Medio millón de firmas y la independencia de California de Estados Unidos podría ser una realidad en el año 2028. El procés a la americana o Calexit ya es un hecho. Líderes políticos han activado la iniciativa, que llevaba años paralizada, tras la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca.
Con cuatro billones de dólares de PIB, California sería la cuarta economía del mundo. Una bicoca para el movimiento por la independencia de California, que vuelve a tomar fuerza. El pasado jueves 23 de enero, la secretaria del estado, Shirley Weber, anunció la autorización de una recogida de firmas para poner en marcha el proceso.
Según el portal de noticias Newtral, en 2027 el Estado tendría que crear una comisión territorial de 20 miembros para estudiar la viabilidad de California como país independiente y publicar un informe al año siguiente. “Los miembros de la comisión, que serían elegidos al azar por la Secretaría de Estado, tendrían que cumplir ciertos requisitos, como ser propuestos por 100 votantes registrados y residir en California al menos cinco años”.
Tal como informa Newtral, “esta propuesta también supondría añadir una pregunta relacionada con la independencia de California en la papeleta del 7 de noviembre de 2028, fecha en la que está prevista la celebración de las elecciones estatales: ¿Debería California abandonar Estados Unidos y convertirse en un país libre e independiente?”.
Para que salga adelante, la pregunta de 2028 necesitaría la participación de al menos el 50% de los votantes de California. El órdago independentista se reactiva tras los últimos incendios en Los Ángeles, que han desbordado completamente al Gobierno federal. Hay malestar entre los californianos, que se sienten abandonados. No ha habido bomberos suficientes y las ayudas no llegarán a corto plazo (probablemente nunca lleguen, ya que Trump es partidario de que sean los seguros privados y no las arcas públicas quienes se hagan cargo de las indemnizaciones).
También ha contribuido a la decisión del movimiento indepe californiano la decisión de Trump de deportar a decenas de miles de inmigrantes y de blindar el país ante la llegada de nuevos extranjeros. Las leyes del magnate estadounidenses rozan el apartheid o régimen segregacionista y algunos estados como California no desean participar de una barbaridad política que recuerda a los peores tiempos del nazismo. Las colas de mexicanos puestos en la frontera por la fuerza han conmocionado, sin duda, a la opinión pública norteamericana y en ese contexto se entiende la reactivación de la independencia de un estado que siempre se ha considerado mestizo y multicultural.
Y luego está el espionoso asunto de los aranceles. El cierre de fronteras proclamado por Trump, obsesionado con el aislacionismo y la autarquía, causa pavor en un Estado que vive eminentemente del turismo y del comercio internacional en un marco de globalización. Los californianos han entendido que el plan arancelario trumpista les hará perder dinero y riqueza y las grandes familias californianas se han puesto manos a la obra.
La noticia ha hecho temblar a la Casa Blanca. Trump no ha hecho más que aterrizar y ya tiene encima de la mesa dos guerras con las que prometió acabar, una bofetada de la industria tecnológica china a las empresas de Silicon Valley (el chat de inteligencia artificial DeepSeek ha provocado pérdidas por un billón de dólares a las multinacionales norteamericanas) y ahora este proceso soberanista que promete desmembrar Estados Unidos, una situación que ni el cine de ciencia ficción más ambicioso había anticipado. Lógicamente, el procés californiano generaría tensiones inimaginables hasta hoy en la primera potencia mundial. La sombra de la independencia es un ingrediente más a la posibilidad de un conflicto civil entre norteamericanos y remite a aquella guerra de secesión que enfrentó a los estados del norte y del sur en 1861. La posibilidad del enfrentamiento armado entre facciones extremistas ya se registró tras el asalto al Capitolio, un golpe de Estado promocionado por Trump tras perder las elecciones contra Joe Biden en 2021.
Estados Unidos se forjó con la llegada de los pioneros que conquistaron el oeste. California es mucho más que un Estado, es un símbolo del poder yanqui, la sede de Silicon Valley, el mayor centro de investigación tecnológica del mundo, y la meca del cine. Perder Hollywood sería el final de USA, tal como hoy lo conocemos. La caída del imperio.