El mes de marzo ha vuelto a marcar una cifra histórica de afiliación al Régimen Especial de Trabajadores Autónomos (RETA): 3.382.978 personas. Son 6.954 más que el mes anterior y 23.902 más que en marzo de 2024. El dato, a primera vista, es motivo de celebración. Sin embargo, bajo el brillo de las estadísticas, el colectivo autónomo sigue enfrentándose a barreras estructurales, como el acceso a la formación o la falta de políticas eficaces de jubilación activa.
La Semana Santa ha sido clave en el repunte. El sector de la hostelería ha experimentado un impulso evidente, con 1.640 nuevas afiliaciones, impulsando así la tendencia de crecimiento que se viene consolidando en los últimos cinco años. Pero no todo se reduce a bares y restaurantes: también aumentan las afiliaciones en actividades profesionales, científicas y técnicas, que ya suman 341.210 trabajadores por cuenta propia, con un incremento de 1.748 personas en el último mes.
Alta cualificación y envejecimiento del colectivo
El crecimiento más destacado, proporcionalmente, se da en actividades de alta cualificación, lo que indica un cambio de perfil dentro del colectivo. Cada vez más profesionales altamente especializados optan por trabajar por cuenta propia. También se observa un aumento en la construcción (+1.246), la educación (+516), las actividades sanitarias (+406), el comercio (+274) y la agricultura y ganadería (+136). Solo dos sectores muestran descensos: el transporte (-1.513) y la industria manufacturera (-5).
Un aspecto que preocupa especialmente a las asociaciones de autónomos es el envejecimiento del colectivo. El crecimiento más significativo se produce en el grupo de edad de 55 años o más. Actualmente, más de medio millón de autónomos supera los 60 años. Muchos de ellos están cerca de la jubilación, pero las condiciones para optar a la llamada “jubilación activa” —es decir, compatibilizar pensión y actividad laboral— siguen siendo restrictivas.
Marzo récord, pero con muchas sombras
Este 1 de abril ha entrado en vigor una reforma que, lejos de mejorar la situación, la complica aún más. Para Eduardo Abad, presidente de la Unión de Profesionales y Trabajadores Autónomos (UPTA), “la afiliación al RETA en España continúa creciendo y batiendo récords, pero no podemos olvidar que más de 500.000 autónomos tienen más de 60 años y su jubilación es inminente; mejorar las condiciones de la jubilación activa del colectivo debe ser una prioridad”.
32 millones retenidos para formación que nunca llega
Uno de los grandes agravios que denuncia el colectivo es el mal uso de los fondos destinados a formación. Desde que se aprobó el Real Decreto-Ley 28/2018, los autónomos cotizan un 0,1% de su base para formación profesional. Esto supone una aportación anual de unos 11,5 euros por trabajador. Si se multiplica por los más de 3,3 millones de afiliados al RETA, se trata de 32 millones de euros anuales que deberían destinarse a la mejora de competencias y reciclaje profesional.
Sin embargo, según UPTA, ese dinero nunca se ha trasladado a programas efectivos. Desde 2019, la Seguridad Social ha retenido un total de 192 millones de euros en este concepto. “La formación es la base de la transformación productiva”, recuerda Abad, “y dejar fuera a los autónomos es un error muy grave. Va en contra de nuestro desarrollo económico y muestra un desconocimiento profundo de cómo funciona la competitividad”.
Esta situación crea un agravio comparativo con los trabajadores por cuenta ajena, que sí pueden acceder a programas de formación continua financiados con sus cotizaciones. “No se puede seguir obligando a los autónomos a pagar una cuota por formación si luego esos fondos no se destinan a su fin”, subrayan desde UPTA. “Esto impide una transformación real del tejido productivo en España”.
Sin oportunidades para mejorar ni para retirarse
La paradoja del trabajador autónomo en España es evidente: se le exige como a cualquier otro cotizante, pero se le priva de derechos fundamentales como el acceso a formación o una jubilación compatible con seguir generando riqueza.
Mientras tanto, las cifras de afiliación pueden seguir creciendo, pero no significan necesariamente mejora. “No hay competitividad sin formación, ni envejecimiento activo sin políticas de apoyo”, insiste Eduardo Abad. Desde su organización ya han anunciado que están dispuestos a tomar acciones legales para exigir que los fondos finalistas destinados a la formación lleguen al colectivo que los cotiza.
El caso de la formación no es el único. Las reformas que endurecen la jubilación activa suponen otro obstáculo para un colectivo envejecido que, en muchos casos, no puede permitirse parar de trabajar. Al mismo tiempo, las nuevas generaciones de autónomos —más cualificados, pero igual de desprotegidos— también se ven arrastradas por esta falta de garantías.
Un futuro incierto si no se actúa ya
Que haya más afiliados no significa que el sistema funcione mejor. Las cifras de marzo, aunque positivas, no pueden tapar una realidad que urge atender: el colectivo autónomo en España necesita políticas concretas, ágiles y útiles que respondan a sus necesidades.
No basta con aplaudir los récords de afiliación. Si no se asegura formación, si no se corrigen las desigualdades en derechos y si no se protege a quienes están cerca de la jubilación, el crecimiento del RETA será tan solo una fachada. Porque detrás de cada número hay una persona que necesita herramientas reales para seguir adelante.