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Fernando Sánchez Dragó: «España está en claro riesgo de extinción»

Tras el fallecimiento del escritor Fernando Sánchez Dragó, publicamos en digital la entrevista concedida para la revista mensual de Diario16

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análisis

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Fernando Sánchez Drago fue un ensayista, escritor y periodista español con miles de artículos a sus espaldas y más de 45 libros en su haber. Ha escrito artículos, columnas y reportajes para Diario 16, Epoca, El Mundo, La Razón, Cambio 16 y numerosos medios más que desbordarían esta lista. Fue profesor de lengua, literatura e historia de España en once universidades de siete países. Tiene numerosos premios literarios en su larga lista de méritos propios, entre ellos el Planeta (finalista y ganador) , y es, quizá, uno de los mayores conocedores de Asia en España, continente que conoce como el pasillo de su casa, como él mismo dice, y donde ha viajado a lo largo de su vida decenas de veces a lo largo y ancho.

Me sorprendió tu pasado comunista, ¿a qué se debió esa militancia y después el abandono de la misma en plena dictadura de Franco?

Yo no pertenecí al Partido de Comunista de España en mis tiempos universitarios, es que fui su fundador porque, simplemente, en el momento en que milité no existía. Un grupo de gente de aquel tiempo histórico, entre los que se encontraban Javier Pradera y Enrique Múgica, entramos en contacto con Jorge Semprún, que usaba el alias de Federico Sánchez, y fundé con la ayuda de ese grupo el PCE en la universidad de Madrid. Fui a la cárcel en 1956, pero en ese momento todavía no se descubrió que éramos del PCE porque la policía no se dio cuenta. Luego volví en el 58 a la cárcel y después en el 63…Yo he estado, en total, cinco veces en la cárcel. Todos estos asuntos los narro en mi libro Galgo corredor, que es el segundo libro de mis memorias, y allí cuento la historia de todos esos años, en que yo entró en política, hasta que finalmente me voy al exilio; ese periodo abarca desde el año 1953 hasta el 1963, en que me marcho del país, unos años que yo denomino mis años guerreros. Pero tengo que especificar que realmente no éramos comunistas en el sentido auténtico de la palabra, éramos unos chicos jóvenes antifranquistas a los que Franco nos llamó, en el Consejo de Ministros de la época, “altaneros y alborotadores”, lo cual era cierto.  

Nosotros caímos en lo único en que se podía caer en aquella época, que era el PCE, pero realmente yo nunca he sido comunista. A mí, realmente, lo que me atraía era correr aventuras, yo quería ser como Hemingway, y quería ser escritor, que es lo único que realmente soy y he sido en mi vida, todo lo demás es anecdótico. Todo lo que yo he hecho en mi vida es para ser escritor. Yo procedía de una buena familia de la época, en los comienzos de los años cincuenta, del barrio Salamanca y el Colegio del Pilar, para más señas,  y entonces no me podía ira  la guerra de China o ir a cazar leones al Africa. El único peligro que tenía en aquellos momentos a mi alcance para correr aventuras era luchar contra Franco y para que te hagas una idea de ese pasado comunista tan efímero, todos lo que entramos en ese momento nos acabamos saliendo, de una forma u otra, paulatinamente de sus filas.  Pero bueno, tengo que aclarar que entrar en el PCE era como entrar en una congregación religiosa, puritana, sometida a una disciplina férrea, lo que se llamaba el monolitismo del partido, y, obviamente, no encajábamos ahí ninguno de nosotros. El PCE en aquel tiempo era de un puritanismo tremendo, más que cualquier orden religiosa en España, y era muy de derechas, en el sentido casi literal de la palabra. Yo estaba entrando y saliendo de la cárcel en aquellos tiempos hasta que en 1963 di un portazo y me fui de España, y me embarqué en unas verdaderas aventuras, desconectándome de España y de sus avatares políticos. 

La Transición democrática

En los últimos tiempos se ha denostado mucho a la Transición democrática, ¿qué análisis harías de la misma con la perspectiva histórica que tienes?

Atacar la Transición es un invento más de la izquierda, concretamente de Podemos y los socialistas, algo que es absurdo porque el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) hizo también la Transición. La Transición fue un periodo extraordinario de la historia de España y yo tengo un buen recuerdo de la misma. En aquellos años, el país despierta del letargo de lo que fue una dictadura, que realmente fue una “dictablanda”, y la sociedad española empezó a bullir porque se podían hacer muchas cosas que hasta entonces no se podían hacer. Fue un periodo muy bonito en el cual los españoles aparcaron sus diferencias entre la derecha y la izquierda, dejando atrás las marcadas trincheras de la Guerra Civil, y fue un ejemplo extraordinario de convivencia, amistad, esperanza y alegría. Yo tengo muy buenos recuerdos de ese periodo, ¿qué se cometieron errores?, pues claro que sí porque los políticos quieren resolver problemas que no tienen solución, pero es algo inherente a la condición humana.

Luego vinieron los años de gobierno de Felipe González (1982-1996), ¿cómo juzgas al personaje con la perspectiva histórica del paso de los años?

Yo fui muy crítico, en su  momento, con Felipe González y el PSOE, pero visto sobre todo lo que ha pasado después, y me estoy refiriendo a Zapatero y a Sánchez, que son los dos peores gobernantes de la historia de España y no me refiero solamente al periodo democrático, sino a toda la historia en su conjunto, tengo hasta una buena opinión de González en comparación con los que han venido ahora. Por cierto, como todos los periodistas, insistes en hablar de política, que, por cierto, es algo que no me interesa nada.

Profetizaste que Aznar llegaría a ser presidente de Gobierno en 1989, ¿llegaste a tener buena relación con él?

Muy buena relación tuve con él, lo reconozco. Yo siempre alardeó de tener buen olfato, quizá porque he leído  y he viajado mucho, lo que te permite aglutinar cosas que la gente no suele aglutinar, y me suelo anticipar a algunas cosas que otros no ven, llegando antes que otros a ver las cosas. Con Aznar me di cuenta que iba a ser jefe de Gobierno, en 1989, y se lo dije a mis colaboradores después de entrevistarlo durante una hora en un programa de radio que dirigía. Incluso en las elecciones del 93, cuando parecía que el Partido Popular(PP) ganaría las mismas, llegué a participar en un acto de apoyo a Aznar y siempre le presté mi colaboración. Cuando Aznar llega al Gobierno, en 1996, yo era un asiduo del Palacio de la Moncloa, éramos buenos amigos.

La situación de Cataluña

¿No ves con preocupación lo que está sucediendo en Cataluña?

Es el mal de España. Siempre se ha dicho que España comienza en los Pirineos porque  está a medio camino entre el logos, la racionalidad europea, y el apasionamiento africano, es decir, que predomina un cierto espíritu tribal. Ese tribalismo es la sombra fatal que se cierne sobre España constantemente. Lo de Cataluña es un episodio más en esa tendencia tan acusada que soporta España desde hace siglos. Cataluña tiene una especifiquidad cultural, obviamente, pero si Cataluña se va, España se desguaza. España ahora está en desguace, tal como se ha visto con el pacto de gobierno de Sánchez con todos los partidos separatistas, que es un pacto contra natura con aquellos que quieren destruir la propia casa en la que vives desde dentro. Es como si un propietario que vive en una casa pacta con los okupas que le han quitado la misma. Con este pacto de gobierno, que acelera ese desguace, vamos a tener que hablar de ex España.

A veces se tiene la impresión que en unos años España hasta puede desaparecer como le pasó a otras naciones de Europa, ¿qué piensas al respecto?

Pues sí, no lo descarto, a lo largo de la historia han desaparecido numerosas naciones. España está en claro riesgo de extinción. La historia aglutina y fragmenta, fragmenta y aglutina, es una suerte de columpio de la historia, como el ying y el yang en el taoísmo. España es el único país del mundo que se odia a sí mismo. No hay ningún país del mundo donde los signos patrios, incluido el himno, sean irrespetados por  sus habitantes. Suena el himno de España, por ejemplo, y la gente lo abuchea, algo que no ocurre en ninguna parte del planeta. La propia nacionalidad española es puesta permanentemente en tela de juicio. En otros países, la gente puede estar a favor o en contra de su gobierno pero no pone en duda sus señas de identidad y sus símbolos nacionales que lo identifican.

La relación con Vox

¿Cómo nació ese interés por la figura de Santiago Abascal y su formación política VOX?

En primer lugar, porque Abascal se oponía a todo lo que estaba sucediendo y se atrevía a hablar de España y de la bandera, algo que ya nadie lo hacía. Se atrevía a hablar de la tradición, incluyendo a los toros, y es un conservador, un tradicionalista como lo soy yo. Luego Abascal tiene lo que más yo valoro en la vida, que es la dimensión épica, mientras que el resto de los políticos, con sus trajecitos y corbatitas, son muy aburridos, todo hay que decirlo. Los políticos nunca dicen lo que piensan, por no ofender a nadie, y con Santiago Abascal encontré un aire distinto. Nos aproximamos porque había una afinidad política y personal, tanto por su esa dimensión épica a la que me refería antes como por sus ideas en muchos aspectos muy parecidas a las mías. Abascal es un personaje de western, monta a caballo, va a los toros y lleva armas…parece un personaje sacado del far west y eso me gusta. Luego, en muchas cosas, no coincidimos, como por ejemplo en el asunto de la eutanasia y en el del cristianismo, porque yo no soy cristiano como él.

¿Por qué consideras que los toros son cultura?

Tengo libros enteros sobre el asunto. Los toros no solo son cultura sino que son la más  extraordinaria e insólita demostración cultural que hoy queda en el mundo  entero, y eso ya lo dijo Lorca, no es algo de mi cosecha. En ninguna otra para hay más cultura, más ritos, más religión, más sacramentalidad, más estética, más música, más pintura, más valores morales, como la amistad, la fraternidad, la solidaridad…que en los toros. En los toros, sostengo, nada es falso porque los toros se mueren. Mi respeto por los toros es total y no se entendería la historia de España sin los toros. Que coyunturalmente la izquierda haya decidido atacar a los toros es una anécdota porque por allí no van a ninguna parte.

Tras tantos años en la literatura, ¿con qué autores te quedas?

Con los clásicos, obviamente. Yo siempre digo que el mejor de los modernos es peor que el peor de los clásicos. Quevedo, Góngora, Virgilio y Homero, por citar solo algunos, son mis preferidos pero la lista sería interminable. Pero los libros que más huella me han dejado son libros sagrados y los más me han marcado.

Asia, epicentro del siglo XXI

¿Cómo nació esa relación tan intensa que tienes y has tenido con Asia?

En 1967, estando yo en Roma, me ofrecieron un puesto de profesor en una universidad de Japón y, naturalmente, lo acepté. Y llegué a un continente, Asia, y a una zona del mundo, el Oriente, que no tienen nada que ver con lo que son hoy. Más tarde, con el paso del tiempo, llegué a la India y me encontré con la India de Kipling y Salgari. Me sentí muy cómodo en ese periodo de mi vida y fue un momento crucial para mí, siendo una parte importante en mi literatura ese encuentro con aquella Asia, que como he dicho antes no tiene nada que ver con la de hoy. Aquello no es Asia y hoy todo es lo mismo debido a una globalización que ha uniformizado todo, erosionando a todas las culturas.

¿Crees que los experimentos “socialistas” de China y Vietnam han funcionado?

Son países capitalistas ya, los conozco muy bien a ambos. Han encontrado una fórmula basada en papa-Estado, que resuelve los problemas de los súbditos, y les da libertad económica, dejando que ganen el dinero que les dé la gana a cambio de mantener una rígida ortodoxia comunista en lo político. Pueden hacer todo lo que quieran sin cuestionar el sistema político. Estos países son países capitalistas con una autoridad muy marcada, son un híbrido, en definitiva, entre el comunismo y el capitalismo. Occidente está en clara decadencia, habiéndose trasladado la centralidad del mundo hacia Asia, mientras que Europa se ha convertido en un parque temático.

Yo a veces tengo la impresión que el mundo dentro de cincuenta años estará igual en términos de atraso y subdesarrollo, ¿te atreves a profetizar algo acerca del futuro?

Yo soy más pesimista que tú y creo que estamos ante un ciclo de extinción de la humanidad por muchas razones. El deterioro ambiental junto con otras consecuencias de la vida humana me han llevado a esta conclusión. Las Leyes de Dios son las de la naturaleza, que son inmutables porque son físicas y certeras. La especie humana ha crecido y se ha extendido más allá de los límites de su hábitat natural, tal como ocurre en el mundo, que ya tiene 7.000 mil millones de habitantes y sigue creciendo. Mira Madrid, aquí ya no cabe un alma y vayas donde vayas está todo hasta arriba, nunca hay espacio. Yo recuerdo, por ejemplo, cuando el mundo estaba vacío y no lo que ocurre ahora, en que no cabemos ni un alma más en el planeta. 

En esa progresión geométrica, que pronostican tantas instituciones, como las Naciones Unidas, la población aumentará tanto que ya no cabremos y nos acabaremos extinguiendo. Todas las Leyes físicas y naturales nos anuncian que pronto llegaremos a nuestra propia extinción, aunque eso no significa que ese proceso se vaya a dar de la noche a la mañana, sino que será un proceso más lento, incluso de más de cincuenta años, pero se acabará acentuado esa fase de extinción de la humanidad de la que hablaba. El mundo está condenado a la extinción, pero hasta que ese momento llegue, que llegará, los continentes seguirán preservando su identidad. Aunque, por ejemplo, Africa, donde he vivido, está peor que antes.

Europa, Rusia y Estados Unidos

¿Cómo ves a Europa y a Rusia encajando con el continente?

Rusia es otro mundo, eso está claro, y creo que en el mundo en el futuro habrá tres grandes bloques: uno formado por China y Japón: otro liderado por Rusia y su periferia, donde está Putin que lidera la tercera Roma en la cristiandad y la tradición; y luego, quedará el resto, con Estados Unidos y Europa, en clara decadencia.

Putin es el mejor político del mundo, un hombre que se dedica a gobernar y no a pastelear, mientras que en Europa los políticos se dedican a pastelear, algo que, por ejemplo, no hace Abascal en España. Se podrá equivocar pero no pastelea. Putin es algo parecido, es el líder del mundo occidental, el único que planta cara a los problemas y les hace frente. Rusia resistirá porque es fuerte y tiene una fuerza poderosa. Rusia ha salvado Europa en numerosas ocasiones, como en las guerras contra los turcos  y otomanos, y puede que lo vuelva a hacer ahora.

Son muchos los que señalan en el mundo que Estados Unidos está en una franca decadencia, ¿piensas lo mismo?

Lo que está sucediendo en el mundo es que esta desapareciendo los valores y la autoridad porque los políticos que tenemos la han perdido, algo que no ocurría antes, que podrían utilizarla bien o mal pero que existía. Churchill, de Gaulle, Stalin, Franco, Mao Tse Tung, por poner solamente algunos ejemplos, tenían autoridad, aunque se puedan discutir algunas de sus políticas y formas. Sin el auctoritas latino, que es lo contrario al autoritarismo, no se puede gobernar y lo que ocurre es que en Europa ha desaparecido el auctoritas. Los políticos europeos de todos los colores son unos chiquilicuatres y me da igual de qué color sean, esa es una de las grandes tragedias del continente, que está gobernado por gente muy mediocre. 

Otro aspecto de Europa realmente deleznable es que sigue repartida en ese juego de derecha e izquierda, que es un sinsentido y que en ninguna parte del mundo existe ya. Yo que he vivido más de treinta años en países de Africa y Asia te aseguro que nunca escuché, al hablar de política, a esos términos tan desfasados de derecha e izquierda. Esa dicotomía, ese continuo enfrentamiento que hay en Europa, no existe en otras partes del mundo y es un lastre que tiene la política en el continente. Y en España es peor todavía porque esa dicotomía tiene más peso que en otros países.

El mundo tras la pandemia

¿Crees que esta pandemia va a ser determinante en la historia de la humanidad y habrá un antes y un después?

Pues claro que sí porque la vacuna no va a resolver el problema de la pandemia, de la misma forma que la vacuna de la gripe no acabó con la gripe, y el problema seguirá ahí. Además, tengo claro que habrá más pandemias después de la que estamos viviendo ahora. Estas pandemias comenzaron en el neolítico y saltan de la especie animal a la humana con frecuencia. Ese contubernio conyugal entre los animales y los hombres, por decirlo de una forma gráfica, explica que muchos de los virus de los animales salten a los humanos y los resultados a la vista están. Proceso que, a su vez, se ha visto favorecido por la globalización y la generalización del turismo en nuestras sociedades. Ahora más o menos se está controlando, pese a las nuevas variantes que están apareciendo, pero no sabemos hasta cuándo podremos hacerlo y tener la situación bajo control. 

En cualquier caso, solamente con el destino ingente de fondos para las vacunas, la investigación científica, las ayudas sociales y otras formas de atención, el mundo va a cambiar y ya ha cambiado. Nos ha cambiado a todos los hábitos sociales y las formas de relacionarnos con los demás. El mundo ha cambiado extraordinariamente, incluso en las relaciones sexuales y en la vida social, eso es evidente. Esta pandemia generó una crisis  de confianza en los demás y despertó al policía que todos llevamos dentro, desconfiando ahora de todos por si pueden ser portadores y nos contagien, algo que es terrible y que revela hasta que punto hemos cambiado en este año y medio.

Vivir en Malasaña

Te estoy entrevistando en el barrio de Malasaña, Madrid, epicentro del cambio en España durante la Transición, ¿cómo llegaste hasta aquí para ser un vecino más?

A mi la muerte de Franco me pilla en Japón, trabajando en una emisora de radio, y me tocó el honor de dar la noticia en mi canal, NHK. Entonces decidí volver a España y encontré una buhardilla en este barrio de Malasaña, en la calle de la Madera, y cuyo lugar se volvió en legendario porque yo empezaba a ser muy conocido por mis programas de televisión, por mis libros de éxito y me convertí en una suerte de niño mimado de la cultura española. Ese lugar se acabó convirtiendo en el epicentro, el germen, de lo que después llegaría a ser Malasaña. 

Luego Malasaña se ha ido metamorfoseando a lo largo de los tiempos y eso está contado en uno de mis libros, donde cuento que todavía cuando llegué a vivir a este barrio todavía era castizo y madrileñesista, de chisperos y manolas, casi algo pueblerino. Era un pequeño pueblo donde las señoras del barrio sacaban las sillas a la calle o  al portal al mediodía. Primero llegó la movida, pues Malasaña fue la capital de la misma, y entonces pasó de ser un barrio popular y pueblerino a una suerte de barrio latino de París, en una suerte de Arca de Noé de gentes de toda la ciudad que convierten al barrio en algo muy distinto a donde llegué inicialmente. Ahora estoy muy quemado con Malasaña por varias razones. Primero porque está demasiado lleno y porque ves cosas muy grotescas e incluso adefesios, como las tiendas que se abren que no sabes qué venden y después acaban cerrando al cabo de unos meses. Y eso genera una cierta zozobra, una sensación de que no tienes barrio. Por no hablar del turismo, que casi se puede decir que por suerte desapareció en la pandemia, que aquí eran grupos de extranjeros pastoreados por una suerte de guías o mesías que explicaban la nada, porque aquí no hay nada que explicar porque no hay nada monumental ni destacable. Algo absolutamente absurdo e inexplicable es en lo que se acabó convirtiendo Malasaña, casi irreal.

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1 COMENTARIO

  1. La paranoia del centralismo madrileño afirma que España está en peligro de extinción, ¡manda car….! Lo que espero y deseo que desaparezca es el centralismo madrileño, bien expresado por Calamidad Ayuso con esta expresión: España es Madrid, Madrid es España; lo que conlleva que el resto del territorio administrado, simplemente eso; que es lo que significa provincia. Esta concepción de España es la que conducirá a su desaparición como Estado. Una pregunta: ¡Es tan difícil implementar en España el modelo suizo, belga, finés, etc…!

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