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Salviejo nos lleva por las nebulosas de la memoria

Santiago Aparicio
Santiago Aparicio
Doctor en Ciencias Políticas y Sociología. Contador de realidades. Guitarrista de rock en mis tiempos libres. Y cazador de doxósofos.
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análisis

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Últimamente el editor de MAR Editor tiene la fortuna de enviar a la prensa las segundas ediciones de sus autores. Esto indica ya que la primera se ha agotado con las peticiones de los lectores fieles de un autor o por las expectativas generadas sobre la obra. En este caso, pues se desconocen los factores intervinientes, cabe suponer que ha sido producto de la forma de escribir del autor. Una forma que ha maravillado a los lectores anteriores de su obra Chankoro.

Jesús Salviejo se ha atrevido en esta ocasión en una revisión completa de su opera prima, un atrevimiento que podía salir mal pues los lectores ya hacen sus elucubraciones en las tramas, ponen fisonomía a los protagonistas o imaginan algún final alternativo, y ello podría afectar a una lectura de la revisión. Si no concuerda con lo imaginado puede haber decepción o puede haber sorpresa por la forma en que el propio autor ha decidido cambiar aspectos de la trama y la finalización de la misma. En el desván de las caracolas es la completa reescritura de No sorprende la lluvia (2009) y parece que ha sido para bien.

La novela versa sobre la memoria, los recuerdos, el pasado como determinante del presente mediante dos historias que se van entrelazando para acabar fusionándose en un final sorprendente. Un escritor exiliado de España que vive en La Habana decide escribir sus memorias. Un texto que servirá a un amigo a conocer mejor quién es en realidad esa persona que tomó el nombre de otra en una situación de vida o muerte. Un personaje poliédrico que esconde tras de sí una serie de vivencias duras, un misterioso crimen que le separó de una mujer con la que se encontrará en un hospital de Valladolid muchos años después y una resolución de todo ello que no es la esperada por al evolución de la trama.

Durante la novela hay efluvios, ahora que se cumple el centenario de su nacimiento, de Jorge Semprún. La dura vida por la supervivencia en los campos de concentración que narra en sus memorias, para lo cual autor y editor se valen del cambio de tipo de letra; el constante peso de la memoria; el personaje que no es tal mediante un cambio de identidad (Federico Sánchez); o el propio exilio de la persona, tanto físico como mental. El argumento y la trama son desarrollados con una narración muy cinematográfica (oficio del autor). Presentación poco a poco de los personajes. Numerosos flashbacks. Capítulos cortos donde se narra con rapidez una escena, combinado con capítulos un poco más largos donde tiene cabida el recuerdo (las memorias).

Una muy interesante novela que debería estar en las bibliotecas públicas españolas (por aprovechar la última polémica) o, cuando menos, en aquellos estantes de las personas que gustan del juego memoria-actualidad. Se puede adivinar tras leer el texto de poco más de 500 páginas, que la primera edición se agotó por el buen hacer del escritor vallisoletano.

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