A sus 80 años, Soledad Sevilla es una de las figuras más influyentes del arte contemporáneo español. Su nueva exposición, titulada “Ritmos, tramas, variables”, en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía de Madrid, se convierte en un tributo a más de seis décadas de dedicación y exploración estética. Esta muestra, que podrá visitarse hasta el 10 de marzo de 2025, ofrece un recorrido cronológico por su carrera, destacando más de un centenar de obras que van desde sus inicios en el Centro de Cálculo de la Universidad de Madrid hasta las creaciones más recientes, algunas de las cuales han sido elaboradas específicamente para esta ocasión.
La obra de Sevilla se caracteriza por un riguroso lenguaje visual que fusiona la pureza de la línea y el color con la construcción de formas a partir de módulos geométricos. A través de sus trabajos, la artista afirma que ha estado “pintando el mismo cuadro toda su vida”, un concepto que se refleja en la continuidad de su estilo y en la repetición de ciertos elementos que han marcado su trayectoria. Como señala la comisaria Isabel Tejeda, esta exposición no solo muestra el progreso técnico de Sevilla, sino también la evolución de su conexión emocional con el arte.
Desde sus primeros pasos, Sevilla ha estado ligada a la abstracción geométrica, un movimiento que abrazó en sus inicios, pero que luego superó al alejarse de la dependencia de la tecnología en la creación artística. Entre 1980 y 1982, su estancia en Boston fue crucial para su desarrollo, donde comenzó a crear las series Keiko, Stella y Belmont, que se caracterizan por dibujos de líneas finas que evocan una sensación de vibración. Estas obras sentaron las bases para su posterior exploración de la luz y el color, elementos que se convirtieron en vehículos de emoción en su pintura.
Uno de los hitos de su carrera es la reinterpretación de obras clásicas como **Las Meninas** de Velázquez y la arquitectura de La Alhambra, elementos que, junto a su propia experiencia personal, han influido profundamente en su producción artística. Al regresar de Estados Unidos, Sevilla se centró en plasmar en sus lienzos la luminosidad de estos referentes culturales, creando una conexión íntima entre su obra y la historia del arte español.
En los años 90, la naturaleza comenzó a ocupar un lugar central en su trabajo, dando paso a lo que ella misma describe como un “magma vegetal” que transforma el lienzo en un espacio de vibrantes colores y texturas. Sus obras, como **En ruinas II** y **Díptico de Valencia**, muestran una acumulación de pinceladas que invitan al espectador a experimentar el mundo a través de tramas y patrones, revelando la complejidad de la relación entre la naturaleza y el arte.
A lo largo de su carrera, Sevilla también ha incursionado en el ámbito de las instalaciones, ampliando sus inquietudes estéticas hacia lo espacial. La exposición en el Reina Sofía documenta intervenciones históricas como **Vélez Blanco**, realizada en el castillo de Vélez-Blanco en 1992, y **El tiempo vuela**, una instalación que se exhibió por primera vez en 1998. Estas obras reflejan su habilidad para transformar los espacios y conectar con el público de maneras innovadoras.
La retrospectiva cierra un círculo que se ha ido formando a lo largo de su vida, donde las líneas rectas y geométricas se transforman en un recorrido circular que invita a los visitantes a reflexionar sobre la continuidad de su trabajo. A través de diez salas, Sevilla comparte su visión del arte, un universo donde la repetición y la modularidad se entrelazan, creando un hilo narrativo que enlaza sus diversas etapas artísticas.
El director del Reina Sofía, Manuel Segade, ha resaltado la importancia de Sevilla en la pintura española contemporánea, subrayando su “comprensión espacial” que ha influido en generaciones posteriores de artistas. A pesar de los obstáculos que ha enfrentado como mujer en un campo dominado por hombres, Sevilla ha mantenido su voz y su visión, desafiando las expectativas y redefiniendo su papel en el arte.
Su vida personal, marcada por la lucha entre ser madre y artista, se refleja en sus obras. Sevilla ha compartido su experiencia de ser una madre ocupada que, a pesar de las dificultades, ha perseverado en su pasión por el arte. Esta dualidad ha alimentado su creatividad y la ha llevado a crear obras que resuenan con la complejidad de la experiencia femenina.
La artista valenciana es reconocida no solo por su trabajo, sino también por su capacidad para inspirar a otros. A lo largo de los años, ha recibido numerosos premios, incluido el Premio Velázquez en 2020, y se ha convertido en un símbolo de la lucha por el reconocimiento de las mujeres en el arte. Con la exposición **“Ritmos, tramas, variables”**, Soledad Sevilla no solo celebra su legado, sino que también abre un espacio de reflexión sobre la evolución del arte y el papel que las mujeres han desempeñado en su historia.
Con su pincel en mano y una visión única del mundo, Soledad Sevilla sigue impactando la escena artística, invitando a los espectadores a sumergirse en su universo visual, donde la luz, la línea y la emoción se entrelazan para crear una experiencia artística única e inolvidable.