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El peligroso viaje de las mujeres de Malí para dar a luz seguras

En el país, cientos de miles de personas han sido desplazadas por la continua violencia de grupos terroristas. Donde las oportunidades, la libertad y la independencia son escasas, los derechos de las mujeres van en retroceso. La violencia y el desplazamiento han perturbado el acceso a los servicios básicos, incluida la atención de la salud sexual y reproductiva, y también han aumentado el riesgo de violencia por razón de género y prácticas nocivas

Juan Carlos Ruiz
Juan Carlos Ruiz
Periodista y Licenciado en Ciencias de la Información
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análisis

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Aissata Touré, de 16 años, acaba de alumbrar a su primer bebé. La joven madre tenía la esperanza de dar a luz cerca de su casa, en su pueblo de Ngouma, en Malí, pero una trabajadora de salud local le aconsejó que fuera a un hospital debido a posibles complicaciones. Sería un viaje desafiante y costoso. Su familia alquiló un coche y ella viajó de parto al Hospital Sominé Dolo, en la ciudad de Sevare, que está a 170 km de su casa. «El viaje fue difícil y nada cómodo», relata. El costo: 120.000 francos CFA (alrededor de 200 dólares), una suma astronómica en su país.

El conflicto en curso en Malí ha erosionado los derechos de las mujeres y las niñas, y la crisis ha contribuido a una de las tasas de mortalidad materna más altas del mundo. Las perturbaciones climáticas, en particular las sequías y las inundaciones, han exacerbado la vulnerabilidad.

Afortunadamente, Aissata pudo llegar al hospital a tiempo para dar a luz bajo la supervisión de asistentes calificadas. Sin embargo, se necesita más ayuda para que las mujeres puedan acceder a tención prenatal, partos seguros y atención posnatal.

El largo camino al hospital

Una organización no gubernamental llamada HELP, asociada con el Fondo de Población de Naciones Unidas (UNFPA), está prestando apoyo a las embarazadas cuando es posible, organizando transporte privado desde las zonas rurales hasta el Hospital Sominé Dolo para las mujeres que sufren complicaciones obstétricas. Pero en el vasto país, uno de los más grandes de África, es imposible llegar a todas las personas en todas partes. La remota aldea de Aissata estaba fuera de alcance.

«No hay socios de transporte donde vive mi sobrina, y no hay apoyo», se lamenta Abdoulaye Bocoum, tío de Aissata. Él lo sabe bien, pues trabaja con HELP. «Fue aterrador. Si la familia no hubiera podido permitirse el lujo de alquilar un coche, no habrían podido llegar aquí».

Kadiatou Karembé, que ha trabajado como partera en el Hospital Sominé Dolo durante siete años, ha sido testigo de primera mano de las consecuencias cuando una mujer embarazada con complicaciones no llega al hospital a tiempo, que incluyen la muerte.

Apoyo a los desplazados

Mientras el equipo del Hospital Sominé Dolo está ocupado salvando vidas de mujeres que pueden llegar allí, se han establecido equipos móviles de salud apoyados por el UNFPA en campamentos para desplazados internos que no pueden llegar a un centro médico.

Cientos de miles de personas se han visto obligadas a abandonar sus hogares debido a los ataques armados y las incursiones de grupos terroristas contra civiles en el norte y el centro de Malí.

Fatoumata Dienta, de 25 años, estaba embarazada de dos meses cuando huyó de su casa en Dena, a orillas del río Bani. «Una noche, cuando habíamos terminado de comer, los terroristas vinieron y nos dijeron que saliéramos del lugar al día siguiente», cuenta. Ella y su familia se dirigieron al centro de desplazados de Barigondaga, en la región de Mopti, a 180 km de su casa.

«Algunas vinieron en rickshaw, otras en barco», dice Fatoumata. En el centro de desplazados recibió el apoyo de un equipo de salud móvil, y finalmente dio a luz en un centro de salud comunitario.

En el centro de desplazados de Barigondaga hay 149 hogares, con 372 mujeres. Todas han venido de las comunidades pesqueras de Dena y Soye. Los equipos móviles de salud de Barigondaga y de otros centros de desplazados proporcionan atención prenatal y posnatal, así como suministros para partos seguros. En 2023, el UNFPA contrató y capacitó a 51 parteras en la región de Mopti, y renovó y equipó 12 salas de maternidad rurales.

Una iniciativa prometedora

Mientras tanto, en Tombuctú, a unos 400 km al norte del centro de desplazados de Mopti, un programa para ayudar a jóvenes a aprender a conducir ofrece esperanzas para el futuro.

Quinientos jóvenes, hombres y mujeres, han obtenido su permiso de conducir desde 2021 como parte de la iniciativa, que cuenta con el apoyo del UNFPA y financiación del Gobierno danés. 

Malí tiene una población joven, en que más del 65% es menor de 24 años. Al crecer en un país asolado por la crisis, los jóvenes han visto restringidas sus oportunidades, libertad e independencia. El programa tiene por objeto aumentar las oportunidades de empleo y reducir la probabilidad de que los jóvenes sean reclutados en grupos armados no estatales.

«Los grupos armados están reclutando jóvenes en todas partes, y muchos jóvenes se han unido a ellos», afirma Traore Safietou Abdou, de 24 años, quien ha aprendido a conducir este año. «Las cosas están un poco mejor ahora, y lentamente estamos viendo que empieza a desarrollarse un sentido de comunidad. Quiero obtener trabajo, y uno como conductor sería un buen comienzo».

Djiby Kongho, de 29 años, espera que su nuevo permiso de conducir le conduzca a oportunidades de trabajo. «Me uní al programa porque la vida aquí es difícil y abría una puerta de salida», dice. «Quiero conseguir un trabajo para ayudar a mi familia. Me gustaría conseguir un trabajo como conductora: las mujeres pueden conducir tan bien como los hombres».

Además de la enseñanza de conducción, los participantes en el programa reciben información sobre violencia de género, planificación familiar, higiene menstrual y salud materna, así como sobre los servicios disponibles.

Los derechos de las mujeres en crisis

Han transcurrido 30 años desde la histórica Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo, en la que los dirigentes mundiales acordaron adoptar medidas concretas para poner la salud y los derechos sexuales y reproductivos en el centro del desarrollo sostenible. Pero en Malí y en muchas otras crisis humanitarias en todo el mundo, los derechos de las mujeres y las niñas se van borrando, se van estancando o se encuentran en franco retroceso. 

En las situaciones de crisis, especialmente cuando las mujeres y las niñas se ven obligadas a desplazarse, hay un aumento de la violencia de género, las muertes maternas prevenibles y los embarazos no deseados. El UNFPA y sus asociados seguirán trabajando para hacer efectivos los derechos de las mujeres, las niñas y los jóvenes.

«Incluso cuando caían cohetes, la tierra se estremecía y los impactos climáticos continuaban afectando, las mujeres y niñas en contextos humanitarios seguían dando a luz, requiriendo servicios de salud sexual y reproductiva, y buscaban seguridad frente a la violencia de género en sus hogares y comunidades», señaló la Directora Ejecutiva del UNFPA, Dra. Natalia Kanem, a finales de 2023. «Pero en todo momento el UNFPA estuvo a su lado, brindando servicios esenciales, protegiendo su dignidad y sus derechos, salvando vidas y restaurando la esperanza».

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