Los barones del PP marcan el paso a Casado al aceptar el estado de alarma decretado por el Gobierno

26 de Octubre de 2020
Actualizado el 02 de julio de 2024
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Sede Génova PP

La promulgación del nuevo decreto de estado de alarma va a obligar a los barones del PP a posicionarse, mientras siguen aumentando las cifras de muertos y contagiados por el covid-19. Ya sabemos que Isabel Díaz Ayuso ha calificado esta herramienta jurídica como un rotundo “fracaso” de Pedro Sánchez (aunque a buen seguro aplicará el toque de queda nocturno sin rechistar) pero cabe analizar qué piensan hacer los demás líderes territoriales. De momento parece que todos ellos sin excepción (salvo el citado verso suelto de IDA) están por la labor de apoyar sin ambages al Gobierno central en una medida que todos los expertos epidemiólogos, españoles y extranjeros, recomiendan como único remedio para contener la pandemia. En esa línea se ha pronunciado el presidente de la Comunidad de Murcia, Fernando López Miras, que ha dado un paso al frente para garantizar su respeto institucional, su lealtad con el Gobierno de España y su intención de trabajar en unión con las demás administraciones en la ardua tarea de vencer al coronavirus. “Debemos ser contundentes hoy, no queda otra. Si ya es duro afrontar restricciones de movilidad, peor sería que se tuvieran que afrontar cíclicamente”, ha asegurado antes de sentenciar tajantemente: “Volvemos al mensaje inicial: Quédense en casa si no es estrictamente necesario que salgan”.

Mientras tanto, en AndalucíaMoreno Bonilla ha mostrado su predisposición a ejercer “siempre sus competencias y responsabilidades sin rehusar la toma de decisiones”. “Primaremos la garantía de la salud pública intentando poner en el menor riesgo posible la actividad económica (…) Juntos volveremos a superar este duro golpe de la pandemia”, ha alegado. Lejos del Palacio deSan Telmo, sede de la Junta andaluza, el barón gallego Núñez Feijóo guarda un inquietante silencio, lo cual lleva a pensar que Génova 13 puede estar preparando algún tipo de triquiñuela o maniobra política contra Moncloa para rentabilizar electoralmente, una vez más, una medida tan impopular como el estado de alarma que contempla el toque de queda. ¿Qué Pablo Casado nos vamos a encontrar tras su discurso de gran estadista de la pasada semana contra la ultraderecha de Vox que algunos han calificado, quizá algo exageradamente, como propio del célebre Cánovas del Castillo? ¿Aparecerá el Casado moderado o el que ha batido récords de insultos por minuto contra el presidente Sánchez en todas esas abochornantes sesiones de control parlamentario en las que ha tomado parte a lo largo de la pandemia?

Fuentes de Génova 13 aseguran que en el Partido Popular están estudiando minuciosamente el nuevo escenario que se ha abierto tras la declaración del estado de alarma en todo el país. Cualquier paso en falso puede resultar fatal para los intereses de la formación conservadora y lo más probable es que Casado no ponga pegas al decreto. A fin de cuentas la ley no es más que una herramienta jurídica, un paraguas legal que el Gobierno central pone en manos de las comunidades autónomas para que sean estas las que desarrollen las medidas que consideren oportunas en función de los datos concretos sobre la pandemia y su incidencia en cada territorio o región. Este decreto de estado de alarma no tiene nada que ver con el que Sánchez puso en marcha en el mes de marzo, cuando el Ministerio de Sanidad de Salvador Illa y el Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias del doctor Fernando Simón asumieron el mando único de las operaciones. Ahora la responsabilidad recae en los diferentes Ejecutivos regionales, de manera que la decisión de decretar los confinamientos no parte del peligroso Gobierno chavista y bolivariano que recorta las libertades y derechos fundamentales de los ciudadanos −tal como denuncia Vox−, sino que son los propios barones del PP, con el respaldo del partido de Santiago Abascal en cada comunidad autónoma (no lo olvidemos) los que deciden aplicar las duras medidas de restricción de la movilidad.

De ahí que Casado lo tenga ahora mucho más difícil para jugar a la retórica vacía y a la demagogia barata, como ha hecho estos meses atrás, cuando votaba en contra de las sucesivas prórrogas del estado de alarma que le iba planteando Sánchez. Hacerlo en el nuevo escenario, decir no a ese estado de alarma blando, sería tanto como ir en contra de sus propios barones, que solicitan la aplicación de las medidas de excepción. En ese sentido, lo más probable es que Casado acepte el decreto, aunque a regañadientes, pero reclame que los plazos se acorten, es decir, que la medida de excepción no llegue en ningún caso hasta el 9 de mayo, límite máximo impuesto por el Gobierno. El líder del PP, como buen ultraliberal que es, siente una animadversión casi obsesiva ante la idea de que la economía española se paralice, aunque sea para salvar la vida y la salud de millones de españoles, así como la Sanidad pública amenazada de colapso, y va a presionar a Sánchez para que el Estado de alarma no se alargue más allá de unas pocas semanas. Probablemente, ahí va a estar el nuevo caballo de batalla entre Gobierno y oposición, por ahí es por donde Casado va a tensar la cuerda otra vez.

Ahora bien, en el caso de que el presidente del PP decida seguir haciendo política “trumpista” con algo tan delicado como la salud de la nación, podría incurrir en flagrantes contradicciones con lo que opinan algunos de sus barones más destacados, generándose una preocupante inestabilidad en el propio seno del partido. El silencio de Feijóo es elocuente, ya que el líder gallego se está manteniendo a la expectativa hasta ver cuál es el siguiente paso que da la dirección nacional. No hay que olvidar que el duro discurso antifascista de Casado contra Vox de la pasada semana en la Cortes ha puesto en una difícil situación a los “trifachitos” de Madrid, Andalucía y Murcia, donde Vox participa activamente como socio de Gobierno. Algunos gabinetes ya han empezado a sentir los efectos de ese tsunami, y Abascal amenaza con tomar represalias. Abrir un nuevo frente en su propia formación política no conviene al líder popular. Lo lógico sería pensar que Casado no se meterá en un nuevo charco a cuenta del estado de alarma, una herramienta para luchar contra la epidemia que a fin de cuentas ha sido reclamada por la casi totalidad de los gobiernos autonómicos con independencia de su color político salvo, eso sí, la siempre insumisa Díaz Ayuso, que se mantiene en su enloquecida y absurda pugna contra Sánchez. Sin embargo, del nuevo Cánovas del Castillo de la derecha española puede esperarse cualquier cosa, ya que es un hombre airado que funciona a impulsos. Por mucho que esté intentando labrarse una imagen de político moderado.

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