El plan secreto de Putin: reconquistar los países satélites de la URSS

04 de Febrero de 2023
Actualizado el 02 de julio de 2024
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A menos de un mes para que se cumpla un año de la invasión rusa de Ucrania el mundo empieza a tomar conciencia de cuál es el plan, tan real como secreto, de Vladímir Putin: lanzar un desafío directo contra Occidente. Algunos historiadores, analistas y hasta exagentes de los servicios de inteligencia advierten de cuáles son las verdaderas intenciones del autócrata, que pasarían por ampliar las fronteras de Rusia hacia el oeste reconquistando los países satélites de la antigua Unión Soviética. En esa línea se ha pronunciado el historiador Yuri Felshtinsky, que actualmente reside en Estados Unidos y que ha llegado a asegurar que la guerra de Ucrania se va a extender en poco tiempo fuera de las fronteras de ese país europeo. De esta manera, Ucrania sería solo “la primera batalla de la Tercera Guerra Mundial”, afirmación que da título al libro de Felshtinsky editado por Deusto y que va camino de convertirse en una obra premonitoria de lo que está por llegar.

El autor ha trabajado en esa tesis junto a su compañero Michael Stanchev y ambos son expertos en servicios de inteligencia. La entrevista que Felshtinsky mantuvo a finales de año con la periodista Teresa Díaz de la agencia Efe pone los pelos de punta:

–¿Cuándo va a acabar esta guerra? ¿Qué tiene que pasar para que se llegue a un alto el fuego? ¿Y quién ganará?

–No sé cuál es la respuesta a las dos primeras preguntas y creo que son las más importantes. El alto el fuego o el cese de hostilidades no es suficiente porque esta guerra no va sobre Ucrania. Es la primera etapa de un plan de Putin de reconstruir un imperio y está atascado en Ucrania, pero no significa que esté preparado para aceptar la derrota y cambiar sus ambiciones.

–¿Cree que Putin se ha visto sorprendido por la reacción de Ucrania y ha tenido que cambiar su estrategia?

–Por supuesto, pero no es el único. Nadie esperaba que Ucrania fuera capaz de contener al ejército ruso (…) Pero no creo que esta guerra vaya a prolongarse mucho más tiempo dentro del país. Se va a extender.

Ya entonces, el historiador creía que la única opción que le quedaba a la comunidad internacional era proporcionar a Ucrania las armas que necesite, tanto defensivas como ofensivas, un salto cualitativo en la estrategia militar de los países aliados europeos, que en las últimas horas han acordado el envío al frente ucranio de carros de combate Leopard. En ese mismo escenario se encuadra la decisión de Estados Unidos de proporcionar 31 tanques Abrams al Gobierno de Zelenski y la decisión de la OTAN de mantener su estado de alerta permanente en la frontera oriental. “No se puede ganar esta guerra si no se permite a Ucrania atacar dentro del territorio del enemigo”, sentencia Felshtinsky.

Tras un año de guerra encarnizada (las cifras hablan de más de 100.000 muertos por ambos bandos) Occidente ha terminado por asumir, con horror y resignación, que Ucrania solo es la primera batalla de algo más grande que puede venir después. Los aliados trabajan ya con la hipótesis de que Putin tiene un plan secreto que no se reduce solo a tomar Ucrania y levantar un muro que separe en dos a ese país como ocurrió en 1945, cuando Alemania fue dividida en un bloque capitalista y otro comunista inaugurando el tiempo de la Guerra Fría. Está claro que la presa ucraniana se le queda pequeña al dictador del Kremlin, un hombre que no sabe perder y que está dispuesto a emplear armas nucleares para conseguir su propósito, tal como viene amenazando en los últimos meses.

¿Pero en qué consiste ese plan secreto del dictador ruso? Según Yuri Felshtinsky, el 24 de febrero de 2022 Putin declaró al mundo la Tercera Guerra Mundial con un único objetivo: anexionarse un amplio territorio en Europa que incluiría, además de Ucrania, Moldavia, Bielorrusia, las repúblicas bálticas y parte de Polonia. Es decir, la primera fase en el retorno al mapa europeo que surgió tras la Segunda Guerra Mundial y que podría ampliarse más tarde, en una segunda etapa de la ofensiva, con la conquista de países como Finlandia, Hungría o Bulgaria. Al principio de la invasión de Ucrania todo eso estaba en la cabeza delirante de un hombre que probablemente haya sufrido una crisis paranoica (más un cáncer terminal), una mala noticia teniendo en cuenta que en su mano está el maletín con el botón nuclear.

Todo estaba preparado para que los rusos cruzaran el Rubicón con el objetivo de hacerse con media Europa. Sin embargo, el presidente ruso cometió varios errores de bulto. El primero no ser plenamente consciente del poderío militar con que contaba realmente. Putin creyó que era el comandante en jefe del ejército más poderoso de la Tierra, aquella apabullante maquinaria militar que fue la URSS en su día. Lamentablemente para él, no era así. Ucrania ha venido a demostrar que Rusia no ha sido capaz de tomar ese país del montón que pretendía anexionarse en menos de un mes mediante la guerra relámpago. Los carros blindados rusos se han quedado obsoletos y son poco menos que chatarra soviética; los soldados están mal pertrechados en armas y provisiones (la mayoría van al frente obligados, desmoralizados y sin saber por qué combaten); y el poderío aéreo no se ha demostrado como tampoco la superioridad naval. Los drones iraníes no han sido suficientes para decantar la balanza ante un ejército ucraniano que ha recibido una inestimable ayuda armamentística de Occidente. Eso sí, Putin cuenta con su temido tridente nuclear que podría emplear en cualquier momento si se ve derrotado o acorralado. 

Pero en segundo lugar, y más allá de que haya medido mal sus fuerzas, el controvertido presidente ruso ha cometido la grave equivocación de pensar que la Unión Europea no era nada salvo un club decadente de países materialistas sin espiritualidad reunidos para hacer caja y negocio con el euro. Ahora ya sabe que eso tampoco es así. Los socios comunitarios han demostrado fortaleza y unidad y han decidido ir hacia adelante con todas las de la ley y el derecho internacional, que faculta al agredido para defenderse. La cesión de tanques a Ucrania es la forma de enseñarle los dientes al autócrata por si en una de sus fiebres delirantes se le ocurre dirigir a sus tropas contra la Europa de la democracia y la libertad.

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