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Hablemos de las elecciones generales del 23-J

Manel Mas
Manel Mas
Estudié contabilidad y economía, fui perito y profesor mercantil, ejercí de profesor en Alesco (Altos Estudios Comerciales) en Barcelona dando clases de contabilidad, cálculo y derecho mercantil.
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análisis

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El pasado 23 de julio se hicieron las elecciones generales. El recuento definitivo de los votos ha comportado un cambio puntual a la asignación de escaños en el Parlamento español, pero relevando en la ecuación para cualquier investidura. El actual presidente del Gobierno y candidato socialista a la reelección solo podrá ser escogido si obtiene el voto afirmativo de una coalición muy amplia, incluidos los 7 votos de Junts per Cataluña.

Si hace seis días el resultado provisional ya nos situó en el centro de la conversación y de las especulaciones, con los resultados definitivos en las manos la posición todavía ha quedado más contrastada: o JuntsXCat vota que sí, o el PSOE acaba facilitando la investidura de Feijóo (o la del candidato que los Populares propongan), o vamos a la repetición de las elecciones.

Como muy bien explica Joaquim Coello, en su artículo del diario ara, las elecciones solo dejan tres alternativas: A) El PSOE deja gobernar el PP, excluido Vox del gobierno; B) el PSOE hace una coalición para la investidura con Sumar, PNB, EH Bildu, ERC y Junts, y C) se repiten las elecciones. La decisión está en manos del PSOE, que no ha ganado, pero que ha obtenido un resultado que le permite decidir. La decisión del PP de optar por una coalición con Vox lo ha excluido de ampliar la coalición con cualquier otro partido. Es una regla inexorable de la teoría de juegos: quién gana no es quien llega primero, es quien más opciones de pacto tiene.

La alternativa A) puesta a una política más de derechas, menos social, más basada en la competencia que en el consenso, menos igualitaria en el reparto de la riqueza, más basada en la iniciativa privada y personal y más centralista que la alternativa B). La España periférica, València, Baleares, Andalucía, País Vasco, Cataluña, es más partidaria de esta segunda opción que de la alternativa A). Después de la agresiva campaña electoral, el hecho que el PP le pida ahora al PSOE que lo deje gobernar es sorprendente.

La alternativa B) supone una continuidad respecto a la política desplegada por el PSOE en los últimos cuatro años y en el ámbito económico supone más seguridad. La política económica desplegada por el PSOE en la pandemia y la crisis provocada por la guerra de Ucrania ha estado globalmente satisfactoria (ERTOs de la pandemia, política energética y excepción ibérica, programas Next Generation, reforma laboral, igualdad de la mujer…

Ha sido una política de raíz pragmática y poco influenciada por la ideología, excepto en relación con la ley del solo sí es sí. La dificultad de la alternativa B) para el PSOE es conseguir el apoyo de los independentistas catalanes, y especialmente de Junts, pero con la pérdida de votos que este partido ha sufrido tendría que ser posible. Están obligados a practicar la humildad y no la arrogancia. Conseguir una amnistía para la gente acusada de activismo no es imposible. Los delitos son menores y el goteo de casos no ayuda a la convivencia y paz social en Cataluña.

En el resto de España, esto tiene una trascendencia limitada, lo cual hace más fácil para el gobierno de España impulsarla. Para los casos políticamente más relevantes en relación con los líderes políticos que continúan al exilio haría falta una política específica que permitiera resolver el problema sin provocar un enfrentamiento entre parte de Cataluña y de España. Siempre hay ciudadanos más movilizados y más intransigentes, esto no se puede obviar. La concepción de España del PP y del PSOE es diferente respecto de la estructura del Estado.

La primera, centralista, concentrada, basada en una gran metrópoli -Madrid-, que absorbe y concentra el poder político y financiero, pero no el productivo. Esta concepción jacobina era hace unos años más teórica que real, no era Madrid todavía una megalópolis, pero hoy ya es una realidad: Madrid ha absorbido todo lo que tenía a su alrededor causando “la España vaciada”.

La segunda, más federal, basada en la industria, la agricultura y el turismo. En definitiva, creada a partir del litoral peninsular y el valle del Ebro, para la producción de bienes y también servicios. Estas dos visiones se han contrapuesto en estas elecciones con diferente contundencia. La primera, clara y desacomplejadamente por el PP, es la idea de Ayuso. La segunda, de manera tímida e incompleta, del PSOE, puesto que hay también dentro del PSOE persones defensoras del modelo jacobino.

Lo que quieren los conservadores es el modelo centralista. Hay que contraponer el modelo periférico, que el PSOE tendría que promover sin complejos. No basta de contraponer el conservadurismo y el progresismo, porque aquí el progresismo pierde; hay que contraponer el concepto centro y periferia porque ésta es claramente mayoritaria en el número de personas y, especialmente mayoritaria del PIB. Esto va más de estrategia que de táctica.

Por ultimo permítanme que les diga una frase que me ha mandado un viejo profesor y amigo con motivo de la situación derivada del resultado electoral: Resulta kafkiano que un candidato a presidente del gobierno necesite el apoyo del partido cuyo líder es alguien a quien pretende detener, juzgar y encarcelar.

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