Más de medio siglo después de haber sobrevivido a la Polio, quienes fueron niños durante las epidemias siguen esperando justicia. A día de hoy, el Síndrome Post Polio (SPP) deteriora lenta pero inexorablemente su salud, mientras las instituciones permanecen en silencio. Reclaman atención médica digna, rehabilitación continua y un compromiso firme del Estado.
Desde hace 65 años, los llamados niños de la Polio han soportado no solo las secuelas físicas de una enfermedad devastadora, sino también el abandono sistemático de las instituciones públicas. La Poliomielitis, una enfermedad viral que arrasó en España durante décadas del siglo pasado, dejó a miles de personas con discapacidades severas. Hoy, muchos de ellos enfrentan un nuevo y silencioso enemigo: el Síndrome Post Polio, una afección neuromuscular crónica que aparece décadas después de la infección inicial.
Fatiga extrema, debilidad muscular progresiva, dolor crónico, problemas respiratorios y dificultades para tragar son solo algunos de los síntomas que padecen. Estos no son síntomas aislados, sino una consecuencia directa del esfuerzo desmesurado que su cuerpo ha soportado durante años para compensar la destrucción de neuronas motoras causada por la Polio. Con el tiempo, las neuronas sobrevivientes también colapsan, y el cuerpo, sencillamente, deja de resistir.
A pesar de ello, en España no existe un censo oficial de afectados. El único registro abarca del año 2018 al 2023 y sigue siendo insuficiente para comprender la dimensión real de este problema. La estimación médica indica que hasta el 60% de las personas que padecieron Polio podrían desarrollar SPP, pero la falta de datos, de recursos y de voluntad política impide actuar con eficacia.
La atención sanitaria actual es claramente deficiente: solo se les conceden diez días al año de rehabilitación, una cifra insultante frente a las necesidades reales. No hay acceso a fisioterapia especializada ni a tratamiento psicológico, y las terapias disponibles —cuando las hay— son mínimas o inadecuadas. Las personas afectadas denuncian que la investigación sobre el SPP está prácticamente paralizada, lo que impide avanzar hacia soluciones reales.
“Estamos muriendo en silencio”, afirman los afectados. Su llamamiento no solo es una denuncia: es una súplica. Reclaman que se abran vías de diálogo con la comunidad médica y las autoridades públicas para diseñar políticas sanitarias que incluyan tratamientos integrales, investigación actualizada, rehabilitación de calidad y asistencia psicológica.
Los supervivientes de la Polio, que han luchado toda su vida por mantener su autonomía, merecen justicia, reparación y una vida digna. No son solo víctimas del pasado. Son ciudadanos del presente que aún esperan ser reconocidos.