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Si el PSOE fuese democrático y no una plataforma personal

Santiago Aparicio
Santiago Aparicio
Doctor en Ciencias Políticas y Sociología. Contador de realidades. Guitarrista de rock en mis tiempos libres. Y cazador de doxósofos.
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análisis

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Alguno tras las palabras del secretario general del PSOE del lunes habrá pensado «¡Calladito estarías más guapo!». Más allá de la hermosura —el interfecto pensará que más guapo ya no se puede ser y que su cara ya no aguanta más maquillaje (sí, va maquillado en las apariciones públicas)—, la verdad es que lo que le pasa al PSOE es culpa únicamente de Pedro Sánchez (y su corte de palmeros). Si no hay dirigentes que atraigan más voto es porque él lo ha venido impidiendo región tras región. Ha ido colocando lo más mediocre que ha encontrado en el partido para que nadie le pudiese hacer sombra y, más importante, nadie tuviese la más mínima posibilidad de enfrentársele y sucederle.

Ha aprendido perfectamente, sin haberlo leído en su vida, lo que motivó a Lenin, que todo el partido se plegase a sus deseos y estrategias (véase el recién reeditado libro de Hélène Carrére d’Encausse, Lenin, Espasa). También aprendió que el partido se renueva purgándose y no ha dudado en llevarse por delante a cualquiera que le criticase, aunque fuese por lo bajini, salvo con el que no ha podido. En cuanto alguien no le acaba cuadrando, a la calle. A José Ramón Gómez Besteiro lo puso él descabalgando a Gonzalo Caballero y sin primarias de ningún tipo para hacerle candidato. A Ximo Puig le va a sustituir la niña bonita del consejo de ministros (Diana Morant) sin primarias, ni nada. A Juan Espadas, como no se fiaba, le hizo pasar por una primarias contra dos segundones, pero ya le ha nombrado portavoz senatorial sin haber ganado ni a las tabas. La Ejecutiva la ha elegido a su gusto, poniendo y quitando a los molestos, incluso sin necesidad de pasar por el Comité Federal.

Ha hecho un partido a su imagen y semejanza salvo en Castilla-La Mancha (no por falta de ganas) y Cataluña. Ha modificado los estatutos hasta tal punto que puede cambiar, como ha hecho, todas las listas electorales tan solo para colocar a los suyos y que no haya ningún tipo de proceso democrático de elección. De hecho, hasta para elegir los delegados para un simple Congreso se deben hacer una serie de trámites y supuestas primarias tales que es imposible que cualquier militante pueda ejercer su derecho a ser elegido (algo que no ocurría en el viejo PSOE). La URSS tenía más democracia que el PSOE sanchista. De tal forma que se puede decir sin equívocos que ha convertido al partido en una plataforma personalista donde se potencia la mediocridad (ahí están los fracasos en la gestión de los amiguetes colocados en empresas públicas) antes que la capacidad porque lo primero tiende a dar más palmas que lo segundo.

Dentro de esta plataforma personal, el Partido Sanchista, tiene toda la cara del mundo el general secretario de decir que igual hay que buscar liderazgos fuertes y superar la marca PSOE. Comenzando por lo segundo, hablar de un partido político como si fuesen unos calzoncillos, una bebida o una bolsa de patatas señala que la mente de quien lo dirige es de CEO no de líder político. Pensar que un partido socialista es meramente una marca y carece de estrategias, posicionamientos ideológicos y una ética es trabajar bajo parámetros de plataforma personal (como En marché de Emmanuel Macron). Y si tienes una plataforma de ese estilo no hay cabida a más dirigentes capaces, a una efectiva circulación de las élites, a un posicionamiento generado por las cabezas más brillantes… No. Lo que hay es mediocridad porque así se esconde la propia mediocridad de quien dirige y sus palmeros.

Más allá de que en una organización es complicado que coexistan varios lideres de verdad (salvo que exista un liderazgo colectivo), sí pueden existir diferentes dirigentes políticos con capacidades diversas y aptitudes para las diversas funciones de todo el partido. Eso lo tuvo el PSOE hasta que los mediocres pero muy buenos en lo aparatil se hicieron con el poder. El primero fue José Luis Rodríguez Zapatero, quien destruyó la base ideológica del partido para entregarse a las lesbianas con pene, los vientres de alquiler y todo lo que la posmoidiotez ha vendido a escala mundial. Por cierto, mucho hablar de amistad y sonrisas en los mítines pero bien que eliminó todo lo que pudo a la oposición ideológica colocando a palmeros. Sánchez entre ellos.

Ahora Sánchez ha destruido lo que de democrático tenía el PSOE. En consecuencia, todo lo que viene sucediendo no es por la carencia de dirigentes capaces de captar la atención de la ciudadanía, sino por la persistente presencia de sus palmeros y el miedo perpetuo a que le hagan sombra o le superen en discurso —pues Sánchez carece del mismo. Sin democracia interna ¿cómo saber quién es mejor o peor? Sin democracia interna solo destacan los pelotas, los arrastrados, los lameculos y todos aquellos que garantizan al cacique de turno un cupo. Sánchez ha construido un partido de caciques palmeros y obtiene lo que obtiene. Si cree que el partido tiene un problema con las dirigencias regionales que se mire a él primero.

Tampoco puede Emiliano García-Page hablar muy alto. Sí, el PSOE debe reflexionar no solo en términos extrínsecos sino intrínsecos. Para ello sería bueno que las Agrupaciones locales comenzasen a funcionar como algo más que un lugar donde acudir de vez en cuando a dar palmas o votar lo que ya ha sido decidido, incluyendo en Castilla-La Mancha. Page también tiene muchos palmeros y en algunas provincias están esperando algún tipo de debate sobre las pérdidas de diputaciones provinciales y ciertos ascensos de algunos mediocres. Por otro lado, sí tiene razón en que la deriva que ha tomado Sánchez es peligrosa para todo el partido.

Marisú Montero, otra que tiene las manos llenas de callos de tanto aplaudir, no entiende que se alegre Page. Lo primero es que Page no se ha alegrado de la victoria del PP sino de que no haya ganado Carles Puigdemont. Posiblemente tenga problemas cognitivos la vicepresidenta y no haya entendido la estrategia de su propio partido con Sánchez dejándose querer por el BNG de tal forma que el PSdeG era un mero complemento de aquellos. Y todo para poder legitimar de alguna forma la Amnistía que devolvería la tranquilidad a Cataluña. Una gran farsa porque Junts y ERC ya han mostrado que están dispuestos a presentar una declaración unilateral de independencia en el parlamento catalán.

Le ha ido bien a Marisú haciendo la pelota a diestro y siniestro, así no ha tenido que ejercer la medicina en su vida, pero mejor que no intente hacer política si lo que propone es “¡unidad, unidad, unidad!”. O lo que es lo mismo, callarse y tragar con todo lo que diga su sanchidad. Miren lo que está pasando con Juan Lobato en Madrid. A poco que ha asomado la cabeza para debatir y proponer algo que se separe de los mandamientos sanchistas, le han enviado al simanquismo inilustrado a moverle la silla. Hubo un tiempo, aunque no lo sepa Marisú, en que en el PSOE había debate, democracia y se ganaban las elecciones. Porque cabe recordar que Sánchez, ganar, lo que se dice ganar, una, con una derecha dividida y con candidatos incapaces (Rivera y Casado). Y esa una con resultados peores que Joaquín Almunia. Igual el camino interno debe ser otro para que florezca algo hacia el exterior. Igual ¡eh!

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