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“En Chile, los represores de la dictadura de Pinochet, o han muerto o están en la cárcel. En España reina la impunidad de los represores franquistas”

Mario Amorós traza una exhaustiva y detallada biografía de Salvador Allende, un referente histórico para la izquierda mundial que aún se proyecta sobre la actualidad medio siglo después de su muerte

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El chileno Salvador Allende es hoy, medio siglo después de su suicidio para evitar caer en manos del genocida golpista Augusto Pinochet, una figura universal que trasciende fronteras. Su ejemplo perdura en el tiempo como un baluarte referencial de las fuerzas progresistas democráticas del mundo entero.

50 años después de su muerte, 50 años después del golpe de estado de los militares chilenos apoyados por Estados Unidos sin contemplaciones, el ejemplo democrático del presidente Salvador Allende perdura en medio de un mundo, el actual, que vive inmerso en un ruido permanente y mantiene prácticamente las mismas dinámicas extremistas y ajenas a las reglas democráticas por parte de las élites conservadoras.

Esta biografía del historiador y periodista Mario Amorós (Alicante, 1973) arroja luz sobre la trayectoria vital y profesional de Salvador Allende, una figura incontestable que emergió con la dignidad que le otorgó el mandato del pueblo en medio de un contexto sociopolítico de enormes fuerzas centrífugas.

Más allá del personaje político, más allá de su perfil humano, ¿quién fue Salvador Allende a grandes rasgos?

Fue un político singular en la historia del siglo veinte. Fundador del Partido Socialista Chileno en 1933, masón, médico, consagró su vida a la acción política desde principios de los años treinta, cuando creó el Partido Socialista en la zona de Valparaíso. Fue diputado en 1937, designado por el presidente chileno Pedro Aguirre Cerda ministro de Salubridad en 1939 con el gobierno del Frente Popular, y fue senador desde 1945 en adelante hasta su elección como presidente de la república en 1970, y también fue candidato presidencial de la izquierda chilena entre 1952 y 1970. Sobre todo, su nombre está en la Historia por el gobierno que encabezó a partir del 3 de noviembre de 1970, cuando empieza la llamada Vía Chilena al Socialismo, una experiencia política singular en la historia del siglo veinte, que desplegó un programa político con grandes transformaciones para Chile. También tuvo grandes enemigos dentro y fuera de su país desde el primer momento, y con su inmolación en el Palacio de la Moneda el 11 de septiembre de 1973 convierte su muerte en un gesto político de condena a los golpistas. Salvador Allende quedó en la historia del siglo veinte y ha llegado a la del siglo veintiuno recordado como un líder que encabezó un proceso político que dejó su huella en la historia del siglo pasado.

¿Puede decirse que existió algún detalle concreto, alguna chispa en sus años de formación, que pudo determinar la configuración de la enorme talla política que mantiene, aún hoy, medio siglo después de su dramático final?

La amistad que tuvo en Valparaíso, siendo un muchacho, con Juan de Marchi, aquel carpintero anarquista italiano que le prestó libros anarquistas, que le habló de la lucha de los trabajadores, que le transmitió esa rebeldía que tenía y esa conciencia de clase que tenían tanto los obreros como De Marchi. Fue importante porque dejó en Allende una huella libertaria. Allende, a lo largo de su vida, concibió el marxismo y las ideas revolucionarias como un pensamiento flexible, abierto, que permitiera la unidad, y no un pensamiento dogmático. Y ahí la huella de De Marchi y esas gotas de pensamiento anarquista que depositó en él siendo un muchacho son importantes.

“Chile es el único país del mundo donde hay sectores que discuten que Allende fue un demócrata”

Sorprende tristemente que, aún en la actualidad en pleno siglo veintiuno, haya sectores que intenten reescribir la historia y lo que supuso Allende para el devenir de Chile. ¿Por qué ocurre esto?

Yo sigo la prensa chilena a diario, he estado en Chile en marzo, en agosto y a principios de septiembre. En Chile, la derecha ha logrado instalar un relato muy conservador, revisionista, sobre la historia del país. La derecha chilena ha recuperado una parte de la propaganda que utilizó la dictadura de Pinochet para legitimarse, propaganda que Pinochet y su régimen tomaron de la oposición política de Allende, y ha logrado que el debate en Chile haya girado exclusivamente en estos meses en torno a los supuestos errores de Salvador Allende, a su incapacidad para gobernar a su propia coalición, la de Unidad Popular, profundamente dividida, e incluso ha señalado a Allende como principal responsable de los hechos que llevaron al golpe de Estado de 1973. Es un retroceso muy importante que ha habido en Chile. Hasta hace poco, la derecha estaba más bien temerosa de entrar a estos debates, rehuía el debate acerca de los años de la Unidad Popular y del golpe de Estado, y sin embargo este año ha logrado tener éxito en un país donde no hay democracia en los medios de comunicación, que están en manos de los sectores más conservadores, que fueron golpistas en el año 1973 y que de esta manera pretenden lavar su responsabilidad histórica en la destrucción de la democracia el 11 de septiembre de 1973. Chile es el único país del mundo donde hay sectores que discuten que Allende fue un demócrata.

Mario Amorós
Mario Amorós

¿Qué se puede decir sobre el papel de EEUU en aquel golpe de estado de 1973 que aún no se sepa o no se quiera saber?

Se sabe mucho, desde el año 1975, cuando se elabora el informe de la Comisión Church del Senado de Estados Unidos, hasta hoy gracias a los miles de documentos que se han ido desclasificando. Sabemos mucho al detalle de cómo fue la agresión encubierta de Nixon y Kissinger contra el Chile del presidente Salvador Allende. Es una agresión encubierta que empieza en el año 1962. Desde ese año, Washington financia a los sectores opuestos a la izquierda, la democracia cristiana y la derecha, en sus campañas políticas, y financia a los medios de comunicación de masas conservadores en Chile. A partir de la victoria electoral de Allende, y después de la visita a Washington de Agustín Edwards, dueño del diario El Mercurio, esa agresión se agudiza en forma de la búsqueda, antes de que Allende sea elegido por el Congreso Nacional como presidente de la República, de una guerra civil o un golpe de estado que impida que Allende sea elegido presidente. Cuando esto se concreta, a partir del 3 de noviembre cuando empieza el mandato presidencial de Allende, esa agresión se mantiene a lo largo de aquellos tres años hasta el 11 de septiembre. Consiste básicamente en financiar, por una parte a los partidos, grupos terroristas, medios de comunicación opositores, y también crear un bloqueo económico y diplomático sobre Chile que hace que la situación de la economía nacional esté en una situación muy difícil. EEUU, Nixon y Kissinger son corresponsables del golpe de estado de 1973 porque Washington fue determinante en la creación de las condiciones sociales, políticas y económicas que permitieron que ese golpe tuviera lugar.

¿Qué papel jugó Allende en la unidad de la izquierda en Chile durante las dos décadas precedentes a su llegada democrática al poder en 1970?

Allende fue elegido candidato presidencial en noviembre del año 51 por una coalición llamada Frente del Pueblo, constituida por una parte pequeña, minoritaria, del Partido Socialista de Chile, y por el Partido Comunista de Chile y otras fuerzas y personalidades menores. Allende encabeza, pues, desde el año 52 un proceso que fue único en el mundo de la guerra fría. En ningún otro lugar del hemisferio occidental socialistas y comunistas fueron unidos a las elecciones durante tanto tiempo con un programa común y con un candidato presidencial único. Es una experiencia muy rica, muy interesante, que va creciendo además elección tras elección. En el año 54, Allende queda a 34.000 votos de La Moneda [sede de la Presidencia de Chile] y es el candidato más votado entre los hombres. En 1964, alcanza el 38,9% de los votos, una anotación elevadísima entonces, con un candidato que era marxista y un programa que llevaba grandes transformaciones de fondo. Allende tuvo la inteligencia política, la capacidad de entender y asumir que en Chile la izquierda solo podía ser una alternativa de poder si socialistas y comunistas –dos partidos con una gran influencia en el movimiento obrero y el pueblo– iban unidos. El Partido Socialista se reunifica después de una década de divisiones en el año 56-57, y ya en los años sesenta hay un gran crecimiento, influencia de la izquierda en la sociedad chilena. En 1970, a Allende le cuesta ser elegido candidato presidencial, había perdido tres veces, tenía reticencias incluso en su propio partido, pero finalmente se impone la realidad, y es que Allende es el hombre que puede hacer que la izquierda dispute la presidencia de la república a la derecha.

“La ley de amnistía del 77 sigue siendo un muro que favorece la impunidad a los represores de la dictadura franquista”

Chile es, en la actualidad, uno de los países latinoamericanos donde la polarización política es aún más evidente y pronunciada. ¿Hasta qué punto tiene en esto que ver el papel que la derecha ha asumido al interiorizar al golpista genocida Augusto Pinochet como parte “honrosa” de su historia?

El mundo vive muy polarizado en muchos países, también en España, y en Chile también. Es un país que está polarizado desde que hubo una rebelión social muy fuerte en el año 2019 con una gran represión del Gobierno. El acuerdo que hubo entonces de abrir el proceso constituyente llevó a la derrota de propuesta de nueva Constitución hace un año, y ahora hay una nueva convención constitucional que tiene que preparar una carta magna que será sometida a plebiscito el 17 de diciembre. Hoy en Chile el partido más votado, en la última elección de mayo para los convencionales que elaboran la nueva Constitución, es la derecha. La derecha y la ultraderecha suman el quórum necesario para imponer una Constitución que parece que va a ser extremadamente reaccionaria y que cada vez va a hacer más posible que las fuerzas de izquierdas y de centro izquierda tengan que votar en contra de esa nueva Constitución. Además, con motivo de la conmemoración de los 50 años, la derecha y la ultraderecha no han hecho ninguna autocrítica acerca de su papel en 1973. Ese sector social más conservador de Chile que buscó el golpe de estado, que desarrolló una oposición sediciosa al gobierno de Allende, no ha hecho ninguna ninguna autocrítica y se ha limitado a pedir responsabilidad a la izquierda y a criticar duramente la figura de Salvador Allende y de su gobierno. No ha habido ningún debate en Chile a lo largo de este año con motivo del 50 aniversario del golpe acerca de la figura del general Pinochet y de la dictadura ominosa que impuso en el país durante 17 años. Eso se debe a que la derecha controla los principales medios del comunicación del país y controla de qué se habla en la sociedad pública, de qué discuten las élites y condiciona el debate político en la esfera pública.

Trazando un virtual paralelismo entre Pinochet y Franco y entre la historia reciente de Chile y la de España, ¿qué debe aprender la sociedad española del país sudamericano?

España puede aprender de Chile que la lucha por la verdad, por la justicia, por la reparación y por las garantías de no repetición es fundamental para la calidad de la democracia y para la salud democrática de un país. En España se impuso una transición a la democracia con impunidad a partir de la ley de amnistía del año 77, que perdonó a los represores de la dictadura. Esa ley de amnistía sigue siendo un muro que favorece la impunidad a los represores de la dictadura franquista. En cambio, en Chile hubo desde el año 74 un movimiento de derechos humanos muy importante que logró hace ya más de veinte años con su lucha indeclinable, también de manera decisiva, la detención de Pinochet en Londres, que cambió el curso de la historia en Chile. Desde hace más de veinte años los represores de Pinochet son condenados masivamente. Hay decenas de oficiales en las cárceles chilenas condenados por los crímenes contra la humanidad que cometió la dictadura de Pinochet. Además, hay una política de memoria que se expresa en memoriales, en políticas públicas, en la búsqueda de los desaparecidos, que es un ejemplo para España. En España reina la impunidad, prevalece la impunidad de los represores de la dictadura franquista. En Chile, los principales represores de la dictadura de Pinochet, o han muerto o están en la cárcel.

¿Qué tres calificativos elegiría para definir la figura de Allende y su peso en la historia universal contemporánea?

Es difícil. Allende fue un socialista chileno en el siglo veinte, militante de un partido socialista revolucionario, marxista, que buscó siempre hasta el golpe de estado la superación del capitalismo. Fue un demócrata, un revolucionario, socialista, chileno, que buscó la unidad de la izquierda, que tuvo en el Partido Comunista de Chile a su principal aliado durante veinte años, y que entendió y creyó que en Chile era posible un segundo camino hacia el socialismo, con democracia, pluralismo y libertad. Su gobierno no fracasó, sino que fue derrotado por la sinrazón de las armas, por un golpe de estado militar apoyado por la derecha chilena, por la democracia cristiana, un golpe militar fomentado, estimulado por el gobierno de Nixon y Kissinger en Estados Unidos.

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