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La inteligencia artificial, ¿herramienta o amenaza?

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análisis

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En los años cincuenta del pasado siglo, un escritor norteamericano de Ciencia Ficción llamado Issac Asimov publicó una serie de relatos periódicos en la prensa de la época dedicados a un tema entonces de moda, los robots, y que fueron recopilados más tarde en una obra capital de la ciencia-ficción, «yo, robot«. Asimov imaginaba unos robots avanzados que colaboraban con el ser humano, intentando en la medida de sus posibilidades, hacerle la vida más fácil y protegiéndolo en todo momento; el escritor imaginó una máquinas robóticas provistas de voluntad e inteligencia artificial pero sometidas al imperio de una serie de leyes físicas que eran inquebrantables para ellas. Estas leyes físicas imaginarias eran tres y fueron nombradas por el escritor «leyes de la robótica» y se podían resumir, de manera concisa, en una sola ley, «un robot no puede causar ningún daño al ser humano, ni por acción, ni por omisión«. 

Posteriormente, en los años ochenta del pasado siglo, la imaginación de los guionistas de cine de Hollywood creó otra suerte de máquinas con inteligencia artificial, pero esta vez no eran benévolas como las de Asimov, sino que éstas pretendían dominar la Tierra y exterminar al Ser Humano, me refiero al conocido «Skynet» de la saga «Terminator«, un villano cibernético en mayúsculas y que generó toda una serie de películas y secuelas que fueron (y son todavía) deleite de tanta y tanta gente. Yendo un poco más adelante, a finales del siglo XX se alumbró una trilogía de películas en las que la Inteligencia Artificial era también la villana pero de una manera un tanto más sutil, aquí la Inteligencia Artificial había creado un mundo de realidad virtual en el que la humanidad estaba prisionera viviendo una suerte de sueño que parecía real, pero que escondía un mundo real en el que las máquinas se aprovechaban de la energía que desprende el cuerpo humano para poderla usar para sus propios fines. En pocas palabras, un mundo en el que la Humanidad era esclava y prisionera pero sin ser consciente de ello, me refiero a «Matrix«.

Estos tres ejemplos anteriores no dejan de ser el fruto de la imaginación de sus autores, son ejemplos literarios y cinematográficos, pero lo cierto es que la Inteligencia Artificial (IA) ya está aquí y está desarrollándose cada vez más. En esta época tecnológica las novedades se suceden de manera cada vez más rápida, hace seis meses muchos no conocíamos lo que era el «Chat GPT» o aplicaciones como «DALL-E«, por decir unos casos concretos; ahora, en poco tiempo, aplicaciones de este tipo se han puesto de actualidad, podemos pedir a la IA que nos redacte un artículo de opinión sobre cualquier tema, y la verdad es que lo hace, quizá no de la manera más correcta, quizá parezca una redacción de un alumno de secundaria, quizá cometa errores de bulto, pero lo cierto es que lo hace y bastante bien. También podemos pedir que se nos dibuje lo que deseemos y con el estilo que se prefiera, o bien, que se nos genere un vídeo con una características determinados, y lo hace; también le podemos pedir que nos escriba un programa informático que haga tal o cual cosa en el lenguaje de programación que sea, y lo hace y, por lo que se dice, el programa funciona y todo. En fin, que gracias a la IA tenemos a disposición una serie de herramientas impensables hace sólo tres años y que, según parece, han venido para quedarse.

De todos modos, aparece la suspicacia, hace poco el Gobierno de Italia anunció que estudiaba limitar «Chat GPT» en el país por motivos de seguridad y lo propio está haciendo nuestro Gobierno. Y es que la controversia está servida, por un lado, en relación a las imágenes generadas, ¿de quién serían los derechos de autor», por otro lado, en relación a la información que usa la IA para generar sus respuestas, ¿se puede infringir la normativa europea de protección de datos», yendo más allá, ¿qué se puede hacer y qué no con la IA, se va a legislar al respecto?, ¿qué pasa con la seguridad y la legislación de cada estado? En definitiva, la IA es un gran avance tecnológico pero que no está exento de riesgos y de polémica, y es que a veces la evolución va mucho más rápida que la legislación, de tal manera que querer controlar algo que está tan en auge sea un poco como querer poner puertas al campo. ¿Dónde está el límite de la IA?, ¿estamos seguros con ella o simplemente va a ser una herramienta más de control? También está la controversia sobre si una IA perfeccionada repercutirá en la eliminación de empleos, pero esta pregunta también se puede contestar aduciendo que lo que hará será generar nuevos empleos o quehaceres que hoy en día no podemos ni imaginar; en pocas palabras, la tecnología destruye profesiones pero crea otras nuevas.

Como se puede ver, la IA inspira muchas incógnitas pero, sin lugar a dudas es una potente herramienta que también nos puede hacer la vida un poco más fácil. Por lo tanto, en la controversia sobre si a IA entre es una amenaza o una herramienta yo me quedo con esta última, es una herramienta; mientras no se demuestre lo contrario, la IA estará a nuestro servicio y no al revés, ya que las máquinas siempre han necesitado la intervención humana, por poca que ésta sea, para funcionar bien y eliminar las incidencias que van apareciendo. Respecto a un futuro a largo plazo, personalmente veo más factible algo más parecido a los benévolos robots de Asimov que a los perversos «terminators«; dicen que la realidad superará a la ficción, y seguro que va a ser así, viviremos cambios y nuestra Sociedad se adaptará a ellos, pero también hay que hacer un esfuerzo para adecuar nuestras normas de convivencia a esta nueva realidad. Ahora bien, si Asimov levantara la cabeza…

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2 COMENTARIOS

  1. Hay cierta polémica sobre la decisión de Polonia de abrir la puerta a que por lo menos en ciertos juicios el juez sea una inteligencia artificial. No me he podido leer el artículo porque era de pago, pero Polonia dice que es una necesidad.
    Me imagino que en Polonia sufren el mal endémica de casi todas las democracias: los jueces humanos no dan a basto. Mejor nos juzguen robots a que los juzgados se colapsen. Algo parecido supongo que dirán los que defienden que algunos médicos sean sustituidos por inteligencia artificial.
    La reacción de mucha gente será que no: que le juzgue un juez humano, no un robot que «vaya Ud a saber quien lo habrá programado». Comprendo la preocupación, pero a los jueces e incluso a todo el sistema judicial se le puede corromper y no me invento nada.

    He leído que en EEUU tienen tal problema de delincuencia que para no colapsar la justicia han creado un sistema judicial en que a muchos les obligan a declararse culpables. Son los que no pueden permitirse el «lujo» de contratar un buen gabinete de abogados. Les «proponen» negociar el número de años que estarán en la cárcel sin pasar por el juzgado. Los que no lo hacen que no son muchos, son condenados a penas de cárcel desproporcionadas.
    Ahora ese sistema judicial corrompido lo quieren exportar a Europa.

    Ante eso, prefiero la inteligencia artificial y que a los pobres les juzgue alguien, aunque sea un robot. Es preferible a que les obliguen a declararse culpables.

  2. El principal problema que le veo a esto es que las empresas de inteligencia artificial se vuelvan tan poderosas que se pongan incluso por encima de la ley.
    Supongamos que con el tiempo la sanidad, la justicia, y muchos servicios esenciales necesitan de los robots para no colapsarse. Un país tiene un problema con una de esas empresas que tienen su sede en el extranjero. Como represalia, la empresa programa a sus robots para boicotear su actividad en el país en cuestión. El país en el que la empresa tiene su sede avala la decisión de la empresa, o por lo menos se inhibe.

    ¿Que puede hace el país afectado?

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