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Mientras Dinamarca y Suecia cierran sus investigaciones sobre Nord Stream, los políticos de estos países contribuyen a su encubrimiento

Jeffrey Brodsky
Jeffrey Brodskyhttp://jeffreyabrodsky.com/
Es el único reportero que visitó los cuatro sitios de explosión del sabotaje de Nord Stream. Escribe la sección "Un americano en España" en Diario16. Sus artículos han aparecido en Jacobin, El País, La Vanguardia (en castellano y catalán), Discourse, In These Times y The Copperfield Review, entre otros.
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análisis

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Los parlamentarios daneses y suecos, que al principio se dedicaron a hacer sonar sus tambores de guerra y a lanzar acusaciones infundadas sobre el ataque a los gasoductos, de repente guardan silencio. ¿Harán lo mismo el Gobierno y los parlamentarios alemanes?

El tubo A del Nord Stream 2 dañado en la zona económica exclusiva de Suecia filmado por un dron del Baltic Explorer. La imagen es de la expedición EA de mayo de 2023 a los cuatro lugares de la explosión. El autor de este artículo participó en la expedición.  

La semana pasada, Dinamarca se unió a Suecia en el cierre de su investigación sobre las explosiones de septiembre de 2022 que dañaron los gasoductos Nord Stream 1 y 2 que transportaban gas natural ruso a Europa, alegando la falta de “motivos suficientes para proseguir una causa penal”.

El ataque a los gasoductos Nord Stream, valorados en 20.000 millones de dólares, constituye el mayor acto de sabotaje industrial de la historia y el misterio geopolítico más urgente del siglo. En dos ocasiones, en febrero y luego en marzo de 2023, Estados Unidos bloqueó una petición rusa en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas con el fin de establecer una investigación internacional sobre las explosiones. La interrupción del suministro del económico gas ruso representa también un revés económico importante para Alemania, provocando una notable desindustrialización. Tanto el FMI como la OCDE prevén que la economía alemana registrará los peores resultados entre las economías avanzadas por segundo año consecutivo.

Todos y cada uno de los reportajes detallados y serios han implicado a Estados Unidos o a Ucrania en el crimen. Ninguno de los datos obtenidos durante nuestra expedición independiente a los cuatro lugares de las explosiones indica que Rusia pueda ser el autor. La propaganda no disimulada excretada por múltiples “expertos” que aparecen en los programas de noticias de las principales cadenas de televisión y los reportajes “exclusivos” de “investigación” de los medios de noticias dominantes, en los que se lanzan acusaciones sin pruebas contra el Kremlin, no ha conseguido perdurar en absoluto.

Las explosiones submarinas se produjeron en el fondo del Mar Báltico, dentro de las zonas económicas exclusivas de Suecia y Dinamarca, y las tuberías llegaban a Alemania. Tras la detección de las fugas, Berlín, Estocolmo y Copenhague iniciaron investigaciones criminales por separado.

Suecia cerró su investigación el 7 de febrero, concluyendo que la jurisdicción sueca no era aplicable. Las autoridades suecas declararon que habían compartido material de su investigación con Alemania, que podría utilizarse como prueba en la investigación alemana. 

A pesar de la gravedad de las repercusiones económicas del ataque, de las fuertes repercusiones geopolíticas y de los meticulosos reportajes que detallan explícitamente la culpabilidad estadounidense o ucraniana, Dinamarca y Suecia han eludido su responsabilidad de revelar quién está detrás del sabotaje. Los dos países han esquivado cualquier sentido de responsabilidad pública, emitiendo comunicados de prensa por separado tras sus investigaciones de 16 meses de duración. 

Los dos comunicados de prensa tenían aproximadamente 150 y 220 palabras, respectivamente. Ambos mostraban hostilidad hacia la transparencia en el Gobierno, la sociedad abierta y la prensa libre. El comunicado danés, en concreto, advertía de forma inquietante que “la policía de Copenhague no puede hacer más comentarios y no estará disponible para entrevistas sobre la investigación”.

Los funcionarios daneses y suecos se jactaron de sus investigaciones “complejas y exhaustivas” (Dinamarca) y “sistemáticas y minuciosas” (Suecia). Sin embargo, sus conclusiones públicas no eran más que una opacidad deliberada más propia del Ministerio de la Verdad de “1984” que de las democracias occidentales modernas.

Los comunicados admiten de forma escalofriante que toda la información adicional estará bajo el dominio secreto de los impenetrables muros de los servicios secretos de cada nación. “Cualquier cooperación adicional que pueda ser necesaria en este asunto no se producirá como parte de una investigación formal, sino en el marco del trabajo operativo en curso del Servicio de Seguridad sueco”, reza el comunicado de Suecia. Mientras tanto, al final del comunicado danés se lee: “El PET [Servicio Danés de Seguridad e Inteligencia] continúa siguiendo la evolución del panorama de amenazas e inicia, junto con otras autoridades pertinentes, las medidas que se consideran necesarias para proteger las infraestructuras críticas de Dinamarca”.

Para el Dr. Ralf Stegner, miembro de los socialdemócratas de centro-izquierda en el Gobierno alemán y presidente de la Comisión de Investigación y de la Subcomisión de Desarme, Control de Armamentos y No Proliferación del Bundestag, el secretismo es injustificable. «No entiendo por qué aún no tenemos pruebas», me dijo. «No puedo imaginar ningún suceso comparable, en el que meses después, todavía no se sepa nada».

«Mantener esto en secreto, desde un punto de vista democrático, no es una situación deseable, porque en una democracia es difícil argumentar que hay cosas que nadie debería saber», añadió Stegner.

Desde los primeros meses posteriores al atentado, el secretismo y el silencio han reinado también en el Parlamento sueco, el Riksdag. Descubrir quién es el responsable del mayor acto de terrorismo industrial de la historia ha sido evadido rotundamente por los diputados suecos y los miembros del Gobierno de coalición. En el momento de escribir estas líneas, ni un solo diputado sueco o miembro de la administración ha pedido más detalles a los investigadores suecos tras la publicación de su orwelliano comunicado de prensa, y mucho menos ha hecho ningún intento de debate serio en el Riksdag.

La deliberada evasión del Gobierno y los diputados suecos no sólo constituye una descarada dejación de funciones, sino que también pone al descubierto las prisiones ideológicas en las que habitan sus convicciones geopolíticas. En los meses inmediatamente posteriores al sabotaje, parlamentarios de todo el espectro político expresaron su grave preocupación sobre cómo defender mejor las infraestructuras críticas europeas, y casi todas sus declaraciones se produjeron en el contexto de culpar erróneamente a Rusia.

El sabotaje del Nord Stream es «una preocupación para toda la UE, pero por supuesto especialmente para Suecia, Dinamarca y Alemania […] y es importante y bueno que se reúnan datos para aclarar quién está detrás del ataque», dijo Andreas Norlén, Presidente del Riksdag, en octubre de 2022. «Sin embargo, también tenemos que aprender lecciones para el futuro y ver cómo podemos reforzar la resistencia de la UE frente a ataques híbridos y amenazas complejas a la seguridad».

En diciembre de 2022, Malin Björk, del Partido del Centro de Suecia, dijo: «Es una acción que en sí misma había encajado bien como método de la guerra híbrida rusa para alcanzar ventajas estratégicas frente a Europa en el sector energético».

Del mismo modo, poco después del atentado, las declaraciones de diputados suecos de partidos tanto de izquierdas como de derechas parecían indicar que sabían que Rusia había cometido el crimen. «Nos lo recordaron hace unas semanas cuando volaron Nord Stream», dijo Thomas Morell, de los Demócratas Suecos. «Los vehículos rusos que circulan libremente por Suecia pueden preparar ataques, por ejemplo, contra nuestra infraestructura eléctrica».

Pero a medida que la inocencia de Rusia quedaba más evidente, el interés de los políticos suecos por los “datos para aclarar quién está detrás del ataque” y sus afirmaciones sin fundamento en el Riksdag se fueron apagando, degenerando en vagas observaciones, como que la «fuga del Nord Stream afectó muy negativamente a las emisiones, así que tenemos que asegurarnos de que fue algo puntual».

Los investigadores daneses y el Gobierno danés dieron igualmente rienda suelta a una confidencialidad descarada. Ni un solo parlamentario danés ni un solo miembro del Gobierno ha solicitado públicamente información sobre los no hallazgos de la investigación danesa tras el escueto comunicado de prensa de la semana pasada. De hecho, desde el 11 de agosto de 2023, ningún parlamentario ha solicitado siquiera una actualización del estado de la investigación. La fingida seriedad de esta única pregunta, dirigida al ministro de Justicia danés, queda ilustrada por su descuidada omisión del Nord Stream 1: “¿Puede el ministro indicar cuál es la situación de la investigación sobre quién estuvo detrás del sabotaje del Nord Stream 2?”.  

La respuesta oficial a esa única pregunta llegó el 7 de septiembre de 2023, y equivalía a un burdo doble discurso:

Con el fin de responder a la pregunta, el Ministerio de Justicia ha obtenido una declaración de la Policía Nacional, en la que se afirma lo siguiente: A efectos de la respuesta, la Policía Nacional ha obtenido una declaración de la Policía de Copenhague. En esta ocasión, la Policía de Copenhague puede afirmar que la Policía de Copenhague y el PET crearon en otoño de 2022 un grupo conjunto de investigación con el fin de gestionar la investigación de los incidentes que provocaron grandes daños a Nord Stream 1 y 2 en el Mar Báltico. Los incidentes se siguen investigando y existe una estrecha cooperación con las autoridades pertinentes. Por el momento no es posible indicar cuándo se espera que concluya la investigación. La Policía Nacional puede confiar en la opinión de la Policía de Copenhague.

Al igual que la retórica exagerada de sus homólogos suecos, las afirmaciones inicialmente seguras de los diputados daneses, y del Gobierno acusando a Rusia, se convirtieron en vagas preocupaciones sobre la «protección del medio ambiente» o en tópicos desganados sobre cómo «es bueno ver que la cooperación de emergencia se está reforzando ahora».

«No recuerdo una situación tan grave como en la que nos encontramos ahora. El mundo se ha convertido en un lugar más peligroso, y nos lo recordaron […] cuando varias explosiones impactaron en Nord Stream 1 y 2», dijo Pia Olsen Dyhr, presidenta del Partido Socialista Popular Danés, en octubre de 2022. «Los ciudadanos tienen la legítima expectativa de que nosotros, 179 diputados del Parlamento danés, haremos todo lo posible por encontrar soluciones que saquen a Dinamarca y a los daneses bastante indemnes de la perfecta tormenta de miseria, tan solo algo indemnes».

La presidenta Olsen se preguntó: «¿Veremos más en la misma línea que las explosiones en los gasoductos de la semana pasada? ¿Nos arriesgamos a una campaña electoral en la que potencias extranjeras intenten influir en nuestro proceso democrático? En realidad es probable».

La presidenta Olsen aún no ha preguntado públicamente por el atentado ni ha aportado pruebas de la intromisión rusa en las elecciones danesas. (Me puse en contacto con la presidenta Olsen, pero no ofreció ningún comentario).

Para Dinamarca, Suecia y Alemania, sería mortificante admitir que el autor es Estados Unidos o Ucrania, o ambos actuando de forma conjunta. El apoyo de los tres países a Ucrania en la guerra no ha flaqueado. Cada uno de ellos ha proporcionado miles de millones de dólares en armas, mientras que Estados Unidos es su supuesto defensor contra la percibida agresión rusa. Y, tras décadas de acalorado debate, Suecia se convertirá en el más reciente miembro de la OTAN.

Dinamarca, miembro fundador de la OTAN, ha sido cómplice de los crímenes de guerra de la alianza, además de ayudar a encubrirlos. El historial documentado de militarismo agresivo y crímenes de guerra de la OTAN ha puesto en ridículo sus pretensiones de “alianza defensiva”. Dinamarca también fue cómplice de la infame “coalición de la voluntad” que puso en marcha ilegalmente la guerra de Irak de 2003 basada en unas armas de destrucción masiva (ADM) ilusorias, un baño de sangre en el que las bajas estimadas por los combates oscilan entre 151.000 y 300.000 y 600.000 personas, según este reportaje de 2023.

Suecia y Alemania, por el contrario, al menos han proporcionado a la opinión pública pequeñas pistas sobre quién no es el autor del atentado. Tras su declaración de que no era “lógico” que Rusia estuviera detrás del sabotaje, Mats Ljungqvist, fiscal jefe que dirige la investigación sueca, dijo que el reportaje sobre los movimientos de barcos rusos “no era información nueva para nosotros”. Haciéndose eco de la valoración sueca, se comunicó que los investigadores alemanes afirmaron que las posiciones de los barcos rusos “han sido cartografiadas y la conclusión debe ser que no han estado en un lugar en el que pudieran haber llevado a cabo la acción”.

No obstante, a quienes siguen la historia del sabotaje del gasoducto Nord Stream no les sorprende que Suecia, en particular, se niegue a desenmascarar al autor: El comunicado de prensa sueco dice que la “investigación se abrió para examinar si el sabotaje tenía como objetivo Suecia y, por tanto, amenazaba la seguridad del país”. Este alcance increíblemente limitado de la investigación coincide con lo que Ljungqvist declaró ya el pasado mes de mayo, afirmando que el objetivo era “averiguar si Suecia o la infraestructura sueca han sido utilizadas para el ataque”.

A pesar de la presión geopolítica y de la certidumbre de la vergüenza de reconocer que su economía ha sido masacrada por un acto de terrorismo perpetrado por un aliado, puede haber, sin embargo, razones para creer que Alemania (ahora el único país con una investigación aún abierta) posiblemente defenderá sus intereses. Por un lado, a diferencia de sus homólogos en Suecia y Dinamarca, los diputados alemanes han sido coherentes a la hora de presionar al Gobierno para que resuelva el crimen. En el Bundestag, desde los primeros días que siguieron al atentado hasta hoy, se han formulado preguntas precisas e insistentes a la administración alemana y a los investigadores.

En segundo lugar, Alemania (quizás después de Rusia) es, con diferencia, el país que más dificultades económicas ha sufrido como consecuencia del sabotaje. Eso no ha impedido que algunos analistas argumenten que entre las causas de los males económicos de Alemania está su decisión en abril de 2023 de cerrar sus tres últimas centrales nucleares. Pero este argumento se desmorona bajo el escrutinio: El suministro potencial de energía de los gasoductos Nord Stream equivalía a nada menos que 73 reactores nucleares. Sólo Nord Stream 1 suministró a Alemania hasta 59.000 millones de metros cúbicos de gas natural al año. Ese volumen representa nada menos que el 66% del consumo de gas del país y el 42% de su suministro. Así que sería justicia poética que Alemania optara por defender su soberanía revelando quién está detrás del ataque.

En tercer lugar, no hace mucho, Alemania demostró que tenía agallas para resistir al imperialismo estadounidense. En 2013, la entonces canciller alemana, Angela Merkel, reprendió públicamente a la Administración de Obama tras recibir información de que la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos había pinchado su teléfono. Berlín calificó el espionaje de “completamente inaceptable”. La Administración Obama, notablemente avergonzada, mintió en un primer momento, negando las intervenciones. Pero revelaciones posteriores ofrecieron pruebas, obligando a Obama a disculparse ante la canciller. Y quizá el caso más notable de independencia alemana del militarismo estadounidense fue cuando se opuso a la invasión ilegal de Irak en 2003, liderada por Estados Unidos.

En cuarto lugar, un portavoz alemán afirmó la semana pasada que el Gobierno sigue “muy interesado” en resolver el crimen. Cabe señalar, no obstante, que los Gobiernos casi nunca merecen que se les tome la palabra.

Quinto, Alemania es una de las naciones más poderosas de la Tierra. Con una población aproximadamente cinco veces mayor que la de Dinamarca y Suecia juntas, y un PIB que empequeñece el de sus vecinos del norte, Alemania tiene una influencia significativa.

Alemania es ahora el único país al que se le ha confiado el deber democrático de resolver el acto de sabotaje industrial más grave de la historia y el misterio geopolítico más urgente de los tiempos modernos. Por desgracia, tanto Suecia como Dinamarca ya se han encogido de miedo, ocultando la verdad a la opinión pública. En el momento de escribir estas líneas, el titular de la página web oficial del Parlamento danés era “El Parlamento danés asesorará al Parlamento ucraniano sobre democracia”. Más irónico imposible.

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3 COMENTARIOS

  1. Hace menos de dos años saltó la noticia de que nueve mujeres fueran drogadas en una fiesta a la que asistió Olaf Scholz. No hubo dimisión ni mayor cobertura mediática, pero este asunto se me antoja transcendente para predecir el futuro.

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