“Las violencias se transmiten de generación en generación incluso cuando se creen ya olvidadas”

José Ovejero consolida con ‘Vibración’ su ascendente e imparable trayectoria literaria, un inquietante recorrido por los fantasmas que pueblan nuestra convivencia diaria en los lugares más insospechados

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El escritor José Ovejero. Foto: Isabel Wagemann.

Los premios literarios han ido jalonando su trayectoria como narrador prácticamente desde los inicios de su carrera profesional, hace ya más de 30 años; sin ir más lejos el Premio Dulce Chacón de Narrativa Española el pasado 2023. ¿Qué suponen estos reconocimientos para un escritor a la hora de afrontar el día a día con el folio en blanco?

No creo que los premios sirvan de gran cosa a la hora de escribir. Que durante muchos años escribiese regularmente sin que ninguna editorial quisiera publicarme significa que el reconocimiento externo no es el motor de mi escritura -tampoco la fantasía de ese reconocimiento-. Si eres escritor, escribes, independientemente de la respuesta del público. Los premios sirven para ganarte la vida -en el mejor de los casos- y como colchón para escribir sin tener que perder mucho tiempo con trabajos alimenticios -incluida la escritura alimenticia-. Y, por supuesto, es agradable que reconozcan tu trabajo aunque no sea ese el objetivo ni la razón de éste.

En su última propuesta novelística, Vibración, vuelve a esos lugares apartados, decadentes, pueblos perdidos con peligros siempre acechando, como ya hiciera por ejemplo en la anterior Humo, de 2021. Y de nuevo pone a prueba la entereza familiar en su trama. ¿Por qué le interesan estos enclaves literarios para plantear sus historias?

En los márgenes suceden siempre las cosas más significativas. Durante bastante tiempo el territorio de buena parte de la literatura, no solo en el género negro, han sido los márgenes urbanos: sociales, sicológicos, culturales. Pero resulta que hay espacios marginalizados que no están en la ciudad y por eso quedan a menudo fuera de la imagen. Y en mis últimos libros me he interesado por dichos espacios, porque, aunque salgan rara vez en los libros de Historia, condensan la Historia de una manera especial.

“En los márgenes suceden siempre las cosas más significativas”

Las violencias, concretas o imperceptibles a simple vista, siempre están muy presentes en su bibliografía. ¿A qué es debido?

A que están presentes en la vida y por ello me inspiran para escribir. Lo mismo podría decir de las relaciones familiares, el sexo, el humor o la explotación laboral. Y a todo ello, en algún momento, se asoman mis libros.

En la joven familia protagonista de Vibración, cada uno de los personajes mantiene su guerraparticular con lo desconocido, ya sea un enigmático pantano, el pasado y la memoria o la propia supervivencia de la familia. ¿Cualquier familia que se preste tiene fantasmas que alimentar para sobrevivir?

El fantasma no necesita que lo alimenten. Es la presencia de un pasado que sigue siendo presente. Ese pasado continúa ahí, sin que lo percibamos, hasta que se materializa sin que sepamos por qué. Las violencias se transmiten de generación en generación incluso cuando se creen ya olvidadas. Me interesa mucho esa persistencia, esa vibración que continúa inaudible. Es falsa la idea ‘ojos que no ven, corazón que no siente’. Al contrario, a menudo sentimos más lo que no vemos, porque no sabemos cómo enfrentarnos a ello.

Lo fantasmagórico vive un notable renacer literario en la actualidad. ¿Siempre pueden existir formas novedosas de abordar este tipo de novelas de misterio?

Confieso que no tengo ni idea de la situación de lo fantasmagórico en la literatura actual. Pero para ese género vale lo que para cualquier otro: siempre hay formas novedosas de escribir, no importa el tema. La literatura no la constituyen ni el tema, ni la peripecia, sino la capacidad del lenguaje de provocar siempre situaciones e ideas nuevas.

¿El misterio o el secreto inconfesable deben ser señuelos literarios ineludibles para atrapar la atención en una novela como esta que en ningún caso se encuadra dentro del encorsetamiento del subgénero negro?

Uno de los rasgos más importantes de la literatura es que no tiene ninguna obligación, ningún ‘debe’. Hay novelas que nos atrapan con el señuelo del misterio, o de la trama; algunas lo hacen generando empatía (o antipatía) con los personajes; otras con su lenguaje, otras con la inteligencia de su construcción. Mis novelas van variando la proporción de todos esos elementos, aunque siempre procuro que el lenguaje y la atmósfera sean los principales generadores de fascinación.

“El fantasma no necesita que lo alimenten. Es la presencia de un pasado que sigue siendo presente”

¿Es usted de esos autores que ya tienen perfectamente determinado el destino de sus protagonistas antes de escribir la primera línea de la novela, o al contrario, deja que fluya la improvisación y un desenlace imprevisto?

Cuando comienzo a escribir casi nunca tengo una idea clara de lo que estoy haciendo: parto de una escena o de una intuición y, si me seducen, me pongo a trabajar, a escarbar en ellas a ver qué encuentro. Es como un trabajo de arqueología: encuentras un objeto que te parece valioso y vas ahondando a ver qué más encuentras. Y, por supuesto, ignoras qué vas a descubrir en las profundidades.

¿De qué forma ha notado usted una evolución natural en sus preferencias estilísticas y temáticas a lo largo de su producción novelística?

Es una pregunta a la que no sé responder y a la que quizá no sea útil que responda. Es algo que se percibe mejor desde fuera. Hace poco enseñaba un texto a mi editor y le decía que me parecía completamente diferente a lo que he escrito hasta ahora. Y él me decía que tenía razón en lo que se refiere a la forma, al estilo, pero me señaló temas coincidentes con los de otros libros míos, una correspondencia de la que yo me había dado cuenta.

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