El Banco de España recupera billetes calcinados por los incendios

El gesto revela una realidad más profunda: la fragilidad de quienes lo han perdido todo y el abandono de las zonas más castigadas por el fuego

29 de Agosto de 2025
Actualizado a la 13:52h
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El Banco de España recupera billetes calcinados por los incendios

Tras cada incendio hay pérdidas que no se cuantifican en hectáreas ni en datos meteorológicos. Hay vidas truncadas, casas reducidas a escombros y billetes ennegrecidos por las llamas. El Banco de España ha abierto un canal para recuperar parte de ese dinero calcinado. Pero la verdadera pregunta es: ¿por qué sigue habiendo tantas personas que guardan sus ahorros bajo el colchón?

La trastienda del efectivo quemado

Cada año, el Banco de España recibe más de cinco millones de euros en billetes deteriorados. Muchos llegan por accidente. Otros, como los de este verano, son el rastro tangible del drama que han dejado los incendios forestales. Billetes chamuscados, deformados, encogidos por el calor, pero aún reconocibles gracias al minucioso trabajo de los laboratorios del banco central.

Para canjearlos, el procedimiento es riguroso: más del 50% del billete debe estar intacto, y en caso de incendio, se requiere un informe de bomberos o policía. La institución insiste en que la destrucción debe ser involuntaria. Si hay sospecha de manipulación o deterioro intencionado, el billete queda fuera de circulación.

La jefa del laboratorio de análisis de efectivo lo explicaba esta semana: “Nos llegan fajos quemados que son todo lo que esa persona tenía”. A veces, el equivalente a un año de trabajo en la economía sumergida, en empleos precarios o simplemente en efectivo ahorrado por miedo o exclusión financiera. Porque no todos confían en los bancos. Y no todos pueden permitirse hacerlo.

El fuego arrasa también con la seguridad económica

Detrás de cada billete calcinado hay una historia que no siempre se cuenta. Muchas pertenecen a zonas rurales mal conectadas, olvidadas por la banca y por las instituciones. Otras hablan de trabajadores sin contrato, de personas mayores que nunca usaron una tarjeta o de familias migrantes que temen al sistema más que al fuego.

Los incendios no solo destruyen árboles, destruyen certezas. Y cuando el Estado falla en la prevención, la gestión y la respuesta, la única ayuda visible es la que llega con cita previa y condiciones. Mientras tanto, las empresas contratadas para luchar contra las llamas acumulan beneficios y los presupuestos de prevención siguen congelados o privatizados.

Que el Banco de España actúe es un gesto necesario, pero no suficiente. Porque el verdadero problema no es que el dinero arda, sino que demasiada gente siga dependiendo del colchón como única caja fuerte. El dinero se recupera. La confianza en lo público, no siempre.

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