Federico Relimpio

Guardias médicas: el castillo de naipes

24 de Junio de 2024
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enfermera

Parto de lo ya sabido y debatido: más que un dispositivo asistencial obsoleto, las guardias médicas de 24 horas son peligrosas para el paciente y achicharrantes para el personal. Tan extensa es la documentación como escasa la duda. El asunto se halla, además, en la agenda de un Ministerio de Sanidad del que las buenas intenciones quedan al par de la inoperancia. Su irrelevancia, en suma, en el esquema práctico de la asistencia médica proporcionado por 17 CCAA, cada una de su padre y de su madre.

La peligrosidad de las guardias médicas de 24 horas está en estrecha relación con lo extenuante de las mismas para el personal médico: no hay cabeza ni cuerpo que aguante un destajo a tensión durante un tiempo tan prolongado. Y, por tanto, que no cometa errores de valoración cuando se le acumulan un número de horas. El que les escribe se ha manifestado con frecuencia al respecto, y detecta que hay un cierto acuerdo sobre el particular — no unanimidad, como ya veremos —. Lo difícil viene ahora.

La cuestión ofrece muchos elementos de complejidad. Para empezar, el derecho al descanso semanal. El TS reconoce que el personal médico tiene derecho a descansar durante 36 horas tras una guardia de 24. Si establecemos turnos de 12 horas, tendremos que conciliar la cobertura de las necesidades del servicio, con un número suficiente de horas de descanso ininterrumpidas a lo largo de la semana.

Añadamos ahora la necesidad de conciliar. Quiero decir que si en un determinado servicio tenemos, por ejemplo, un cuarenta por ciento de la plantilla a cargo de niños pequeños, discapacitados o mayores, tendremos una dificultad añadida para planificar el desdoblamiento de turnos.

Tenemos que comentar algo del factor distancia. La realidad de la asistencia médica que dispensa el Sistema Nacional de Salud es que una buena parte se desarrolla en una miríada de puntos considerados hoy «de difícil cobertura». En los últimos tiempos, afortunadamente, el trabajo desempeñado en estos puestos cuenta más para progresar en la carrera profesional y, por tanto, para alcanzar el destino deseado. Claro que habrá que ver cómo queda esta dificilísima ecuación si, en lugar de cuatro guardias de 24 horas al mes en este tipo de puestos, se encuentra uno con ocho guardias de doce horas. Es posible que, para muchos, la cuestión deje de merecer la pena.

Tenemos que considerar cómo queda en este embrollo la guardia localizada. En plata: estás en casa al teléfono, y vienes solo si eres necesario. Claro que, con la diversidad de situaciones asistenciales, puede que tú seas el único disponible y que, por tanto, se te ponga en «guardia localizada permanente». Y que, además, tu comparecencia física sea más necesaria de lo previsto inicialmente. ¿También eso queda afectado por los turnos de doce horas?

Por último y sin menos importancia: el asunto monetario. Es muy espinoso; disculpen que no profundice en ello. Lo voy a dejar en esquema: la actividad asistencial reglada (horario habitual de lunes a viernes, de 8 a 15 horas) está regida por una serie de rigideces funcionariales y retribuida de forma manifiestamente insuficiente para la responsabilidad del cometido. Conscientes del problema, las diversas administraciones han intentado compensar los salarios a través de una serie de complementos variopintos. Uno de los más importantes, sin lugar a duda, es el concepto de guardias médicas.

A la hora de reorganizar las guardias, el Ministerio (¿puede hacerlo?) deberá tener en cuenta lo que ello significa en la remuneración de una profesión sometida a agravios comparativos entre CCAA y, peor aun, con buena parte de la UE. Por tanto, si ya la asistencia médica viene siendo precaria por la jubilación en masa de profesionales, no agravemos la situación con medidas que favorezcan el traslado de una comunidad a la otra, o la emigración al extranjero.

Lo dejo con un último aspecto: las guardias médicas son el epítome de la heterogeneidad de las situaciones profesionales alcanzada en el Sistema Nacional de Salud con el desarrollo del título VIII de la CE, e incluso dentro de una misma comunidad. En el momento actual, nuestro equilibrio asistencial es precario e insatisfactorio. Y, como es sabido, las expectativas demográficas (tanto de la población atendida y como de la plantilla profesional) son todo menos halagüeñas.

Las guardias médicas no son sino el naipe más visible de un castillo asistencial obsoleto. Toca las guardias con dos disposiciones mal planeadas, y tendrás consecuencias insospechadas.

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