradores del hijoputismo (él los llama corporaciones) además de la Clase Media, el Estado se hace también innecesario. Quizá lo que quería decir es que llegado al punto de este nuevo Medievo en la que estamos, el estado se vuelve inútil para controlar y hacer que estos vividores sean ciudadanos con deberes que cumplan escrupulosamente con la legislación que en teoría nos hemos dado para que el ser humano viva en sociedad y no en la selva. La ley no existe para los poderosos. Da igual si han dejado morir, contraviniendo el artículo 195 del Código Penal, a más de 35.000 ancianos. Da igual si montaron un grupo terrorista desde las alcantarillas del estado para asesinar a inocentes (Segundo Marey, por ejemplo). Da igual si se ha prevaricado y ejercido cohecho en contratos públicos para comprar mascarillas con el covid, da igual si hay comisiones ilegales del 3 %, da igual que haya más de 500 casos de corrupción con un coste superior a los 125.000 millones porque ni Aguirre, ni Cifuentes, ni Rajoy, ni González, ni Pujol, ni siquiera condenados como Zaplana pisarán la cárcel. Porque en un país que es un estado fallido, con un régimen continuación del consolidado por la eliminación (genocidio) en los años cuarenta y cincuenta de toda persona que pudiera ser mínimamente opositora, que se comporta como una banda, la legalidad sólo existe para la plebe. Y eso, desgraciadamente es algo que se repite en todo el mundo capitalista. En la antigua Edad Media, los nobles ejecutaban a los plebeyos porque sí. Hoy, para que todo parezca más humano y democrático, los miembros de la secta del hijoputismo mandan a las hordas de abogados para que un juez, acabe dictaminando que el mafioso de turno tiene derecho a su honorabilidad y o bien acabe con el denunciante en la cárcel o lo que es peor, con una indemnización a cuestas que le acabe arruinando la vida y sirva de aviso a otros navegantes díscolos.

Hay una conjetura del hijoputismo liberal que dice que si bien el capitalismo ha dinamitado la estabilidad social, aumentando las desigualdades, reduciendo los salarios hasta hacer que el trabajo, como en el otro Medievo, no sea capaz de procurar alimento necesario al ser humano, ha atacado el gasto social y destruido los servicios públicos, no debemos ocultar “su fabulosa contrapartida en forma de unas mayorías sociales satisfechas y pacificadas en los países ricos”. El aumento de la pobreza hasta extremos inhumanos, y que los jóvenes tengan que estar parados o trabajar por salarios de miseria en puestos de trabajo inferiores a su preparación, se compensa según ellos “por medio del acceso a tecnología, moda y alimentos producidos a lo largo del mundo y a precios de ganga. Por toda clase de “experiencias” que serían impensables de otra forma y que van desde la generalización de la gastronomía étnica hasta el turismo low cost. U otros como la “chacha” inmigrada o la facilitación del crédito”. Es fácil deducir que quienes así argumentan viven en un mundo imaginario inexistente para la mayor parte de esa clase que se cree media y que sólo son bultos sostenedores de un sistema que les arruina económica, moral y humanamente. Usted querido lector, igual es un afortunado que ha visitado decenas de esos lugares exóticos en avión. Ahora piense en su entorno de conocidos, familiares y amigos y diga seriamente cuántos de ellos utilizan el avión o se van de viaje regularmente. Cuántos pueden permitirse tener chacha. Cuántos tener más de una tarjeta de crédito, y de estas, cuántas sin límite de crédito y cuantas son de débito y no de crédito. Cuántos pueden ir habitualmente al teatro o simplemente al cine. Y cuántos van a la compra sin mirar lo que cuenta el solomillo, la lubina o un triste pollo hormonado de los que denominan «de corral». En mi caso, podría contar con los dedos de una mano la gente que conozco que han cogido un avión más de tres veces en su vida. Me sobrarían dedos para los que tienen chacha, ellas son las que hacen los trabajos domésticos para otros, y aparte de móviles de última generación, espías tipo “Alexa” o “Siri” que utilizan como antes la radio, y canales de televisión, familias que tengan tecnología punta en casa, sólo conozco a mi cuñado y porque trabaja en ello.

Ese es el gran triunfo del hijoputismo, hacernos creer que lo que es de acceso a unos pocos está a nuestro alcance. Hacernos sentir partícipes y dueños de algo que ni tenemos y que en la mayoría de los casos, jamás podremos adquirir. Porque vivimos en una burbuja publicitaria, en un mundo hecho por y para ricos del que, a pesar de no poder comprar pescado fresco, o probar el solomillo en la vida, nos creemos parte esencial y partícipes de pleno derecho.

La realidad virtual no lleva gafas, ni necesita de un ordenador.

Recordemos aquí este párrafo del libro publicado en 2015 por Jonathan Franzen en su libro Pureza: “Fuera, la clase media desaparecía más rápido que los glaciares, los xenófobos ganaban elecciones o almacenaban rifles de asalto, las tribus enfrentadas se masacraban religiosamente, mientras que dentro «las nuevas tecnologías disruptivas hacían obsoleta la política tradicional». Toda una premonición.

Salud, feminismo, ecología, república y más escuelas públicas y laicas.

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3 COMENTARIOS

  1. NOTA DEL AUTOR:
    He cometido un error de bulto. Segundo Marey, aunque victima de los Gal, no fue asesinado por ellos.
    Una víctima inocente de los GAL fue Juan Carlos García Goena

  2. Identificar los problemas está bien, donde están las soluciones ?
    Siempre aparecen las mismas personas identificadas como ejemplos de la corrupción, y el sistema o partidos políticos nunca aparecen: la República no es solución si el sistema de partidos sigue siendo el mismo (ninguna referencia al nacionalismo disgregador o terrorismo , ni una sola palabra sobre un estado en el que cada comunidad tiene una sanidad o educación diferente, o en la que se prohíbe hablar en castellano.
    Yo diría que es un análisis muy simplista de la situación cada vez más caótica de la clase trabajadora

  3. No habría sido mala idea dedicar unas líneas a explicar el «casi» rescate bancario al que se tuvo que enfrentar el gobierno de Rajoy tras la salida de Zapatero. Mientras una legión de «informadores» bien engrasados repetía que BBVA, Banco Santander, Bankinter y otros bancos privados habían provocado un agujero financiero que estuvo a punto de llevar España a una quiebra técnica, ningún diario nacional se atrevió a contar la verdad, que Zapatero le quitó el control de las Cajas de Ahorros a los gestores financieros y se lo dio a los políticos (principalmente PP, PSOE e IU) y a CC.OO. y UGT. Estos en cero coma se pusieron sueldos de no menos de €120.000 anuales, los más llegaron a los €2 millones, y una indemnización de decenas de millones en caso de despido, para autodespedirse al año siguiente. Ellos fueron los responsables de este tremendo agujero, el mayor escándalo bancario (supera con mucho el de Banca Catalana causado por Jordi Pujol y sus socios). Pero muy lamentable fue la actitud cobarde de Rajoy, quien, no solo no se atrevió a desmentir las graves acusaciones contra la banca privada, sino que no dió ninguna explicación sobre lo sucedido, e intentó paliar el megafraude con recortes en Sanidad y Educación, sectores que no tenían ninguna implicación. Algunos responsables fueron juzgados y condenados, pero la mayoría fueron sobreseídos (juicios políticos). Una perla que la Fiscalía del Estado se negó a investigar: la financiación de UGT con este robo.
    https://www.elmundo.es/elmundo/2012/02/17/economia/1329476895.html

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