La conjura de los barones contra Sánchez va tomando cuerpo

01 de Diciembre de 2022
Actualizado el 02 de julio de 2024
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Javier Lambán y Pedro Sánchez en una imagen de archivo. Foto: PSOE Aragón.

Los barones del PSOE siguen intrigando contra Pedro Sánchez. Ayer, el presidente del Gobierno de Aragón, Javier Lambán, aseguró que “mejor le hubiera ido a este país” si el líder asturiano, Javier Fernández, hubiera sido el secretario general socialista en lugar del actual inquilino de Moncloa. El hombre se encontraba en la clausura de una mesa redonda sobre el Estado de las autonomías y lo soltó así, a degüello, sin filtro y sin reparar en las consecuencias de tan graves afirmaciones. No dijo que a él le guste más otro perfil de dirigente, ni que añore tanto el pasado que no concibe a otro que no sea Felipe González para llevar las riendas del partido. Vino a sugerir, sin cortarse un pelo, que Sánchez está siendo un lastre para este país. Definitivamente, Lambán debería pedir ya la baja en el PSOE y solicitar el ingreso inmediato en el PP (aunque visto el tono empleado, quizá mejor en Vox).

No es el único barón que parece odiar al jefe de una forma visceral y con profundo rencor. Hay otros, cuyos nombres están en la mente de todos, que no ven el momento de deponer al premier socialista y enviarlo de nuevo al vertedero de la historia. Si son ellos los que se retroalimentan en una inquina que avergüenza al PSOE y no hace más que darle puntos al Partido Popular o están coordinados por algún nostálgico felipista en la sombra se desconoce a esta hora. Pero lo cierto es que en Ferraz se escuchan ruidos de sable cada vez más fuertes, un golpismo a la socialista, con puños y rosas, que no acabó con la victoria sanchista en aquellas históricas primarias frente a Susana Díaz (un proceso electoral que a Lambán le sigue pareciendo un “invento maligno donde los haya”). Está claro que el político maño y sus compañeros disidentes no perdonan el primer giro a la izquierda del actual secretario general, sus pactos con Unidas Podemos y algunas reformas que como la del delito de sedición o la malversación les produce urticaria, como a esos patriotas de pandereta que temen que España se rompa en cualquier momento.

Lo de ayer, la lapidaria y cruel frase “mejor le hubiera ido a este país” si Javier Fernández hubiera asumido la responsabilidad de gobernar, espeluzna, estremece y da el exacto nivel de animadversión que algunos le tienen al presidente del Gobierno. Tal afirmación podría haber sido rubricada sin problemas por el propio Feijóo, por Cuca Gamarra o por cualquier otro preboste popular en una de esas sesiones de control parlamentarias en las que se vuelca toda la bilis contra el hombre que dirige los destinos de la nación. El gobernante aragonés dio más pistas sobre el malestar de algunos barones al asegurar que aquel triste Comité Federal del 1 de octubre de 2016 fue “un aquelarre” en el que “no se planteaba una disyuntiva meramente nominal, sino dos maneras distintas de entender la manera de gobernar España, las alianzas políticas”. Para Lambán, Fernández lideraba una opción y Pedro Sánchez otra, ya que el hoy presidente español “entendía que era admisible la asociación para gobernar con nacionalistas e independentistas”. Ahí le echaron las cruces y le juraron conspiración y odio eterno.

Hará bien el canciller socialista en mirar a sus espaldas cuando entre y salga de Ferraz, porque otro octubre negro parece estar gestándose de nuevo. Siempre se ha sabido que al vecino de Moncloa le tienen ganas algunos de los suyos. Las chinitas que le tiran de cuando en cuando, a cuenta de determinados temas espinosos, no deben hacerle ninguna gracia al jefe del Ejecutivo de coalición. Pero ese aviso a navegantes de Lambán, esa advertencia tan directa y descarnada, da lugar a pensar que el malestar entre los barones es tan acentuado y profundo, les sale ya tan de dentro del propio ser que quizás se estén planteando dar el paso, pasar a la acción, deponerlo, romper el pacto con los podemitas y entregarse definitivamente a una gran coalición o Gobierno de concentración nacional con el PP, que es lo que les viene pidiendo el cuerpo desde hace tiempo. El propio Lambán dio las pistas determinantes durante la mesa redonda de ayer: “Cuando alguien dice que los pactos de PP y PSOE con altura de miras son imposibles, olvidan que fue perfectamente posible en esa investidura y que eso abrió un abanico de posibilidades con Javier [Fernández] de presidente de la gestora que pudo haber dado lugar a dinámicas bien interesantes”.

Está claro que Lambán y su grupo de disidentes antisanchistas babean con la idea de cortar ya, cuanto antes, toda relación con ERC, con Rufián, con Bildu y con el mundo morado. Les importa un rábano la estabilidad y gobernación del país, si los Presupuestos salen adelante o no, si nos vemos abocados a elecciones anticipadas o las reformas necesarias que puedan acometerse en clave socialista de aquí al final de la legislatura. Lo único que les preocupa es quitarse de en medio a los independentistas y a la izquierda real, conservar sus baronías de toda la vida, de modo que ya hablan con ese lenguaje africanista amenazante de la derecha cavernícola que considera al presidente un traidor y un lastre para la madre patria. “Esas primarias las ganó, de manera abrumadora y legítima, Pedro Sánchez y, aceptando aquella votación, al menos en esa parte política del partido me siento en minoría, pero es algo que en la historia del PSOE ha pasado en muchas ocasiones y es algo que conllevo con la mayor dignidad posible”, dijo deseando sinceramente que Ciudadanos se recupere del estado terminal en el que se encuentra. El Lambán más visceral y antisanchista había emergido en un calentón de apenas un minuto (se conoce que no podía callarse por más tiempo lo que llevaba dentro), pero enseguida cayó en la cuenta de que había atravesado alguna que otra línea roja y corrió a Twitter para matizar que aunque él puede “discrepar en algunas cosas” con el presidente del Gobierno, cuenta con toda su “lealtad y apoyo”. Ya, ya… Pero con la faca preparada.

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