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La ‘guerra del gas’ desató una loca carrera por las prospecciones marítimas cerca del terremoto de Turquía

Desde hace años varios países mantienen un contencioso por la exploración de los recursos naturales en esa zona del planeta devastada por el seísmo

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análisis

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El trágico terremoto en Turquía y Siria, uno de los más devastadores de la historia (de momento se han contabilizado 5.000 muertos y más de 20.000 heridos), se produce en medio de un agrio contencioso por el control de las reservas marítimas de gas en el Mediterráneo oriental, a poca distancia del epicentro del seísmo. Informes del Servicio Geológico de Estados Unidos han revelado la existencia de más de tres billones de metros cúbicos de gas y 1.700 millones de barriles de petróleo en el Mediterráneo oriental, en las costas de Siria, la Franja de Gaza, Líbano, Israel y Chipre. Además, varias compañías petroleras han descubierto importantísimos yacimientos de gas en aguas chipriotas, lo que ha generado una escalada de tensión entre Turquía y Grecia, que desde hace años se disputan la soberanía territorial por el control de las reservas gasísticas. En los últimos meses las prospecciones en el área en busca de gas están siendo constantes.

Desde 2019 Turquía envía barcos de perforación a la zona, donde realiza sondeos exploratorios y estudios sísmicos en aguas chipriotas. En respuesta, la Unión Europea ha llegado a sancionar a Turquía, frenando las conversaciones bilaterales de alto nivel y reduciendo en 145,8 millones de euros los fondos de pre acceso a la UE del país. La Unión Europea y Chipre consideran que el norte de la isla y las aguas que lo rodean forman parte de la Zona Económica Exclusiva (ZEE) y, por ello, los países miembros del bloque pueden pescar y perforar la zona. Sin embargo, Turquía reconoce Chipre del Norte como independiente y mantiene que el Gobierno de Ankara tiene derecho a perforar. Tanto Grecia como Turquía han desplegado sus armadas en la zona para realizar ejercicios de combate entre Creta y Chipre y para vigilarse mutuamente.

En septiembre de 2020, en medio de la escalada de tensiones con Grecia por las jurisdicciones en el Mediterráneo oriental, Turquía anunció que prolongaba sus polémicas actividades de exploración de hidrocarburos en la zona disputada. El buque sísmico Oruç Reis, se encargó de los trabajos de perforación. Bruselas calificó estas operaciones como ilegales.

Las extracciones próximas al epicentro del terremoto que se ha desatado estos días prosiguieron en julio de 2022, según France Press. “El inicio de las operaciones de nuestro nuevo buque de reconocimiento en el Mediterráneo está previsto para el próximo mes”, aseguró el vicepresidente turco Fuat Oktay en un discurso en la autoproclamada República Turca del Norte de Chipre (RTC). “Estamos decididos a defender nuestros derechos en el Mediterráneo Oriental”, añadió. En agosto, un cuarto buque perforador adquirido por Turquía, el Abdülhamid Han, partió en su primera misión para explorar un pozo de gas ante la costa de Antalya, en el Mediterráneo oriental, una operación que fue anunciada por el mismísimo presidente Recep Tayyip Erdogan durante una ceremonia en el puerto meridional de Mersin. “Enviamos al Abdülhamid Han a un nuevo punto de perforación de nuestra patria azul en el Mediterráneo. Destinamos el barco al pozo Yörükler 1 en el mar a 55 kilómetros de la costa de Gazipasa”, dijo Erdogan en el discurso transmitido en directo por la cadena NTV. El mandatario subrayó que la zona es “de soberanía” turca y que “no hace falta pedir permiso a nadie” para estas perforaciones, informó la agencia Efe.

Las prospecciones de gas se llevan a cabo en el área marítima de Chipre, frente a la costa devastada por el seísmo.

En poco tiempo Ankara adquirió un buque perforador bautizado como Cobalt y construido en Corea en 2014, lo renombró como Abdülhamid Han, en honor a un sultán otomano, y lo acondicionó para llevar a cabo las prospecciones. El área investigada por el buque turco se hallaba al noroeste de Chipre, más cerca de las costas turcas que de las chipriotas, y no se solapaba con ninguna zona reclamada por Atenas ni por Nicosia. Pero llama la atención la proximidad de las prospecciones realizadas en Chipre con la costa turca y siria que estos días han sufrido el terremoto más devastador en los últimos ochenta años. Además, conviene no olvidar que la zona es especialmente sensible a actividades sísmicas por la presencia de la falla del este de Anatolia. Esta estructura geológicas está considerada una de las más peligrosas del mundo, ya que provoca grandes sismos en amplias áreas geográficas como Turquía, Siria, Líbano, Jordania, Chipre, Israel. El sentido común aconseja tratar con sumo cuidado ese delicado pliegue de la Tierra.

Máxima tensión

Se sabe que durante años Turquía ha estado enviando buques perforadores a áreas del Mediterráneo entre Chipre y Creta que acorde a la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (CONVEMAR) forman parte de la zona económica exclusiva (ZEE) griega, por lo que esas actividades desataron enérgicas protestas de Atenas. Recientemente, en noviembre del pasado año, Erdogan volvió a anunciar nuevas operaciones de prospección de hidrocarburos en esa zona del Mediterráneo oriental ante el aumento de las actividades griegas. Los detalles y las técnicas empleadas en el operativo se mantuvieron en secreto.

La ciencia ha llegado a la conclusión de que determinados trabajos de extracción de gas y crudo en el mar pueden provocar movimientos sísmicos. Desde el año 1999, cuando se extendió el fracking en los estados de Colorado y en Nuevo México, Estados Unidos, registró 16 terremotos de magnitudes superiores a 3,8 en la escala de Richter en esa zona. Mucho más que el único sismo de esa magnitud ocurrido en las tres décadas anteriores. La responsable de ese notable aumento en la frecuencia de terremotos, según los científicos del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), es la técnica de manejo de aguas residuales de las empresas que usan el método de fracturación hidráulica para extraer gas o petróleo, según informó en su día la BBC.

Fracking en España

En España también se han registrado incidentes que relacionan la inyección de gas del subsuelo marino con movimientos sísmicos. Fue el conocido como Proyecto Castor, una concesión administrativa otorgada en 2008 para la explotación de un almacén subterráneo de gas aprovechando una estructura geológica de un antiguo yacimiento petrolífero de Amposta, a más de 1.700 metros de profundidad y a una distancia de 22 kilómetros de la costa castellonense de Vinaròs. Las perforaciones coincidieron con una serie de terremotos de pequeña intensidad que alarmaron a los habitantes de la costa valenciana. El 16 de septiembre del 2013, el ministro de Industria José Manuel Soria ordenó paralizar el proyecto por la posibilidad de que su puesta en marcha hubiera provocado cientos de movimientos sísmicos, según informes científicos del Instituto Geográfico Nacional y del Instituto Geológico y Minero de España. Posteriormente, un estudio internacional en el que participa la Universidad de Granada ha aportado nuevos datos sobre los casi 3.500 terremotos que coincidieron con los trabajos de Castor. El caso llegó a los tribunales, pero finalmente no se encontraron responsabilidades.

Técnicos del Instituto Geográfico Nacional que realizaron un informe en diciembre de 2013 a instancias del Ministerio de Industria sobre la actividad sísmica del Castor y sus causas afirmaron que, aunque al principio tenían sus dudas, posteriormente establecieron la relación entre los seísmos y la inyección de gas. Además, expertos apuntaron que no se podía descartar que el sistema de fallas Amposta –compuesto por la falla principal y las ramificación asociadas– jugaran un papel que en el origen de buena parte de los seísmos.

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