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Fentanilo: peor que una película de terror

Los riesgos del fentanilo son elevados y muchas veces, los usuarios desconocen realmente lo que están manejando. Bastan solamente dos miligramos, una cabeza de alfiler, para que una persona sufra una sobredosis mortal

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análisis

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El 32% de la población adulta española padece algún tipo de dolor, según datos de la Sociedad Española de Neurología (SEN). Un 11% lo padece de manera crónica (un cuadro de dolor que dura más de seis meses). Según el último estudio realizado en 2022 por la SEN, las consultas por dolor suponen el 50% de las visitas a atención primaria. Los tratamientos para calmar el dolor se dispensan cada vez más y no es extraño ver anuncios que pretenden aliviar, incluso “hacer daño al dolor”. 

En el año 2016, los datos señalaban que, en los últimos diez años, aumentaron en un 248% las prescripciones de fentanilo en España. Un producto del que es necesario hablar por los riesgos que comporta y porque en Estados Unidos han declarado ya una pandemia debido a las muertes causadas por las sobredosis que genera la adición y el desconocimiento sobre este opioide. 

¿Por qué nos preocupa este asunto del fentanilo? Precisamente por lo que está sucediendo en Estados Unidos durante los últimos años. Una información que comienza a conocerse, tímidamente, pero que necesita ser explicada para tomar todas las precauciones posibles. 

Un muerto cada cinco minutos en Estados Unidos

Precisamente en enero de este recién estrenado 2023 se reunían en México los líderes de Canadá, Estados Unidos y el propio presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, para abordar las cuestiones fundamentales estratégicas de los tres países de la América del Norte. En su agenda, entre los asuntos más destacados, estaba la alerta del fentanilo.

Estamos hablando de una sustancia que tiene una potencia cien veces mayor que la morfina y es cincuenta veces más adictiva que la heroína. Es una medicina diseñada para tratar el dolor asociado al cáncer, fundamentalmente. Un dolor extremo, que no remite con otros fármacos. Sin embargo, su uso, en muchos casos sin conocimiento de la adición que genera, ha hecho que cientos de miles de pacientes cayeran en un agujero del que es muy difícil salir. En su modalidad recetada en EEUU se vende bajo los nombres de Actiq, Duragesic y Sublimaze

«Las sobredosis relacionadas con el fentanilo están aumentando alarmantemente y representan una amenaza significativa a la seguridad y salud pública», dijo hace un año la Agencia Antidrogas de EEUU (DEA, por sus siglas en inglés), en un mensaje de alerta. Según informaba el pasado verano la CNN, las muertes por sobredosis de fentanilo y otros opioides sintéticos llegaron a cifras récord: entre febrero de 2021 y febrero de 2022, casi 109.000 personas perdieron la vida por esta razón. 

Sin embargo, también  existe el fentanilo ilegal, que está suponiendo una verdadera masacre. Porque se está introduciendo en otras sustancias para generar un efecto muy potente en las drogas, ya que quienes las consumen no saben de la presencia del fentanilo. Por eso se están creando también alertas para poder pasar tiras que detecten la presencia de fentanilo. Una dosis mínima puede ser letal. 

En Estados Unidos se produce una víctima mortal asociada a estas sustancias cada cinco minutos. Anne Milgram, directora de la DEA, dijo en diciembre de 2021 que el gobierno de EEUU había incautado suficiente fentanilo ese año como para dar a cada estadounidense una dosis letal. Una cifra que demuestra lo extendido que está, tanto el consumo como su comercialización. 

El precedente del Oxycontin

El problema con el fentanilo es doble: por un lado, proviene de la industria farmacéutica, desde donde se han llevado a cabo una serie de prácticas ya denunciadas que, como en el caso del Oxycontin, acabaron con la vida de más de medio millón de personas. En este caso, los comerciales farmacéuticos mintieron deliberadamente a los médicos norteamericanos para que administrasen este opiáceo contra el dolor garantizando máxima seguridad y eficacia. La verdad era muy diferente y lo que consiguieron fue que se recetase para cualquier dolor, con el consiguiente enriquecimiento de Purdue Pharma.

La información sobre la adición que creaba se ocultó deliberadamente, incluso influyendo en la Agencia Reguladora de Medicamentos para que aprobase el producto sin cumplir realmente con los requisitos necesarios. La legislación también se modificó por los vínculos de la farmacéutica con políticos que, obviamente, también salían beneficiados. Un verdadero escándalo que pasó por encima de la salud de millones de personas, causándole la muerte a varios cientos de miles. 

Para conocer hasta qué punto eran capaces de mentir, extorsionar y conseguir sus millonarios objetivos, es recomendable ver la serie «Dopesick» (Disney Plus), donde Michael Keaton protagoniza a un médico que fue víctima de toda esta trama. Purdue Farma fue condenada con multas millonarias, pero se declaró en bancarrota en 2019. Llegó incluso a un acuerdo de 4.500 millones de dólares por el que la familia Sacklers (propietaria de la compañía) se aseguraba la inmunidad frente a futuras demandas. Un arreglo que posteriormente tumbaría la justicia para que tuvieran que hacer frente a las demandas de los cientos de miles de personas dañadas. 

Emergencia sanitaria en EEUU

En 2017, durante el primer mandato de Donald Trump, se definió la crisis de los opioides como una amenaza sin precedentes, declarando la emergencia sanitaria para poder luchar contra ella. Pero Trump no fue el primero en tomar medidas. Ya en 2013, Barack Obama, siendo entonces presidente de EEUU, advirtió de la gravedad del problema que tenían entre manos. Destinó entonces parte de los presupuestos para intentar paliar los efectos de la catástrofe que comenzaba a gestarse. 

Ahora, la situación es de alerta de Salud Pública debido a la cantidad de personas enganchadas a esta sustancia que, al no poder acceder a ella por el precio a pagar, está recurriendo a la heroína y a otras drogas para calmar su adicción. 

Detención del hijo del Chapo Guzmán

Justo tres días antes de la llegada de Joe Biden a México, el 5 de enero, tuvo lugar la detención de Ovidio Guzmán, hijo del Chapo Guzmán en Culiacán, Sinaloa. Se ha señalado que la causa fundamental de su detención tiene que ver, precisamente, con que la célula del Cártel de Sinaloa que él dirigía se dedicaba a generar drogas sintéticas (fentanilo y metanfetamina) que, después, pasan a consumirse en Estados Unidos y Canadá. 

Ofrecer la «cabeza» del «ratón» (Ovidio Guzmán) era toda una declaración de intenciones por parte de López Obrador a Biden y a Justin Trudeau,  primer ministro de Canadá, puesto que según los datos que están aterrando a EEUU y Canadá, buena parte de las sobredosis relacionadas con el fentanilo, estarían vinculadas al que se fabrica ilícitamente y se mezcla con otras drogas, haciéndolas más baratas, más potentes, más adictivas y más peligrosas. 

Existe, por lo tanto, el riesgo ante el fentanilo de carácter «legal», y al ilegal, que se introduce en drogas sintéticas y puede resultar mortal en una sola dosis. Los riesgos son elevados y muchas veces, los usuarios desconocen realmente lo que están manejando. Bastan solamente dos miligramos, una cabeza de alfiler, para que una persona sufra una sobredosis mortal, según advierte la DEA. Obviamente, estamos hablando de un medicamento que, para los casos específicos indicados, y siempre bajo supervisión médica, supone un gran avance para los pacientes que sufren dolores que no se mitigan con otros tratamientos. El problema está cuando no se administra de forma adecuada. Y por desgracia, es demasiado frecuente. 

Recientemente se ha puesto a disposición de las personas afectadas la naloxona, que está disponible en farmacias sin receta y en centros de salud incluso gratis. Según los CDC, de momento es el «único remedio disponible» para hacer frente a la sobredosis de fentanilo. 

El fentanilo en España

A partir de los años 2000, especialmente desde 2006 a 2016, se dispara el consumo de opioides. El fentanilo se comercializa en parches transdérmicos y se indica en un primer momento para pacientes oncológicos y en cuidados paliativos. Sin embargo, cada vez se extiende más su uso y se comienza a recetar para pacientes con dolor crónico, agudo y, muchas otras veces, para dolores puntuales. 

Solamente en los últimos cinco años, el aumento del consumo se ha incrementado en un 40%, según el Ministerio de Sanidad. También hay que señalar la aparición del fentanilo en otros preparados, como por ejemplo comprimidos sublinguales o para chupar (como una especie de chupa chups).

En más del 40% de los casos se utilizó el fentanilo de liberación inmediata en pacientes con dolor irruptivo no oncológico, que es una indicación que no está autorizada para estos medicamentos, según señalan estudios al respecto. «De esta forma, aumenta el riesgo al abuso y/o dependencia, ya que a nivel mundial la mayor proporción de caso de abuso y dependencia se ha dado en pacientes que estaban usando estas formas farmacéuticas fuera de indicación». Según el Sistema Español de Farmacovigilancia, aproximadamente el 60% de los casos notificados de abuso y/o dependencia como sospecha de reacción adversa eran pacientes que lo usaban para una indicación no autorizada en la ficha técnica

En el año 2018 se registraron 611 muertes en España debido al abuso del fentanilo. Nos encontramos ante un auténtico peligro para nuestra salud, puesto que muchos de los pacientes que comenzaron a tomar este medicamento, desconocían en absoluto el efecto que tendría: la necesidad de aumentar la dosis para soportar el dolor, al tiempo que los riesgos de una sobredosis y el enganche se multiplicaban. Para los que consumen drogas al margen de pasar por la consulta de un médico, el riesgo es todavía mayor, puesto que se están detectando casos en los que las muertes «accidentales» parecen darse por absoluto desconocimiento de la presencia de esta sustancia en las drogas adquiridas. Un verdadero problema si atendemos al hecho de que se han detectado ya como sustancia con la que se adulteran drogas como la heroína, la cocaína u otras sintéticas más recientes, que sí son de consumo más o menos habitual entre quienes usan este tipo de estupefacientes.

Los hechos que están teniendo lugar en Estados Unidos merecen una alerta a este lado del mundo. Informar y ser conscientes de que las imágenes que nos llegan de algunas ciudades, llenas de personas caminando como zombis, son reales y dan mucho más miedo que una película de terror. Una realidad que, por alguna razón, no se muestra lo suficiente como para generar la precaución y el cuidado necesarios. 

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