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A Propósito de Rita

25 de Noviembre de 2016
Actualizado el 02 de julio de 2024
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ritabarbera
Esta semana nos dejó la que fuera alcaldesa de Valencia y senadora del PP Rita Barbera, una muerte más que se viene así a sumar a las de otros investigados e imputados del Caso Gürtel en esa especie de maldición o conspiración de Catilina que no viene más que a cerrar otra página en la historia política de nuestro país. Barberá se escapa así de un juicio que podría haber vislumbrado su culpabilidad o inocencia en un delito, el de blanqueo de capitales del que ya la sentencia ciudadana y de los medios de comunicación dictó su veredicto antes incluso de la muerte de la política valenciana, e incluso de la resolución de un caso en el que si bien los indicios apuntaban en esta dirección nada estaba decidido.Pero a propósito de la muerte de Rita Barberá son diversos los temas que a modo de reflexión asaltan la conciencia inquieta de alguien como yo en las antípodas de la praxis política de lo que representaba Rita Barberá. Así en primer lugar, no puede uno por menos que sorprenderse de que en este país y tal fruto del hartazgo de la ciudadanía de una clase política como la actual el escarnio público y la condena al político imputado caiga con una celeridad tal que de modo alguno permite la continuación de los procedimientos por los cauces adecuados en pos del cumplimiento de los principios más básicos de nuestro ordenamiento jurídico en lo que a los derechos del imputado o investigado se refiere. Pero junto a esta primera reflexión, una segunda que no puede más que ponerse encima de la mesa , por un lado la evidencia del choque entre dos modelos diferentes de entender la política y las instituciones, de un lado al de aquellos como Podemos que buscan romper con todo y ser irreverentes antes los códigos de conducta básicos que han regido de la vida parlamentaria en nuestro país. Y de otro lado la de quienes herederos de la transición democrática entienden que los cambios y revoluciones por sí solas sólo traen aparejada la inestabilidad hacía un sistema que se ha visto como útil hasta hoy y que si bien necesita de una urgente revisión que asiente los pilares del bienestar , esta se debe hacer desde el consenso con las fuerzas políticas en su conjunto , esas que hacen de nuestro congreso un espacio de pluripartidismo. Este choque entre unos y otros es lo que se evidencio en el minuto de silencio en el que los diputados y diputadas de Podemos decidieron ausentarse en señal de protesta contra lo que entienden como utilización de la cámara de representantes para hacer un homenaje político, no entienden así los miembros del partido morado los códigos más allá de la política práctica que impulsaron a este minuto de silencio y que finalmente termino en un choque entre fuerzas políticas en el cual Rita Barberá estuvo presente de nuevo aun cuando yacía muerta en un hotel a escasos metros de la carrera de San Jerónimo. Preocupante es así observar a mi juicio tanto choque entre quienes forman parte del sistema y los antisistema, si bien no es esto más que la normalidad de un tiempo de cambio y transformación en donde la síntesis de tal choque será el resultado a esperar de este proceso del que ya Hegel nos hablaba en su día y Marx nos repetía hasta la saciedad en ese modelo de pensamiento analítico marxista útil hasta la saciedad hoy más si cabe.Pero con todo y en definitiva, la muerte de Rita Barberá evidencia ante todo el hartazgo de una sociedad cansada de sufrir y de ver la incapacidad de la política actual de responder a sus problemas, una ciudadanía que inundo las redes de mensajes nada gratificantes en ese ideario del subconsciente colectivo en todo Barberá ya había sido condenada. Tal vez habría por lo tanto que repensar hoy tres cuestiones básicas en este país que entre todos construimos , por un lado el por qué del alejamiento de la política de la ciudadanía , en segunda lugar la necesidad de entender que la buena política en mayúsculas es una herramienta útil de transformación y el político un servidor al servicio del pueblo y el tercero hacer valer la presunción de inocencia como un valor supremo de inquebrantable pilares.
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