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Desgracia

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análisis

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Conozco a  unos cuantos amigos y amigas de derechas con el  suficiente seso como para no caer en el fanatismo, ni en la ciega obediencia al líder, que no les gusta nada el espectáculo que está dando la formación a la que llevan votando desde siempre. Se trata de gente con una vida vivida, demasiado mayores, prudentes y sensatos como para tragarse ciertas cosas intragables, sapos cuyo olor a podrido se percibe a una legua de distancia. No son militantes, solo simpatizantes, pero están muy preocupados por la deriva del partido popular, su partido de toda la vida, un partido históricamente de centro derecha, que de un tiempo a esta parte ha dado un fuerte golpe de timón hacia la indigencia política, hacia un peligroso Trumpismo con otras no menos venenosas aportaciones de gente de la que cuidarse, indeseables como Bolsonaro, Milei, Meloni y demás representantes de la ola ultraderechista que nos asuela.

A estos amigos le causa no poco desasosiego y bastante repelús este secuestro de su partido por el ala más radical de éste, les preocupa, y mucho, el  camino hacia el peor neoliberalismo que ha emprendido el partido de la mano de la impetuosa cateta, la violentamente ignorante, la mentirosa compulsiva, la incoherente, la disparatada, la delirante Isabel Díaz Ayuso, y su equipo, comandado por su jefe de gabinete, que además es su hechicero, su brujo oficial, un desalmado convencido que en política vale todo, que cualquier cosa es buena si te lleva al poder. Hablamos, naturalmente, del repugnante, del inmundo Miguel Ángel Rodríguez, su ideólogo, su mano derecha, un veterano de la época de Aznar, con dotes de ventrílocuo que ha tomado a la Ayuso como si de un aberrante doctor Frankenstein se tratara, y ha fabricado con ella un monstruo al que susurra al oído a través del  pinganillo, para decirle lo que tiene que hacer y decir. Él la ha adiestrado en el manejo, en la técnica de la bronca, la trifulca, el ruido cuanto más grande, cuanto más áspero, más basto, burdo y desafinado, mejor.

Rodríguez la envalentona, la hace venirse arriba convenciéndola de que hay que destruir, triturar, hundir a los adversarios políticos, valiéndose de todos los medios a su alcance, ya sea la mentira, el bulo, el insulto, la deslegitimación, la manipulación y la tergiversación, lo que sea, todo vale. Para hacerse una idea del pelaje de este individuo basta decir que hace poco amenazó con un “os vamos a triturar, vais a tener que cerrar” a una periodista de elDiario.es que había publicado una exclusiva que relacionaba a la pareja de la presidenta madrileña con delitos de fraude fiscal y cobro de comisiones millonarias. El mensaje terminaba con un ”idiotas, que os den”. No contento con esta amenaza, se sacó de la manga, con nombres y foto, para estas cosas es muy hábil, el bulo de que unos periodistas encapuchados, de el diario El País, por más señas, habían asaltado el domicilio de la presidenta madrileña. Poco después reconoció que era un bulo, pero la presidenta siguió adelante con el bulo, ahí se ve su total desfachatez, su absoluto desprecio por la verdad, y dijo que efectivamente había sufrido “el asalto” declarando además que “los periodistas encapuchados” habían acosado al portero, a los vecinos y a los niños de su edificio. Algo habitual en las dictaduras, pero no en las democracias” ¿Se puede ser más falsa?, seguramente no.

Otra escena igualmente delirante, ocurrió cuando la presidenta madrileña dijo aquello de que; “mi pareja está sufriendo una investigación fiscal salvaje ordenada por Sánchez, con el claro objetivo de buscar mi destrucción personal”, “se trata, añadió la presidenta, de  una persecución desproporcionada y una estrategia chavista al estar el gobierno acorralado”.  Estas declaraciones, oh sorpresa, también eran una pura mentira, porque cuando escenificó una vez más su papel de víctima del tirano Sánchez, hacerse la víctima es uno de sus disfraces, a lo Mortadelo, más utilizados, su novio ya había reconocido su delito de fraude fiscal y estaba negociando el pago de la sanción con la Agencia Tributaria. Fue bochornoso, de auténtica vergüenza ajena ver a toda una presidenta mentir de esa manera tan descarada. Después de estas dos clamorosas muestras de su cinismo y vileza, hay decenas más en las hemerotecas, ha quedado claro que la vergüenza es algo que no conoce y por lo tanto no le preocupa lo más mínimo.

Ayuso sabe, Miguel Ángel Rodriguez así se lo ha venido inculcando, y antes de él su mentora Esperanza Aguirre, criadora de ranas diplomada, que lanzar mentiras, bulos, manipulaciones, tergiversaciones a grito pelado, alternándolos con hondos lamentos de falsa víctima del malvado Sanchismo, su archienemigo, siempre ha funcionado muy bien como cortina de humo. Una espesa cortina de humo que, convenientemente desplegada, tapará sus nefastas políticas como son el imparable desmantelamiento de los servicios públicos, o como fueron sus protocolos de la vergüenza que llevaron a la tumba a más de siete mil  personas, sin olvidar su propia corrupción, que cada vez necesita más cantidad de humo para ocultarse.

A la vista de todo esto, los señores y señoras de derechas de toda la vida, de los que hablo al principio del escrito, no tienen ningún reparo  en decir que la Ayuso es una política corrupta de manual, porque cumple  sobradamente con todos los requisitos para serlo. A estos militantes del Partido Popular no le convencen nada, muy al contrario, les reafirman en sus convicciones de que es corrupta, sus cada vez más inconsistentes discursos de víctima, ahora de la  Agencia Tributaria, que trabaja para el malvado Sánchez, que quiere vengarse de ella  en la persona de su pareja. No se tragan, tendrían que ser imbéciles para hacerlo, que   no supiera nada del Maserati en el garaje, como en su día la ex ministra Ana Mato tampoco sabía  nada del Jaguar aparcado en su garaje, de los pisos de lujo, en uno de los cuales vivía, y vive, la propia Ayuso, de los muy lucrativos negocios de su novio con la venta de mascarillas a la sanidad pública en plena pandemia, casualmente igual de los muy lucrativos negocios con la venta de mascarillas a la sanidad pública en plena pandemia de su hermano; de las facturas falsas de novio para defraudar a Hacienda, de sus empresas en el extranjero…etc etc.

¿Habrá alguien que crea que un técnico sanitario haya hecho tan lucrativos negocios, negocios millonarios, con empresas públicas y también empresas privadas regadas con cientos de millones públicos de la Comunidad de Madrid, sin que su pareja, a la sazón presidenta de la Comunidad de Madrid le haya echado una “manilla”?.

¿Habrá alguien, que no sea un fanático devoto del PP, se entiende,  que no le chirríe, que no le suene a tomadura de pelo, que los mismos medios de comunicación que no dejan de informar día y noche, de poner el grito en el cielo, de clamar amargamente por el caso “Koldo” otro caso igualmente asqueroso y repugnante de corrupción, hayan mantenido un solemne y clamoroso silencio de tumba egipcia ante el caso de la pareja de la Ayuso?  A mis amigos del PP que son ya demasiado mayores para tragarse lo que les dicen que hay que tragarse, desde luego que les chirrían, y mucho, esas burdas prácticas de los medios de comunicación conservadores que gritan como posesos declarando la total y absoluta culpabilidad de Koldo, acusándole de nuevos delitos, a cual más grave; delitos en los que dan por hecho, faltaría más, la implicación de todo el gobierno, mejor no quedarse cortos, y se rasgan convenientemente las vestiduras por ello. Y sin embargo callan de forma miserable y cómplice ante el caso de la pareja de Ayuso, del que solo han hablado o escrito para exculpar a la presidenta, y sembrar la sospecha de que detrás de todo está el malvado Sánchez, dando por hecho que la presidenta no sabía nada, no sabe nada ni sabrá nada. Un desconocimiento total de todo, que recuerda mucho al famoso “no sé nada” de la infanta Elena a las preguntas del juez Castro. Este país habrá dado un gran paso adelante cuando esos medios de comunicación conservadores, con sus correspondientes figuras, y figurones mediáticos, informen de la misma manera, con el mismo rigor y profesionalidad,  ante una y otra corrupción, que son la misma, la misma codicia, la misma avaricia, los mismos presuntos delincuentes perpetrando el presunto mismo delito. Pero de momento sobre el caso Koldo se pone un gran altavoz y una potente lupa de muchos aumentos y sobre el caso de la pareja de la Ayuso se pone un cojín y se sientan sobre él, cruzando los dedos para que pase el tiempo deprisa y todo se diluya en el olvido.

Este es un caso, entre otros muchos más, que demuestra con total claridad que los medios de comunicación conservadores no cuentan con la debida ética profesional,  con sus deberes propios del ejercicio de su profesión, y se comportan como meros medios de propaganda a cargo de, salvo algunas honrosas excepciones, claro, de periodistas babosos y rastreros capaces de decir y escribir lo que sea con tal de agradar a sus empleadores, los que les pagan las nóminas, con algún sobrecillo extra si hay que tragarse algún sapo excepcionalmente grande, tóxico, viscoso y apestoso. Esto, desde luego, no es propio de una democracia avanzada como se supone que es la nuestra. Esta manera de informar tiene el rancio tufillo de los tiempos del NO – DO, solo le falta esa alegre y acelerada musiquilla que todos recordamos.

Hablando de “malas prácticas” de medios de comunicación conservadores ¿quién no recuerda, por ejemplo, aquellas fotos del diario El Mundo, con una Ayuso caracterizada como una desolada y compungida Virgen de los Dolores, de riguroso luto por España, más que víctima, mártir del tirano Pedro Sánchez. Con esas bochornosas fotos, los de El Mundo se cubrieron de gloria. Del mismo modo que se están cubriendo de gloria, además de El Mundo, el resto medios conservadores que callan sistemáticamente ante los casos de corrupción que involucran a la presidenta madrileña. Medios de comunicación, o mejor sería decir de propaganda, que  dicen amén a todo lo que dice Ayuso, como estas últimas declaraciones, “reflexiones” las llama ella que ha expelido en un reciente viaje a Chile, donde ha dicho entre otras cosas que el gobierno de Sánchez “ha normalizado el crimen en España”. Ningún periodista en ninguna columna, en ningún suelto, se ha atrevido a hacer la más mínima objeción a esos insultos y descalificaciones contra el, lo reconozcan o no, legítimo gobierno de España.

Sobra decir que este incendiario discurso de la Ayuso, no tiene otro fin que arrojar más humo en forma de mentiras, bulos, insultos, descalificaciones y tergiversaciones, para tapar su gestión encaminada a privatizar los servicios públicos, a tapar sus protocolos de la vergüenza y su propia corrupción, cuyo cerco se estrecha cada vez más a su alrededor, a pesar de los enormes esfuerzos por defenderla por parte de los medios de comunicación y otras instituciones comprometidas en su defensa.

Muchos de sus compañeros de partido no están para nada de acuerdo con su gestión y su deriva populista que le lleva a  repetir palabra por palabra, con sandeces de su cosecha y maldades de Miguel Ángel Rodríguez, los discursos de Trump, pero estos compañeros de partido esperan que escampe, que amaine un poco la incomprensible devoción y fervor, la adhesión inquebrantable, más propia de otras épocas, por Ayuso que existe en su partido.  De momento no se atreven expresar su descontento y asomar la cabeza por si se la cortan, como le ocurrió a Pablo Casado, que se atrevió a denunciar los poco éticos y ejemplares negocios del  hermano de la Ayuso forrándose con la venta de mascarillas a la sanidad pública en plena pandemia, y eso le costó el puesto. Lo que más le tuvo que doler al incauto, al desprevenido Casado, es ver a sus asesores, a la práctica totalidad de los miembros de su equipo, a sus compañeros de partido, los mismos que le jaleaban, aplaudían,  palmeaban sus hombros y le pasaban la mano por lomo hasta unos momentos antes de poner los pulgares boca abajo entregando su cabeza por atreverse a criticar, y con toda la  razón, a la Ayuso. 

A mis amigos conservadores, que no tienen que preocuparse de mantener la cabeza sobre sus hombros, les duele esta situación que esperan, como muchos otros adeptos del partido, sea pasajera, y el Partido Popular, por su bien, y el del país en general, abandone el venenoso, el peligroso Trumpismo personificado por la Ayuso, y vuelva a la senda de la moderación, de la sensatez y la prudencia. A la política del entendimiento y el consenso.  Mucha gente del partido, y también muchos que no lo son, echan de menos una derecha civilizada, centrada, que deje atrás la estrategia de la crispación, de la bronca perpetua. Una derecha civilizada, positiva y constructiva que ya está tardando en aparecer de entre tanto insustancial y repulsivo ruido y furia.

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