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Fariseísmo de Francisco con Milei

Santiago Aparicio
Santiago Aparicio
Doctor en Ciencias Políticas y Sociología. Contador de realidades. Guitarrista de rock en mis tiempos libres. Y cazador de doxósofos.
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análisis

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El otro día se comentaba en estas páginas cómo el papa Francisco calificaba de hipócritas a aquellos que le aplaudían por bendecir a un empresario explotador y se indignaban cuando hacía lo propio con un homosexual. Lo que venía a decir el romano pontífice es que si se hace algo en la Iglesia que parece favorecer “a los míos” se aplaude mientras que si se hace con “lo otros” es herético. No ha pasado ni una semana y ya tenemos un ejemplo claro de decir una cosa y hacer justo la contraria. Justo lo que Jesús criticaba de los fariseos (Mateo 23:23 y ss.), que decían algo y hacían lo contrario, es lo que viene haciendo su santidad vaticana.

El domingo Mama Antula fue canonizada en el Vaticano para gran alegría del pueblo argentino pues es la primera santa de aquel país. Es de imaginar que el papa Francisco estaría orgulloso (sin excesos que es pecado) y que Javier Milei y su hermana (a la que confundieron con su esposa) estuviesen allí en representación de la nación argentina colmaría sus expectativas. Hasta aquí todo normal. El problema viene por las acciones y las palabras del presidente argentino. Aunque se declara, cuando le apetece porque en otras veces no, católico, la realidad es que su pensamiento y su acción es lo más lejano al catolicismo. Esto, al fin y al cabo, no deja de ser un problema de Milei y su conciencia. Nada que reprochar salvo cuando hace gala de catolicismo.

El problema lo tiene el romano pontífice y la curia vaticana. Se vio en unas imágenes cómo Milei estaba comulgando en la misa de la canonización. Algún que otro presbítero, conocedor del tema, señaló que si además se había confesado, mejor que mejor. Pero eso no parece que haya sucedido. El Vaticano es consciente que Milei apoya la prostitución, la venta de órganos de las personas, vive en pecado, se declara seguidor de la doctrina tántrica —afirma poder estar tres meses sin eyacular, ergo es algo contrario a la doctrina católica— y aquello de la misericordia como que lo utiliza poco en su vida. Sabiendo todos los pecados que arrastra le permiten comulgar (además en la mano cuando había un reclinatorio).

Fariseísmo por no atreverse a negar la comunión a un presidente de gobierno, a un poderoso, a un compatriota del pontífice. Posiblemente hubiese sido un escándalo negarle la comunión, pero hubiese sido un triunfo de la Iglesia. A divorciados por la fuerza les tienen apartados casi de la vida cristiana pero con un poderoso hacen como los fariseos. La pureza contra el débil y la displicencia con el poderoso. Y no solo sucede con el Vaticano sino que muchos católicos alabaron que Milei comulgase (“de los suyos”) mientras vienen criticando Amoris laetitia o las bendiciones a parejas irregulares en medios de comunicación.

A más, a más, Milei estuvo, antes de pasar por Roma, en Israel. Allí contactó con numerosos grupos económicos y con los poderes gubernamentales. Normal pues hay una enorme comunidad judía en Argentina (más grande que la nazi). Ahora bien, lo que aquí no han contado los medios de comunicación es que estuvo acompañado, tanto en su visita al Muro de las lamentaciones como en otros momentos, por dirigentes del Movimiento Lubavitch. Un movimiento de judaísmo radical que combate todo tipo de asimilación de los judíos a las formas de los demás, especialmente las occidentales. Es por ello muy combativo contra los católicos en el propio Israel. No son pocas las agresiones a católicos (y otros cristianos) en Jerusalén durante procesiones o rezos en los lugares sagrados de la tradición. Muchas risas con los bailes, pero silencio ante las agresiones.

¿Cómo confiar en la cabeza de la Iglesia si ejerce el fariseísmo frente a los políticos? Una cosa es ser diplomático, recibir en audiencia y hasta otro día. Otra bien distinta es decir a los católicos que no sean ideológicos, que no sean hipócritas y a la primera permitir que quien se sitúa contra la doctrina católica claramente pueda actuar como si no pasase nada. Milei no tiene culpa, si se quiere juntar con los radicales judaicos, defender el libertarismo o utilizar a una espiritista para hablar con su perro (otro pecado grave) es libre. El Vaticano, más allá de lo diplomático, no es libre, debe ajustarse al evangelio y la doctrina.

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